Filmoteca para una crisis, 1 – Le feu follet, de Louis Malle

 

 

La escena central de la película, insuperable Maurice Ronet

Louis Malle me parece uno de los directores más interesantes de los años 60. Quizá el más elegante, el más clásico. Tenía curiosidad por este Le feu follet, conocía el título pero nada del argumento. La película resulta ser de las que ganan con el tiempo, porque los elementos de época –en especial la ambientación de la década, es decir, el contraste entre los escenarios burgueses y los bares y cafés de Saint Germain– suponen un significado añadido al argumento.

Basada en una novela de Drieu de la Rochelle, uno de los escritores colaboracionistas con el gobierno de Pétain, que se dio muerte al tener noticia de que se había dictado orden de arresto contra él tras la Liberación– relata los dos días previos al suicidio de un hombre, Alain Leroy, 30 años, de extracción burguesa, que ha tenido su experiencia militar, alcohólico en fase de desintoxicación. El papel lo interpreta Maurice Ronet, uno de los guapos de la época –con una presencia menos torturada, se lo ve en A pleno sol, basada en la novela de Patricia Highsmith, y radiante en La piscina, en las dos tiene a Alain Delon por antagonista–.

Vale la pena decir que la película se aguanta sobre todo por Maurice Ronet, con unos primeros planos impresionantes, sin aspavientos, sin subrayados histéricos transmite el desasosiego de un hombre hundido. Malle habla del desapego vital más que del fracaso, el desapego encuentra su senda para ser fracaso, pero también habla de la enfermedad como lugar seguro. Ahí, se vislumbra que la revolución social de los 60 y 70 era una solución urgente. El patetismo del argumento es una retórica más intensa y más eficaz porque está contrarrestado por las actitudes mundanas, saludables, autoconscientes, del resto de personajes.  Los diálogos son cortos, las frases certeras como piedras que saltan al caminar.

A Malle se le criticó en su momento que trasladara la acción de la novela -que transcurre en el período de entreguerras– a los años sesenta, pero con el paso del tiempo, la sucinta mención a la {feroz} guerra de Argelia, con esos amigos que parecen ser miembros de la OAS, multiplica los ecos de las sucesivas guerras y sugiere la idea de un estado de crisis permanente. El espejismo de la paz duradera oculta que vivimos en una crisis ininterrumpida con picos agudos, como el que arranca en 2008 y hasta hoy.

 La música, que puntúa los momentos de máxima melancolía, es de Erik Satie, las famosas Gymnopédies, que Carlos Saura copió –o exportó– para Cría Cuervos.  En la película española, las notas al piano evocan también el tiempo perdido de una mujer, interpretada por Geraldine Chaplin/Ana Torrent. En este encadenado de referencias, el existencialista suicida –por definirlo drásticamente–, de El fuego fatuo de Louis Malle, marca una cierta filiación con la Ana de Carlos Saura.

Crítica en francés a Le feu follet: aquí

Dudas y vacilaciones del director Louis Malle acerca de la decisión de ofrecer a Maurice Ronet el protagonismo.

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