Révolte dans la mode – ARTE

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Iris Van Herpen – 2017

https://www.arte.tv/fr/videos/071479-000-A/revolte-dans-la-mode/

Entré este año en una tienda Zara y me pareció que toda la ropa estaba por terminar. Por terminar de diseñar, de coser, de definir la forma… Hay que saber costura para poder ponerse una de esas prendas sin que parezca que el viento te ha depositado un trapo encima. Y toda una experta en moda dice prácticamente lo mismo en este documental: que hoy día hay que hacer deporte para tener el cuerpo que dé forma a la ropa cuando siempre había sido la ropa la que daba forma al cuerpo. Fíjate tú.

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Me ha interesado lo que dice del saber compartido la diseñadora Danit Peleg, de Tel Aviv, con vestidos realizados en impresión 3D (evidentemente, no se refiere al corta y pega de páginas e ideas de otros para firmarlas como ideas originales; eso es más de españoles). Fabulosas las creaciones de Iris van Herpen, de Amsterdam, auténticas obras de arte. A veces parece que por fin hemos llegado al siglo XXI.

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Danit Peleg – diseños 3D

Infravalorado / Sobrevalorado: “Saliendo de la estación de Atocha”, de Ben Lerner

Saliendo estación Atocha Ben Lerner

portada de la edición española, con muy buena traducción de Cruz Rodríguez para Mondadori

Llueve con saña, robándonos la lluvia más verano, una tarde más. Llevo desde ayer reprimiendo las ganas de despotricar sobre el tema de doble filo que llevan las noticias recientes: el trabajo de fin de curso de la (ex)ministra de Sanidad con sus tantas páginas plagiadas y el mantra de que su dimisión pretende reparar la injusticia del trato de favor que disfrutó por su condición de joven promesa política.

Y por no envenenarme el día, paso de largo sobre los conceptos “trato de favor” y su simétrico, que sería “trato de desfavor”, para escribir de esta infravalorada primera novela del poeta Ben Lerner, que leí el año pasado y me gustó mucho.

Buscaba en esos días algún título de un autor joven, con ganas de encontrar lo que suele abundar en los textos de escritores por debajo de los treinta años, esa frescura y genialidad natural, ese encanto indeliberado que lleva a decir en la misma página una genialidad y da igual y una burrada y da igual. También buscaba algo del moderno Madrid. Creía que eso es lo que encontraría en Saliendo de la estación de Atocha y, sí, está Madrid y además esa nonchalance del joven adulto que nunca se da pisto, pero tiene además algo que me gustó: su imprevisibilidad y una combinación muy conmovedora de humor hilarante y angustia profunda, de autoirrisión y de fe en la capacidad de la poesía para rescatarlo de un destino de felicidad, sensatez, buena conciencia y equilibrio mental. Todo lo que, pronto queda claro, ha dejado en Estados Unidos y que encarnan sus amorosos padres, los mismos que le han entregado una tarjeta de crédito con una cifra que le permita algunas salidas airosas y a los que “mata” cruelmente para no quedar por debajo del exigente dramatismo español  😀 😀 😀

Todo lo dicho se entiende mejor, claro, si resumo el argumento: un joven norteamericano hijo de la típica clase media acomodada progresista se ha instalado en Madrid para trabajar becado en un proyecto poético. Es el año 2004, cuando Bush Jr. está enzarzado en la guerra de Irak, de modo que él se convierte en una especie de buzón de opiniones del rechazo que los españoles manifestamos contra la política de su país. El chico cree ser algo así como danés o noruego, alguien impecablemente civilizado, y llega aquí con la misma conciencia sin aristas con la que llegaría un danés, convicción de la que los españoles lo bajan ipsofacto. La generosa beca que el autor Lerner también disfrutó es la concedida por una institución de prestigio, la Fundación Guggenheim; conviene saberlo para entender por qué es fundamental para la trama que omita el nombre. Y es que la Guggenheim respalda a talentos confirmados sin que la condición sea la indigencia económica del artista. De hecho, conozco a un escritor americano de familia pudiente, y bien establecido él mismo, que la obtuvo para desarrollar una novela que le requería viajes, pesquisas e investigaciones por Sudamérica, de modo que la beca, al margen del importe, actúa como un aval del artista y el organismo dibuja con los nombres de los becados su particular ideario cultural. Tampoco es baladí el detalle de que hace años dejaran de concederse a artistas de Latinoamérica, a causa de algunas irregularidades que detectaron (según explican  crípticamente en su web).

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“Retrato del joven poeta” para la promoción del libro

La explicación anterior significa que conviene leer la novela manteniendo clara la distancia entre la figura del narrador y protagonista de la del escritor que la firma. De nuevo, las zozobras de la autoficción. El poeta vive contando el dinero, analizando sus excrementos y sus experiencias con las drogas tirando a blandas y conociendo a gente de Madrid y la mentalidad española; está o medio está con una chica y sus poemas los está traduciendo otra con la que mantiene un extraño tira y afloja sentimental. Aunque la parte social de su experiencia está cuajada de momentos descacharrantes en los que interpreta lo que ve según el patrón de lectura inspirado por las películas del Almodóvar –no necesita citarlo para que lo comprendamos– más patafísico, y aunque los contrastes entre sus expectativas y las que albergan sus amistades sobre el tópico del “escritor norteamericano en Madrid” proporcionan momentos muy cómicos –por lo que suele citarse La tesis de Nancy (1962), la graciosa novela del casi siempre serísimo Ramón J. Sender sobre una estudiante norteamericana que cada vez que se lleva a un español a la cama al día siguiente se excusa con un “por lo menos yo no fumo”–, es la parte de introspección y reflexión la que hace de Saliendo de la estación de Atocha una novela que  merece muchos más lectores de los que parece que ha conseguido en español.

Esa parte de reflexión está condensada de manera que me llevó a compartir la opinión de los que la calificaron de “endiabladamente inteligente” en las primeras páginas, donde relata un episodio acaecido en una de sus cotidianas visitas al museo del Prado. Describe unas pinturas, unos rostros, la expresión de congoja en una de esas caras obra de algún pintor antiguo y luego o antes, pero encadenando la imagen pictórica y la de carne, describe a uno de los vigilantes de la sala al que sorprende llorando. Su reacción es llamativa y define lo peculiar del personaje: observa, contempla, elucubra por los motivos del llanto, pero no interviene. El vigilante no es un pobre hombre que ha perdido el control sino un hombre arrebatado por una emoción. Un cuerpo, un volumen vivo que existe en sí mismo. (Como cualquiera de nosotros, y de eso se ocupa la poesía.)

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Brigada Lincoln en la guerra civil española. El mito de los escritores-brigadistas americanos salpica la novela

Cuando habla de su trabajo poético –independientemente de si menciona a los clásicos españoles Lorca, Machado o a algún modernista norteamericano como fuentes de inspiración  o lo que sea–, lo significativo es cómo trabaja los versos, palabra a palabra, de nuevo como volúmenes sonoros en los que el significado no es la determinación sino la resultante de ese juego de volúmenes. Y creo que aquí está la clave del desencuentro con los lectores españoles. Al respecto, conviene ponerse el cinturón de seguridad antes de leer determinadas críticas de blogueros que, en el esplendor de su ignorancia, despreciaron este libro con los consabidos ataques a la autoficción como territorio onanista-exhibicionista. Lo peculiar es que una clave fundamental para ubicar al protagonista depende, de hecho, del conocimiento que el lector tenga de las escuelas o corrientes poéticas norteamericanas. No soy una conocedora pero intuí que la referencia había que buscarla en alguna escuela poética lo bastante sólidamente establecida en Estados Unidos para que allá el libro fuese leído con la fluidez que justificara el aluvión de premios que recibió. Busqué en Youtube a Derek Walcott, que en esos días acababa de morir, y, efectivamente, en una entrevista en que discurría sobre sus composiciones poéticas me pareció encontrar un lenguaje similar al de Lerner –sin que eso suponga influencia directa sino lo dicho, una forma de concebir la poesía de forma “material”.

A este ser cómico y angustiado le ocurren cosas, claro, es un no parar quieto: como ser testigo de la respuesta de Madrid al atentado islamista de la estación de Atocha y ello mientras él sufre de amores y de celos y nos cuenta de su esquiva novia, o lo que sea, cerca o con rivales mucho más guapos que él. Está hablando de la “gente guapa” de Madrid. Las manifestaciones multitudinarias que llenaron las calles de España protestando por las mentiras del gobierno Aznar fueron un clamor por los 192 muertos y 1.400 heridos, todos esos cuerpos, indica, que hasta el 11 de marzo de 2004 eran también volúmenes, vivos, materiales.

manifestaciones tras atentado Atocha

manifestación en Madrid contra el atentado de Atocha de marzo de 2004

Las situaciones están conectadas de forma no siempre obvia. Por ejemplo, describe muy bien lo que yo recuerdo de los veinteañeros de hace ya casi quince años, ese estar a todas en lo que se cocía en cultura, aplaudiendo a la estrella del momento, y que muchos andaban estudiando la carrera de moda, comunicación audiovisual, por lo que la figura de Antonioni –no Fellini ni cualquier otro maestro del cine contemporáneo– aparece citada antes de transformar su figura en una suerte de inspiración fantasma de una escena impecablemente angustiosa que ocurre en Barcelona. Por supuesto, la sexualidad del grupo, de la chica, es amistosa, doméstica, frugal, insatisfactoria. Pero no lo dice: rezuma de la novela.

Por si faltara algo, contiene varias reflexiones, algo discutibles, sobre la traducción y el ideal de un paso natural entre mentalidades, poéticas e idiomas distintos.

 

 

Presos “políticos”

Los hay que se ganan a pulso su libertad… y luego están los que tienen al país secuestrado. ¿Quién es el gato dentro de la jaula?

En respuesta a Torra-Collons en La Vanguardia :  Diada 2018:

«Torra admite que no puede abrir las cárceles pero avisa no aceptará condenas»

El caso Pasqual y el hambre del PSC (o a la izquierda de la izquierda están los indios, o algo)

Sebastian flechado - Mantegna autor

Lluís Pasqual, en el trance de decidir que renuncia a liderar la iglesia por él fundada, herido de gravedad por las flechas de la maledicencia

Se está repitiendo de forma machacona estos días, a partir de las palabras de despedida del director Lluís Pasqual, que las redes sociales pueden acabar con la carrera de cualquiera y sobre todo de profesionales y artistas de gran prestigio. No creo ni por un minuto que los “culpables” de su caída sean cuatro nenas más o menos fantasma reunidas bajo el título “Dones i cultura” o mujeres de la cultura o cualquier título que utilice el sustantivo mujeres como parapeto frente a cualquier ataque.

A Weinstein no se lo cargaron ni una ni una docena de mujeres relatando las escenas de vejación sexual y profesional que sufrieron con este judío megalómano. Los datos sobre su modus operandi profesional constaban en el libro de Peter Biskind, que Anagrama publicó con el título Sexo, mentiras y Hollywood nada menos que en 2006, crónica que por lo visto no promocionó tanto como para que los gurús que dictan qué y cómo debe leerse tal o cual título la detectaran y convirtieran en disparadero para el debate. Pero ¿qué digo? ¿debates entre intelectuales españoles? Sigamos… Y no ha sido hasta este año cuando saltó la noticia de que iban a perseguirlo legalmente por sus malos modos profesionales, esos desmanes de matón psicópata que ponen los pelos de punta al lector y alimentan la sospecha de que las acusaciones por abuso sexual son plausibles. Weinstein cayó a partir de los artículos firmados por el periodista Ron Farrow, hijo de Mia Farrow, quien actuó, según él mismo explica y repiten artículos dedicados al caso, con el afán de perjudicar a Woody Allen, su padre-nopadre, algunas de cuyas películas produjo Weinstein cuando el director de Manhattan ya había sido acusado de abusar de su hija pequeña. Mantengo un cierto escepticismo ante esta acusación, aunque entiendo que el dolor que siente y manifiesta la hija de Mia Farrow es auténtico, quizá porque hay una constante entre quienes sí han sufrido abusos –constante que, por desgracia, he tenido ocasión de verificar en niñas y mujeres a lo largo de los años– que es la de minimizar el abuso, taparlo, callarlo, no ir propalándolo ante un público que muchas veces solo va a añadir confusión, al poner en juego sus proyecciones psicológicas, sus fantasmas, vinculados a ese tipo de sucesos. Así que en la caída de Weinstein las acusaciones de un montón de mujeres sirven de apoyo a la causa de Farrow, que escribió desde un diario de prestigio, el New York Times, y no escudado en un pseudónimo a través de redes sociales.

HOY mismo publica El País datos sobre el trauma de un par de niñas violadas por el novio de su madre, que dan fe de lo que digo, incluso en casos mucho menos violentos:

«Meses después de que terminara el horror al que fueron sometidas, un análisis psicológico reveló que la mayor presentaba “ansiedad, rabia contenida, hipervigilancia, desconfianza, preocupación, alteración del sueño, pesadillas, afecto deprimido, inseguridad y miedo a represalias“. Y la menor, preocupación, inseguridad y miedo a represalias. Alteraciones psicológicas que, según las expertas que han declarado en el juicio, son “proporcionadas al relato de los hechos”.»

 

De manera similar en cuanto a quién es el verdadero verdugo ocurre con Lluís Pasqual: perder los estribos en algún momento es natural; convertirlo en una forma de trato habitual con subalternos es diferente. No digo que crea que sus modos fueran despóticos ni que no lo fueran, pues no lo sé pero tampoco me fío de acusaciones anónimas ni de las respuestas a cuestionarios confidenciales si luego se ignora la identidad del denunciante ni puede demostrar que sus afirmaciones son ciertas.  Unos habrán utilizado las acusaciones de la actriz en Facebook para iniciar una “investigación de salud laboral” porque necesitaban una forma de ponerlo en la calle que no dejara opción honrosa a Pasqual.

Porque, a diferencia de Patrice Chereau, Lluís Pasqual tiene el mal gusto demostrado día a día de no estar muerto, que es lo que seguramente convendría a quienes desean matar al padre, recoger la herencia y quedar con la conciencia limpia como una patena. Todo esto ocurre, con más o menos gritos, en un contexto de lucha de los independentistas por hacerse con el poder en todas las plataformas culturales. Y ese es el dato importante, más que la edad. Pues si la edad provecta es motivo de insurrección –también yo creo que hay un tapón generacional en el campo cultural, y que los que se colocaron en los años 80 no solo siguen ahí sino que además tienen la vanidad de nombrar sucesores entre clones suyos, jóvenes que imitan a sus padrinos con tal fidelidad que dan grima–, ¿dónde están los insurrectos de José Luis Gómez en el Teatro de La Abadía? ¡Ay, cierto, que Madrid no quiere independizarse de Madrid!

El ruido que se haga en las redes solo logra derribar a alguien cuando lo estiman conveniente quienes de verdad tienen poder. A Rajoy no lo ha echado del gobierno el juicio que dictaminó que su partido ha estado involucrado en casos gravísimos de corrupción sino el bloqueo al que sometió al resto de grupos con su política autoritaria y mentirosa. Todos los partidos, excepto los creados recientemente, tienen la espalda dura en cuanto a aceptar corruptelas y corruptos; igual que de nada sirve el clamor también expresado en redes reclamando un referéndum sobre la monarquía. El referéndum ¿República o monarquía? se propondrá cuando quienes manejan el cotarro económico y cultural juzguen que el resultado será el que les convenga; entretanto, los raperos deslenguados pueden ir a la cárcel o, como dicen en Valencia, a gambar loros.

Torra Teatre Nacional septiembre 2018

Torra hablando a sus devotos y, a su lado, el fantasma de la libertad

En Cataluña el Parlamento está cerrado y, según cuentan las noticias, Torra, un vivales de mi generación que demuestra lo que llevo tiempo diciendo, que mi generación está compuesta por una peligrosa mayoría de oportunistas y cantamañanas, habló a su público… en el teatro nacional de cataluña –y lo pongo en minúsculas porque el inconsciente me ha traicionado cuando he empezado a escribir el nombre de este organismo sufragado con nuestros impuestos que parece el lugar idóneo para representar esta ficción que llamamos Procès o nada.

Que, naturalmente, es nada.

Salvo que es una nada tan espesa que consigue convencer a tantos de que es una entidad considerable. Por lo menos es una campaña electoral continua, y esa es la explicación del increíble artículo que Jordi Gracia dedica hoy a la despedida de la alcaldesa Ada Colau a la despedida de Pasqual con el intrigante título “el coraje de la izquierda”. Empieza comentando el epitafio con que la consellera Borrás –otro ejemplo del provecho que se le puede sacar a los estudios de Filología, siempre que no sean los de F. Española– enterró al fundador del Lliure: “es un gesto que le honra”.

Bien, pues a pesar de que Pasqual abandona el teatro que fundó y que hizo pieza golosa para aspirantes a director, actores, etc., cual San Sebastián desangrado a puñaladas por sus colegas de profesión, jaleados, según denuncian muchos, por los altavoces del independentismo, esto es TV3 -no “la nostra” sino la de ellos, ay– y el diario Ara, la culpable más culpable, la villana por antonomasia es la alcaldesa de Barcelona, la dulce Ada Colau.

Como mi tipo de inteligencia se mueve entre el cartesianismo más riguroso y las intuiciones epifánicas (¡ay, sí, soy dada a esas zancadas en el razonamiento), admito que no he entendido por qué narices, por qué cojones, por qué puñetas fritas, por qué en suma, la culpa de la deshonorable renuncia del director de Marlowe, Lorca, Shakespeare, Koltès, etc., la tiene Colau. Y la única explicación que casa con la identidad del firmante es la causa común del centroizquierda contra el partido de Junts Podem, Barcelona en Comú, Podemos, y tal y cual, para aumentar las posibilidades electorales del PSC, el partido que nunca fue realmente socialista y sirvió en bandeja a los pijos el control cultural del territorio, que nunca practicó una política auténticamente social pero que ve ahora, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el Ebre por Tortosa y el Júcar por Valencia, la ocasión de presentarse como la sensatez que mira hacia el futuro y, hasta donde yo sé, sin mejor programa que el “¡¡Pedro, mantente firme!!” de Iceta (mientras los indepes están haciendo circular por whataspp un meme donde Iceta aparece en recuadro al final de un listado de mariquitas mariquitacon la leyenda: “encuentra la mariquita invasora”. Ese es el nivel.

La gracia, el detalle que demuestra que no todo el mundo sufre delirium tremens es que hoy mismo el gobierno español, es decir el organismo que interfiere la perfección autista de esta realidad paralela llamada Catalonia, a través de la representante de Cultura ha declarado que quieren que el Teatre Lliure -que se financia con dinero público: me gustaría conocer los sueldos y la dedicación horaria, ya de paso– someta a un concurso INTERNACIONAL la elección del nuevo director. Y cuando ellos hablan de internacional, a diferencia de Torra, la Cup et alii, no se refieren a los vascos o a los andaluces sino a otros países legalmente reconocidos, tipo Suecia, Argentina, Mongolia, Pakistán, Polonia… y todos esos países cuya existencia los norteamericanos desconocen. Propuesta que no gusta nada de nada a los indepes, pues si se trata de un concurso de méritos entramos en Cataluña en la dimensión desconocida.

 

pintura de San Sebastián por Andrea Mantegna, 1456-1457.