Sin miedo (y casi sin conexión)

ramblas atentado emergencias

Equipos de emergencias atienden a los heridos por el atentado de las Ramblas – Foto: Joan Sánchez

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Días de muy mala conexión mientras preparo las imágenes de los últimos días para mostrar, sobre todo a los que leen desde fuera de España, el contraste entre la calma amable de las vacaciones en la ciudad y el golpe de este atentado que todos temíamos iba a producirse.

La Barcelona real, con la que puedo identificarme, es la que se ve en este par de imágenes, con muestras de altruismo, de eficacia, no la de los grandes lobbies y hoteleros que han hecho de las Ramblas y del centro histórico de Barcelona un parque temático para turistas, un filón para inversores, expulsando a los nativos. Señalo aquí que Joan Gaspart, presidente del consorcio de turismo y cónsul honorario de (no te lo pierdas) las islas Seychelles, presumía anteayer de que en Ramblas hay ahora mismo 50 hoteles. ¡Cincuenta! Que las embajadas le habían felicitado por la iniciativa de realojar a los turistas que vagaban por las calles sin poder regresar a sus hoteles en la zona del atentado. Sin duda, encomiable iniciativa. Otro tema que no tratará es, naturalmente, el de los sueldos de las kellys, el de los sueldos de los empleados en servicios, el de la protesta de los empresarios por la moratoria hotelera, el ataque a los pisos turísticos con que los ciudadanos empobrecidos tratan de que les lleguen unos céntimos del beneficio de millones que supuestamente deja en Barcelona el turismo masivo. Es decir, el problema real de la construcción de una Barcelona clasista y cruel con los suyos que se abre de piernas para los extranjeros.

La cobertura de algunos medios –el especial de la SER, por ejemplo– me ha parecido nauseabunda, con ese canto a unas Ramblas, a una Barcelona, que ya no existe. Por suerte, ha hablado el director de la revista Ajoblanco, Pepe Ribas, denunciando que Barcelona, el centro, todo Ciutat Vella, el Borne, se ha convertido en una ciudad de marcas, que ha perdido artesanos, clases populares, que ha perdido su personalidad para convertirse en una franquicia en el mercado internacional… Y esa Barcelona, abierta al dinero, cerrada a la transversalidad que décadas atrás era su seña más reconocible, es  la que ha sufrido el atentado.

Tristeza por los fallecidos y por los heridos –por el trauma que les aguarda–, orgullo por los que supieron ayudar; rabia por los que envían a morir a chavales de 17 años sorbiéndoles el coco y manipulando sus mentes inmaduras.

Como ya escribí en otro momento, no tengo miedo. Me gustó oír que ese era el lema que ayer se coreó en la Rambla.

Continúan dándome más miedo los que manejan el cotarro económico y mediático de aquí y, como escribía valientemente el diario vozpopuli, “la hipocresía de los Estados europeos, cuyas fuerzas de seguridad persiguen a los integristas -con suma y encomiable diligencia- a la vez que sus dirigentes mantienen idilios inconfesables con las teocracias arábigas, semillas del wahabismo y pulmón de grupos como el ISIS.” Recordemos el Qatar de la camiseta del Barça y que, cuando se preguntó por el asunto, Marta Ferrusola respondió que “el dinero es dinero”.

Y así seguimos, vendiendo a extranjeros nuestras ciudades, vendiendo humo con la política de la identidad y contando los muertos de la economía global-ultraliberal.

De la seriedad de las lecturas (2)

Me he quedado sin palabras cuando he leído en La Vanguardia la nota sobre la confesión de desfase de Lucía Etxebarria. He pensado: “definitivamente, la televisión es para los pobres”. Figúrate: alguien que esté de vacaciones en Tanzania o en Bora-Bora o en alguna lujosa playa mediterránea lo mucho que le va a importar estas noticias y debates sobre los problemas de la plebe.

Pero ¿qué está pasando? Y he encontrado en youtube este extracto de un programa muy popular –On n’est pas couché [No nos hemos acostado]– donde la entrevistada era Lucía Etxebarria, con la traducción al francés de Ya no sufro por amor. Los comentarios muy ácidos de los presentadores fijos son muy divertidos. Por cierto que también le dieron de lo lindo con su aguijón a la novela de Laurent Binet, La séptima función del lenguaje, entrevista que añado a continuación para que captéis la diferencia entre un tipo inteligente y una escritora superdotada.

Curso de español para extranjeros, Nivel Avanzado +: “Infamia”

Empar Moliner quema constitucion

2016, la cómica Empar Moliner quema la Constitución española ante las cámaras en un programa de la cadena pública catalana TV3

Infamia (Rae) = Afrenta pública.

«La periodista Empar Moliner afirma que “ser catalán en España es como ser gay en Marruecos”»

Empar Moliner, dicen que periodista, dicen que escritora, declaraba días atrás que «ser catalán en España es como ser gay en Marruecos, salvando las distancias».

La clave de su afirmación está, lo habrá notado el lector, en ese salvando las distancias. Efectivamente, salvando las distancias que van de la realidad al delirio, ser catalán en España es como ser gay en Marruecos o en la mismita Rusia o, por qué no, como ser negro delante del Ku Klux Klan.

En 2o16, los diarios le dieron publicidad a la bufonada para la pequeña pantalla de la Moliner en que esta ¿cómica? ¿payasa? ¿actriz? ¿presentadora? prendía fuego a la Constitución española. Y aunque se trate de un gesto que más de cien y más de mil, catalanes y de otros lugares del Estado, repetirían con ganas, vale la pena preguntarse a cuántos de ellos se les pagaría con dinero público por tan plástico espectáculo de disidencia y subversión y libertad de expresión y tararí y tarará.

La política catalana actual comparte con el mundillo literario una sorprendente particularidad y es que un reducido sector, que solo se representa a sí mismo, interpreta todos los papeles: perseguidores y perseguidos, triunfadores y fracasados, pro-sí, pro-no, etc., críticos e integrados… se diría una pequeña compañía de teatro estable.

desfile de klu klux klan

El Klu Klux Klan se dispone a amedrentar a los catalanes

 

charnegos

Como se lee en este cartel [“Como unas bestias llegasteis a Cataluña, y así os iréis si no os integráis, ¡Fuera charnegos! -dice], los catalanes, históricamente perseguidos por los españoles, reciben a éstos con los brazos abiertos cuando, muertos de hambre por las secuelas de la guerra civil, se disponen a buscar un trabajo en su propio país.