El llanto de los boxeadores, Fernando Sanmartín

GALINDE2

GALÍNDEZ

Qué lejos queda uno
Qué lejos el Lion’s Head, en el Greenwich
Qué lejos Veruela
el café Majestic
Lutero
el Instituto Goya
las costuras

Qué lejos el vértigo
y las premoniciones

Qué lejos queda Bécquer
su pizarra
una ambulancia
que sale de Trasmoz
hacia Illinois
en busca del humo

Qué lejos la apuesta
de lo que íbamos a ser.

© Fernando Sanmartín
Isla de Siltolá Poesía – Sevilla, 2012

llanto boxeadores - portadafOTO: Boxing photography

 

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Julio Cortázar, clases de literatura en Berkeley, 1980

Cortazar foto Berkeley

Julio Cortázar en la universidad de Berkeley, foto portada edición Alfaguara

En 2103 se publicó la transcripción de las Clases de literatura, Berkeley, 1980, de Julio Cortázar (Bruselas, 1914-París, 1984), con edición de Carles Álvarez Garriga, cuyo trabajo en conjunción con Aurora Bernárdez ha sido calificado a menudo de «providencial».

Cortázar había rehusado anteriores invitaciones, como la de la Universidad de Columbia en 1969, censurando la fuga de cerebros latinoamericanos y el imperialismo subyacente en la política de reclutamiento de significados intelectuales por el stablishment académico estadounidense. Sí había aceptado puntualmente dar conferencias durante los años setenta.

En 1980 acepta las atrayentes condiciones de la Universidad de Berkeley, California, tan significada en la vanguardia de la contracultura de los años sesenta y setenta. Los especialistas en Cortázar señalan este periodo, el definitivo, como exclusivamente centrado en lo literario; atrás quedaba la controversia por el caso Padilla, que sin embargo reaparecerá también en estas clases.

Ilustración-de-Julio-Ibarra-Cortazar y gato

Julio Cortázar y gato por Julio Ibarra

El fruto de su estancia nada académica lo resumió Cortázar en su despedida: «Creo en efecto y sin ninguna falsa modestia que un escritor puede comunicar su experiencia personal y con vitalidad e intuición crear un contacto al que no se llega de segunda mano a través de la crítica».

A lo largo de seis sesiones, celebradas los jueves entre las 14 y las 16 h, el profesor Julio Cortázar discurrió sobre su creación literaria para un alumnado que se manifestó con preguntas y comentarios, a veces desde posturas políticas contrarias. Interesantísima es la actitud del escritor frente a su auditorio, sin jerarquías y antiespectacular. Con la lectura de estas clases accedemos a la magnífica fluidez del pensamiento del autor de los cronopios en torno a la gestación de su obra, influencias e intereses, el contexto en que nace o se publica; a la necesidad de una crítica de calidad para el crecimiento de todo escritor, etc. El texto es casi orgánico de puro oral.

Las clases tratan de seis grandes temas que pueden solaparse: los caminos de un escritor; el cuento fantástico en dos aspectos clave: tiempo y fatalidad; el cuento realista; la musicalidad y el humor en la literatura, tema que conduce a lo lúdico en la literatura y específicamente en Rayuela, para ahondar en esta novela icónica y continuar con otros dos títulos cargados de referencias a la realidad política del Cono Sur y significativos en la toma de conciencia de la población: Libro de Manuel y Fantomas contra los vampiros multinacionales. Concluye elucubrando sobre cómo elaborar un lenguaje del erotismo libre de pudibundeces.

Varias tesis se desprenden de sus palabras: se reivindica como escritor latinoamericano, identidad que cristaliza en sus años en París con sus implicaciones de cosmopolitismo y exilio; otra es el cuento como género específicamente latinoamericano marcado por la gran calidad de sus precursores —Horacio Quiroga, Borges—, que goza de un enorme seguimiento entre escritores jóvenes contemporáneos. Cortázar empezó a escribir cuando el listón estaba muy alto y el reto de calidad se redobló con las primeras traducciones de países anglosajones.

Implícitamente, Cortázar negará cualquier sometimiento a un régimen político —el castrismo u otro—: la denuncia política debe hacerse desde la literatura, que no tolera el panfleto; el realismo social es un subgénero que enseguida decae en panfleto, en la crónica o el testimonio sin relevancia artística.

Reflexiona sobre la elasticidad y arquitectura de los diferentes géneros. Su obra literaria prueba la flexibilidad de los mismos, y cómo la literatura era el arte más apto para reflejar la complejidad creciente del mundo y la mayor conciencia que los hombres modernos adquirían de ella, así como la libertad del escritor para jugar con los recursos literarios.

La novela es, como teorizó Umberto Eco y prueba Rayuela, obra abierta. Porque el presente es «un llamado continuo de toda libertad temática», el experimentalismo formal ayuda a expresar las nuevas luchas de cada generación a condición de no usarlo para ocultar la ausencia de contenido: «es realmente un juego abierto que deja entrar todo, lo admite, lo está llamando, está reclamando el juego abierto, los grandes espacios de la escritura y de la temática. El cuento es todo lo contrario: un orden cerrado» (p. 29).

En Kafka descubrió el modo en que lo fantástico se integra en un relato realista. La noción cortazariana del tiempo, de la duración, de los mundos simultáneos, se plasma en cuentos emblemáticos donde los recursos de lo fantástico, la suspensión de la verosimilitud, logran revelar el impacto emocional de realidades como las desapariciones fortuitas bajo las dictaduras militares del momento.

Por supuesto, la música y el juego son dos elementos capitales en toda la obra de Julio Cortázar, como presencia en la vida de los personajes, o porque estos son músicos —El perseguidor—, pero sobre todo por la melodía de las palabras que forjan el estilo. El jazz clásico y el arte de la improvisación alimentan tramas y el experimentalismo del lenguaje. La erudición de Cortázar es sutil; transmite ideas profundas en un lenguaje claro, como al insistir en la libertad del escritor para ensanchar los campos de la percepción de la realidad, o al introducir en literatura temas que estaban en el aire de la época, desde la ciencia a la antipsiquiatría, las religiones orientales o nuevas formas de organización económica.

Lo lúdico equivale, dice, a una concreta actitud que los escritores pueden mantener frente a su trabajo y a sus temas. Por eso fue lúdico su diálogo, un encuentro «en un territorio común, el de una literatura viviente y actual, una literatura que se sigue haciendo mientras hablamos de ella y que cambia y evoluciona dentro de un contexto histórico igualmente cambiante».

© María José Furió & Instituto Cervantes/ El Rinconete

Mari Pepa Palomero, traductora y editora de El Trujamán (Instituto Cervantes)

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Mari Pepa Palomero en una fotografía del año 2000

Me escribió ayer por la mañana Amaya García Gallego, colega traductora, hija de Maite Gallego, para comunicarme el fallecimiento de Mari Pepa Palomero, editora responsable del Trujamán, la revista diaria sobre el mundo de la traducción del Instituto Cervantes. Sabíamos que estaba enferma, pero no esperábamos este desenlace.

Sentía especial simpatía por ella, aunque no he llegado a conocerla en persona como me habría gustado. Mari Pepa y Lola Montero, responsable a su vez de la página El Rinconete, formaban un tándem estupendo; muy cultas, muy respetuosas con mi trabajo, con indicaciones claras de los parámetros de la colaboración, lo cual supuso desde el inicio para mí un cambio de tono radical de lo que venía soportando como colaboradora free-lance. Creo que se nota en los artículos que he venido publicando.

Como todo el mundo señala, Mari Pepa era diligente, bien humorada y paciente con los atrasos de unos y con las angustias de otros. Sabía yo que su especialidad era la traducción de italiano y me habría gustado charlar con ella para conocer su experiencia en este idioma en los años previos a la industrialización de la cultura.

Está bien poder recordar a alguien con gratitud, y eso es lo que queda, enorme gratitud, sin borrón ninguno.

Esperanzas para 2018

power and equality black face

En España, el movimiento #yotambién (#metoo) ha sido una pavada; todo se tapa para que los pijos continúen teniendo la sartén por el mango y decidiendo qué mujeres triunfan y cuáles han de fracasar.

Sin embargo, soy optimista a medio y largo plazo sobre los éxitos en la lucha contra la violencia estructural que soportamos algunas mujeres, y optimista a largo plazo en los éxitos contra la violencia física que soportan tantas mujeres sin distinguir raza ni clase. A veces me encuentro pensando que un día se estudiará con horror y estupor este largo período en que decenas de mujeres -cientos o miles en otros países– son asesinadas por sus parejas o familiares igual que ahora hay escritoras que viajan a Rusia o a África, a Israel, a zonas subdesarrolladas, para documentar la memoria de los distintos genocidios.

2017 ha sido espantoso en lo económico –el saboteo acostumbrado atrasando pagos es un método infalible para expulsar a alguien de una profesión o sector o publicación– pero se han despejado otros territorios y cerrado periodos que parecían interminables.

© La imagen me la presta mi amigo el escritor Mamadou Mahmoud, porque también hay hombres feministas.