Gran Sol, de Ignacio Aldecoa, entre novela y reportaje, en El Rinconete

 

La novela Gran Sol (1957) pertenece a una de las trilogías que Ignacio Aldecoa (1925-1969) planeaba escribir dedicada a lo que llamó «la épica de los oficios». Una de ellas debía tratar de la vida de los guardias civiles, los gitanos y los toreros. Otra versaría sobre los oficios del mar, que es precisamente Gran Sol, Premio de la Crítica de 1958. Su última novela, Parte de una historia (1967), da gran protagonismo a la población marinera de la isla canaria de La Graciosa, si bien no encaja estrictamente dentro del ciclo. Su muerte temprana impidió a Aldecoa culminar su proyecto narrativo, aunque dejó una extensa obra cuyo reconocimiento llegó pocos años después de fallecer, tanto de parte de estudiosos de la literatura española como de estilistas del lenguaje como Francisco Umbral. Y es que, por encima del tema que Aldecoa trate en sus cuentos o en sus novelas, destaca siempre esa potencia de estilo y del idioma, un español que es un caudal inagotable en su pluma y un punto de vista que no se extravía en sentimentalismos o en tremendismos, aspectos del tono narrativo en los que encallaría un escritor menos lúcido que él. Definido como un «gran realista», en parte tal vez por distinguirlo de la corriente neorrealista que triunfaba en los cincuenta en conjunción con la cultura italiana, podría servir para describir el tipo de realismo que cultivó una perspectiva panorámica, sin abandonar el detalle, para transmitir un mensaje que encaja en la filosofía existencialista con su insoslayable núcleo simbólico (el viaje del pesquero en alta mar alegoriza el de la vida en los duros años de la posguerra española).

Es habitual preguntarse cómo habría evolucionado de haber gozado de una vida más larga. Creo que la comparación entre alguna de sus primeras novelas, como Gran Sol, y la última, Parte de una historia, deja suponer que el tiempo jugaba a su favor: la apertura de España a Europa y a la cultura americana en los años sesenta y setenta muy bien podría confirmarle en su personal derrotero, como se percibe en el aprovechamiento de los argumentos antonionianos, en la mayor flexibilidad de su estilo sin abandonar lo que puede llamarse jerarquía de sus convicciones, como es la recurrencia de un personaje que encarna la figura del héroe estoico que supedita, sin renunciar a su autoridad, sus querencias en beneficio del grupo humano. Esa presencia tutelar, pedagógica a menudo, que oculta o pospone la expresión de sus angustias está encarnada por el patrón del atunero Simón Orozco en Gran Sol y por Roque en Parte de una historia. El narrador, que corresponde a la voz del autor Aldecoa, se sitúa con respecto a los personajes en la media distancia de un reportero que transmite los hechos, describe el carácter de los personajes y la mecánica del oficio y sus jergas con rigor de lexicógrafo.

gran-sol_portada alfaguara

edición en Alfaguara

Gran Sol relata la aventura de la tripulación vasca de un atunero, el Aril, en un caladero del Atlántico Norte. Junto al patrón, Simón Orozco, destaca el cocinero, Macario Martín el Matao, veterano y lenguaraz, acompañados por los marineros, engrasadores, el contramaestre, etc. Aldecoa se enroló en un pesquero en el verano de 1955 y de ahí surge su conocimiento del funcionamiento de las artes de la pesca, los ambientes y condiciones económicas en que se desarrollan las faenas del mar. La estructura es obvia: presentación en puerto de personajes e inminencia del embarque, aventurando la doble intriga del mal tiempo y la escasez de capturas probables, y encadenamiento de escenas resolviendo percances, bajando a puerto, vuelta a la gran pesca y accidente que le cuesta la vida al héroe que se arriesga por otro. Hay en la novela un desequilibrio claro entre la descripción de las labores y el carácter de los personajes a través de sus voces y el desarrollo de una intriga que cautive el interés del lector in crescendo. La trama encadena situaciones que pintan la vida en un barco viejo, conflictos familiares y roces, los azares y la incertidumbre del trabajo una vez termine esta travesía. La mala mar, el estado del barco, el deficiente mantenimiento o alguna maniobra o problema que surja en el otro pesquero —los pesqueros suben al caladero en parejas— son peligros potenciales de los que el lector espera que arranque la aventura mayor que lleve al desenlace de la novela. La situación política está dada y se menciona la pasada guerra civil con vaguedad así como la perspectiva de trabajos mejor pagados en América durante la Segunda Guerra Mundial.

Se le reprochó a Aldecoa cierto desequilibrio entre el verismo de escenario y personajes y la falta de una trama a la altura de los otros elementos, por lo que Gran Sol tenía más de reportaje o de documental que de novela. El fatalismo del desenlace, la observación desapasionada, la falta de dogmatismos redentoristas concuerdan con un momento en España en que los intelectuales y artistas comprometidos con reflejar la realidad de los marginados y clases populares abrazaban la filosofía existencialista y el objetivismo de la narrativa norteamericana contemporánea.

© Mª José Furió & Instituto Cervantes

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