El blues de los viejos cabrones: una respuesta a Javier Marías (1/ sobre los jubilados de la tv)

Niña Doisneau

¿Que me tengo que jubilar ya? ¡Ahora que ya hago la o redonda! (Foto Atelier Robert Doisneau)

 Este domingo Javier Marías devolvía golpes en su artículo titulado Los vejestorios cabrones, en El País semanal. Me gustaría desde aquí responder a algunas de sus afirmaciones y consideraciones. Como me temo que puede ser largo voy a dividir la respuesta y ahora me referiré solo a la frase siguiente:

«En la sociedad en general, hace siglos que se les abre paso por decreto, jubilando a gente de cincuenta años o menos (como sucedió en RTVE).»

Porque, vaya, esta pregunta me la sé, profe. El que lea la frase de Marías sin otras explicaciones, si solo conoce los nombres de ilustres jubilados de la época y conoce también los usos y costumbres políticos de RTVE, dará por hecho que fue una mera cacicada y que a los 50 años los echaron a la calle en plan corte de calendario y desde aquí para arriba a tomar aire.

Hará una década larga desde que jubilaron a los clásicos de la tele, puede incluso que 15 años. (Jubilaron a los que aceptaron las condiciones y negociaron las cantidades, andaba yo por los 40 y me las veía para sobrevivir como free-lance por la total indefensión que caracteriza a mi sector).

No hablo en nombre del ente sino como ciudadana española y como ex empleada de dos departamentos de la tv catalana (Audiencia de tv y radio / Prospectiva y estudios de la tv), también por haber tratado durante décadas a personas que han trabajado en las televisiones, incluido las privadas, y que contaban el proceso de jubilación forzosa. Dos factores vinieron a coincidir para facilitar la salida, según se justificó entonces.  Primero, el cambio a la tecnología digital de todos los medios audiovisuales –el gasto enorme en equipos y en formación en tecnología, piénsese en miles de millones de las antiguas pesetas– y segundo, lo carísimos que eran ya los profesionales con contratos de varias décadas en el ente; súmense a los sueldos base las pagas, los trienios, quinquenios, etc., y añádase, cuando se trataba de programas rodados fuera de estudio, el gasto en desplazamientos, en dietas, en pago por servicios, derechos de imagen, y otras cantidades no siempre bien justificadas. Quizá algún ensayista objetivo debería publicar cifras de una vez.

Si estos profesionales con kilómetros a sus espaldas tenían el caché del periodismo clásico y de la experiencia, carecían la mayoría de veces de formación en las nuevas tecnologías. Al mismo tiempo, las facultades estaban lanzando a la calle a jóvenes con idiomas y formados en nuevas tecnologías, nuevos formatos (que no siempre sabían escribir o hablar, pero era detalle baladí considerando la pérdida de beneficios que iban a ofrecerles y que aceptarían con los ojos cerrados).

Conocí en primera fila lo que era el despilfarro y el derroche tanto de tve -y su sucursal en Barcelona, que suministraba programas a TV2 y a las emisiones en catalán– como de TV3. Empezando por el derroche que supone tener a mucha, demasiada, gente que no da un palo al agua pero logra un contrato porque es el sobrino del conseller tal, o se contrata con tal empresa de relaciones públicas donde trabaja la novieta de aquel, que es del partido, o la sobrina del célebre periodista cual, director de tal periódico y que, sabiéndose protegida, se pasa por el forro los horarios y se gasta en restaurantes lo que no es de ley, además de andar continuamente de viaje a congresos en el extranjero –siempre hoteles de categoría, aviones, taxis– de modo que obtiene una formación de campanillas que, cuando decida marcharse, va a servirle a ella exclusivamente para aumentar su cotización en la empresa privada; a la empresa pública de tv apenas le habrá servido tanto gasto porque no se ha molestado en formar y conformar un equipo cualificado. Algunos aseguraban que por miedo a que alguien más inteligente le robaran el cargo. Son casos que conozco directamente. O habrán contratado como directora de un departamento a una que solo tiene el COU, pero es hija de cual, con quien hay que estar a buenas, porque también está ligado, y de qué manera, al partido en el govern. Derroches absurdos y alocados: el traductor free-lance que se plantaba en nuestro depacho (donde hoy tiene su sede el Culturas), agarraba el teléfono y llamaba a… ¡Brasil! y delante de nuestras narices mantenía conversaciones de al menos una hora. Recuerdo cuánto tardaron en decirle que se acabó el maná. La chica a la que contrataron enviada por un jerifalte del govern porque al padre lo había pillado Hacienda –la culpa era, claro, del contable, que anotó un increíble cero en beneficios– y vete a saber qué triquiñuelas convenían con la niña declarando un salario. La niña ni se molestó en trabajar y, pese a sus enchufes, terminaron echándola tras pasarla entre departamentos. Se marchó, sí, habiendo montado una pequeña productora y llevándose direcciones y nombres del medio con los que podría colaborar en un futuro. La niña.

Quizá puede decirse que entré en tv “por decreto” en la medida que el gobierno autónomo catalán permitía a las empresas que contrataban a jóvenes recién licenciados –la generación mejor preparada de la historia, etc.– ahorrarse ciertos impuestos, aunque no, naturalmente, el pago a la seguridad social. Sin embargo, tuve que superar un examen que me oponía a otras dos candidatas y, una vez dentro, tuve que soportar que el director de finances, un canalla llamado Josep Mulero, la tomara conmigo desde el principio porque le faltaban redaños para enfrentarse con su enemigo, la jefa de mi departamento (que resultó ser una pécora además de pija cualificada). Una de las formas de fastidiarla fue, amparándose en alguna cláusula de alguna ley que solo él conocía, posponer el pago a la seguridad social hasta transcurridos 6 meses de mi ingreso, cuando la jefa quería asegurarse a toda costa mi permanencia (mirlo blanco comparada con el sobrino del conseller, que no trabajó jamás). Boicotear el trabajo que estás pagando con dinero público no deja de ser una forma de robar a la empresa y a los contribuyentes, pero este razonamiento tal vez era demasiado sutil para él.

Siguiendo con el asunto de robar, es decir de vaciar la caja de lo público –al margen del escandalazo que se organizó con los vestidos de Pilar Miró, al margen de los contratos fuera de convenio de los directivos–, cabe indicar el robo puro y duro de material. Acababa de saludar a una jefa de informática, cuando una compañera –todas eran cerca de 10 años mayores que yo–, me explicó como detalle llamativo que el primer programa informático, o de los primeros, que se diseñaron para tv3 –por informáticos con sueldos exorbitantes, profesión muy buscada entonces– intentaba controlar la salida de material, en concreto de cintas de video. Empleados de la tele se hacían un sobresueldo los fines de semana con bodas, eventos, etc., y dónde iban a editarlos mejor sino en unas instalaciones profesionales como las de televisión. Y para qué pagar 1000 pesetas por cinta en la tienda si puedes sacar discretamente las que necesites porque nadie lleva la cuenta. Hasta que empezaron a llevarla. Otro que trabajaba en tv3, con un puesto bien pagado y era jefe de equipo, me presumió de haber cargado a la empresa el televisor que se había comprado en Nueva York. Mientras no hubiera un control riguroso… Era de la misma generación que los que RTVE jubiló y creía como tantos que el dinero público era dinero del gobierno.

Otra forma de vaciar las arcas públicas se reflejaba en la lista de personas que, habiendo ocupado cargos importantes, durante muchos años cobraron una cantidad mensual. En el departamento en Audiencia leímos ese listado, como parte de información sobre TVE,  que incluía a Adolfo Suárez, ex presidente del gobierno y ex director de RTVE (de 1969 a 1973); me llamó la atención el dato porque no carecía de medios para ganarse la vida. No sé cuándo dejaron de pagarse esas retribuciones o si se han dejado de pagar.

Continuando con el vaciamiento, el momento en que las cadenas “externalizaron” programas so pretexto de ahorrar costes. Antiguos jefes de departamentos de las cadenas –obviamente, recuerdo datos sobre todo de TV3– montaron productoras y empezaron a suministras contenidos a las teles, también a las privadas que nacían entonces con las nuevas leyes ad-hoc. Si podían contratar profesionales “por obra”, no estaban obligados por contratos largos o indefinidos ni por convenios cada vez más exigentes –el convenio de TV3, al que se adhirió mi departamento, preferible al de la radio incluía, no te lo pierdas, un pago anual de 25.000 pesetas por cada niño en edad escolar hasta x años. Estaría bien asimismo conocer los datos de estos usos en el resto del Estado.

Personalmente, tengo curiosidad por recibir información relativa al dinero que ganaron directivos que continuaban trabajando en la tele y que participaron en la creación de estas productoras privadas… e independientes (ay, tan pero tan independientes). El negocio por los derechos de retransmisión de encuentros deportivos de toda clase, por los Juegos Olímpicos, si participaron algunos periodistas y en ese caso qué beneficios obtuvieron, etc. Me gustaría saber qué se pagaba por programas extranjeros adaptados al ámbito catalán, que en ocasiones se presentaron como ideas originales (Además de en todo lo que movió Gestmusic, la productora del grupo La Trinca, pienso en Mil paraules, un programa muy breve de presentación de novedades literarias mediante videos artísticos, cuyas cintas originales nos enviaron desde la RAI2, padres de la idea, con el título Mille parole, cuando me ocupé de elaborar y presentar un informe sobre programas literarios en el ámbito europeo como ducumentación para el proyecto que presentaría Salvador Alsius y que, calibrando el nulo interés de la población por la literatura, se contentó con una especie de concurso con premios, que tampoco cuajó ni interesó a la audiencia. En ninguna parte he leído que se reconozca que la idea original procedía del canal italiano).

cuchillos en la boca

Dejadme sola, que voy a responderle a Javier Marías… (Foto: desconocido, 1906)

Por la cercanía que propicia la amistad y etc, Pérez-Reverte, que fue corresponsal de RTVE, le habrá explicado el dinero que gastaban en esos países donde te mueves y te cae un tiro y me creo que costaría llevar las cuentas al céntimo si había que pagar para salvar el pellejo. Me creo hasta la jerga. Me creo incluso que es difícil salir supermona en pantalla con la polvareda de las bombas. A cambio de tanta credulidad, me gustaría que me explicaran cómo se amortizó el dineral gastado en un programa dedicado a Raimon que llevó al equipo de la tele –sede de Barcelona– a viajar ¡hasta Nueva York! –en los ochenta, cuando Nueva York era lo más de lo más–, después de pasar por París, Madrid, Javea, etc. Tengo curiosidad por saber qué cobraron el director y el guionista (Vázquez Montalbán). Varios de los miembros de ese equipo fueron jubilados en sus 50.

Me gustaría tener esa información porque llega el punto en que una se sorprende  de que esos profesionales de izquierdas (suspiro) tengan de sobras para pagar los gramitos de cocaína (¡uy, nos pillaste!), y los vestidos de diseño, y el último equipo hifi, y la escuela progre y privada de las criaturas, pero no para pagar a la canguro por las horas extra ni al free-lance por las colaboraciones sin horario y sin garantías de continuidad.

Por concluir, en respuesta a la frase de Marías, no es lo mismo cuando jubilan a un profesional de 50 años con su finiquito que va a cobrar el máximo de pensión –2.000 euros–, el cual probablemente se rehará profesionalmente en el plazo de dos años, al que su currículo servirá de tarjeta de entrada y saldrá con una buena agenda –quizá tenga ahorros, propiedades con las que jugar con el banco, familia de apoyo–, que liquidar a gente que alcanza los 50 años sin reconocimiento de ninguna clase porque, en el camino a esa edad, le han ido robando uno tras otro los frutos que le correspondían. Y de eso irá el siguiente post.

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2 comments

  1. Una más: En 1986, con los sociatas imperando como imperaban en RTVE, fui por el programa de Radio 3 “El Trestero”, colaborador que era yo entonces de la casa (“puto colaborador”, nos decían los fijos y los sindicaleros), fui, decía, como enviado especial a Marruecos. Coincidí allí, una semana entera, con otros periodistas españoles, entre ellos Ismael Medina, punto fuerte del periódico El Alcázar y otros de la derecha más derechosa. Bien, pues riéndose a mandíbula batiente, que decía el clásico, me enseñó su carnet de fijo de RTVE, añadiendo que nunca había ido por allí. Y cobraba, por supuesto, y muy bien.
    JL

    • Liu · junio 19

      Gracias por la aportación, José Luis. Hay listos de todos los colores, está claro, de los fachas lo esperaba más. A los que llegamos a tv3 cuando ya llevaba algunos años de rodaje nos inscribían con una categoría por debajo de la función que desempeñábamos y cobrábamos por esa categoría menor. Mientras los amigos y la familia creían que viviamos en el lujo et la volupté. Ya contaré en the next post 😉

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