Revista Lateral, cuando Barcelona era pobre y sexy… y dejó de serlo

Lateral portada

Portada del número 100 de la revista Lateral

Hacía un tiempo que me preguntaba en qué andaría Mihaly Dés, director de la revista Lateral, en la que colaboré durante cierto tiempo –por más que Jorge Carrión, como es habitual en él, borre en la entrevista publicada por Jot Down los nombres que no le dan coba en su particular enumeración de colaboradores destacados de la última etapa– con reseñas y un par de entrevistas, cuando hace pocos días leí el obituario firmado por Robert-Juan Cantavella. Me entristeció la noticia, pues siempre se desea que personalidades como Mihaly Dés, originales, abiertos de miras, generosos, vivan muchos años y de lejos o de cerca nos lleguen noticias de sus avatares o sus mudas de piel.

Como es natural, Cantavella hablaba de esa última etapa en que tomaron las riendas de la redacción una serie de jóvenes escritores –la lista es consultable en todas las noticias– que andaban por los veintipocos años. Me invitó a participar en sus inicios Echevarria –era realmente otra época–, pero las colaboraciones gratuitas cuando no eres una niña de papá no son un gran incentivo, tanto menos si estás peleando por lograr sacar la cabeza en un medio, el editorial, que no se caracteriza por la generosidad. Se produjo, pronto, una desbandada de los cofundadores  –nunca pregunté cuál era la causa; supuse que hubo opiniones encontradas sobre el rumbo a darle a la revista y que se apearon sin pena porque todos tenían sus trabajos y otros medios donde promocionarse. (Guillem Martínez homenajea a Mihaly Dés en un bello artículo. Calla el motivo del distanciamiento. Por cierto que hablan del diario El Observador. Es posible narrar un mismo episodio –la creación de este periódico impulsado por Prenafeta– desde diferentes perspectivas, que también reflejarían diferentes moralidades. A mi compañera en el Departament de Prospectiva i Estudis de la televisió (para mí, el Cementerio de los Elefantes) en la CCRTV, la periodista E. Fernández (unos seis o siete años mayor que yo), le propusieron la dirección del diario y recuerdo cómo esquivó lo que a ella le parecía una trampa de la que no podría salir viva profesionalmente. Ella estaba en una especie de periodo de descanso de la sede deSant Joan Despí y confeccionaba, entre otros proyectos, la revista del audiovisual News-News. Gran parte de las formas de producción que entonces se ensayaban en las tv privadas norteamericanas devino en el plazo de diez años fórmula cotidiana en las tv españolas y europeas. También lo que hoy llaman el Procés plantó entonces sus semillas. Dicho lo cual, me hace gracia que todos se prestaran a trabajar en ese diario y hoy se rasguen las vestiduras con las andanzas de los Pujol y su círculo de influencia. Es decir, todos putos pero honrados. Primero putos, luego honrados 😀

No recuerdo la primera etapa de Lateral –cuando me parecía que multiplicaba el eco de Babelia– ni la última como su mejor momento sino la penúltima cuando, si no me engaño, la llevaba Leonardo Valencia, escritor ecuatoriano, serio, sin poses, con mucho bagaje. En una de las reuniones del comité de redacción a las que me invitó Mihaly Dés asistían muchos de estos jóvenes escritores y traductores a los que todos citan citándose, y otros no tan jóvenes como Zetner y el cubano Rolando S. Mejías, además de los también cubanos Radamés e Igor Molina. Estuvo colaborando durante un tiempo, desde los orígenes aunque no sé cuándo salió, César Muñoz, catalán, que había sido muy eficaz lector de agencias como la Balcells y de Anagrama. Todo esto para señalar que la rueda de la literatura no la inventó Jorge Carrión 🙂

En esa que me parecía la mejor etapa, en los primeros años 2000, había una energía muy fresca en la que los más adultos –de más de 35 años– sumaban un poso de culturas mezcladas y aquilatadas. El lugar no daba pie a convertirse en lo que estaba siendo ya el Babelia; Lateral era como el rescoldo de lo que había sido Barcelona hasta que los pijos tomaron las riendas de la cultura –haciéndose pasar por modernos y sociatas– y le cambiaron la fisionomía con los Juegos Olímpicos, el yuppismo y el encarecimiento que siguió hasta hoy: era, como se decía de Berlín, pobre y sexy. Luego, cuando los pijos, editores, periodistas, críticos, profesores, curadores, se hicieron con el verdadero poder, el pobre ya no era considerado poético ni maldito ni sexy: se lo tenía por un pobre vergonzante y su cultura algún tipo de bovarysmo o de pijoapartismo o de copia mala de las tendencias norteamericanas, un síntoma de un afán compensatorio de esa pobreza. Las editoriales y revistas se llenaron de gente multititulada y algo monjiles, sin un átomo de gracia.

Lateral estaba al margen de esos palos y respondía al tono anarquista que reivindicaba Mihaly Dés de la Barcelona preolímpica. Hubo una “suerte generacional”, pues estos autores nacidos en los 70 se encontraron con un mercado maduro, con dinero en circulación, con la convicción de que era preferible cultivar a un mercado amplio aunque con bajo poder adquisitivo que a una clientela elitista y pequeña. Se daba otra circunstancia de la que no se habla y es que los instalados -en torno a los 50 años- preferían dar cancha a estos veinte-treintañeros que a otros con más rodaje y que les pisaban los talones en edad porque, en realidad, no eran competencia. Por edad, por actitud, los jóvenes se adscribían a una jerarquía, simplemente variaban los nombres que indicaban como sus precursores: los autores del boom latinoamericano unos, los (soidisant) heterodoxos españoles otros, en crítica los que por entonces fueran los “machos alfa” de las publicaciones señeras. Pero, a la postre, como hemos visto, unos y otros aspiraban a figurar en “el canon” y a definir sus coordenadas.

En el 97 se dio la circunstancia, bochornosa, de que yo entregaba reseñas y nadie me reseñaba a mí; mi libro moría en algún estante. Mihaly Dés me confesó que andaban cojos de especialistas en literatura española. Era obvio: desde que abandonaron IE y cía. Luego me divirtió leer la reseña que hizo el jovencísimo cubano recién aterrizado de la isla, sin pajolera idea de literatura española; supuse que así se reían en América de nuestras reseñas españolas. Me desinteresé del asunto y me dediqué a disfrutar de mis nuevos amigos fotorreporteros. Una energía más adulta, menos escolar.

Bauluz- paraíso

Foto: Javier Bauluz. Tarifa. 2 de septiembre de 2000.  “Muerte a las puertas del paraíso”.  La foto objeto de la polémica.

Por esas nuevas compañías, y porque conocía su trabajo y sus tribulaciones, recuerdo de esa última etapa que tanto celebran Cantavella, Carrión y el propio Dés, que Arcadi Espada metió gol en propia puerta cuando utilizó las páginas de Lateral para atacar a Javier Bauluz, el único pulitzer español de fotografía en esas fechas, por unas imágenes de unos veraneantes impertérritos cerca del cadáver de un subsahariano ahogado en playas andaluzas. El reportaje se titulaba Muerte a las puertas del paraíso. Era la época de las pateras enviadas por las mafias a nuestras costas. Atacaba Espada a la vez a La Vanguardia con argumentos que demostraban que sabía poco de fotografía -por las virtudes morales que atribuía al uso de los objetivos–. El problema es que no tenía razón –como demostraron desde humildes fotógrafos y periodistas de la prensa local hasta personas más encumbradas en organismos de relieve– y se añadía que por entonces La Vanguardia era uno de los diarios que mejor trataba a sus fotógrafos –mejor que El País, según me contaban los mismos profesionales–. Visto desde fuera, resultaba cómico cómo aprovechaba las páginas de una revista que no pagaba a nadie –aunque en paralelo otorgaba libertad para proponer y arriesgar– para atacar a profesionales respetados por sus medios en lo más básico –el derecho a vivir de tu trabajo– y de impecable trayectoria.  Dicho de otro modo, para ser en su última etapa una defensora de la no ficción, Lateral incumplía la premisa mínima de ser fiel a los hechos.

Y es que suele ocurrir que esos lugares pobres y sexies, como ha sucedido también con Barcelona, cuando alcanzan un cierto nivel de proyección, son parasitados por un tipo de personaje característico, el pijo progre, el reaccionario disfrazado de élite cultural, que los convierte en plataforma de autopromoción y los canibaliza. Y entonces dejan si no de ser pobres desde luego de ser sexies e interesantes.

Solo nos queda esperar que la energía rebrote.

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