El Nobel de Dylan

Ay, esperaba que por fin fuese a Philip Roth. Pero en definitiva –superado el berrinche: why? why? ¿por qué le han dado el premio a esa cacatúa acatarrada?– creo que le han hecho un favor a Roth, que nos han hecho un favor a sus buenos lectores. Porque al Nobel le sigue una devaluación –salvo si se trata de nombres muy de culto, o de lenguas minoritarias– y, cuando son conocidos, como García Márquez o Vargas Llosa, una campaña people que los perjudica–. Aunque estoy de acuerdo con lo que Karina Sainz escribe en Vozpopuli, no creo que dárselo a Dylan sea exclusivamente una manera de negárselo a Roth, sin olvidar el dato de su apoyo a los escritores checos censurados y perseguidos en la época soviética, ni significa que se haya premiado el aspecto amable del movimiento beat. No soy gran seguidora de Bob Dylan, pero el movimiento en defensa del boxeador negro Hurricane Carter (la historia está relatada bajo el vido de este post, en youtube) en 1975, acusado y condenado erróneamente de un crimen que no cometió, tuvo la canción de BD como correa de enganche. Recuerdo bastante bien ese verano cuando en las radios sonaba la canción Hurricane y se recordaba el caso que la había inspirado. Esa injusticia sistemática contra los negros entonces, y parece que con más saña ahora, en Estados Unidos tuvo a  Dylan y a tantos blancos protestando incansablemente. Puede que algunos se tomen el premio a BD como oportunidad para vender pastillas para la ronquera o gafas molonas inspirándose en su figura, otros establecerán la conexión entre su compromiso y su talento usado en defensa de la causa de Hurricane y se preguntarán qué poetas y escritores blancos están hoy dando la cara por sus compatriotas negros, o latinos, etc.

Claro que el Nobel se equivoca –el de la Paz a Kissinger descalifica eternamente este apartado–, como ya sucedió con el año en que se lo concedieron a Obama. Reconozco que me gusta que los académicos llamen la atención sobre la evidencia: que la literatura no siempre está encerrada en un libro. Tiene un rasgo surrealista añadido muy convincente. Llevando esa lógica hasta el final, un año de estos podrían conceder el premio de Literatura a la Vida o a la Realidad, que siempre supera a la ficción.

4 comments

  1. José Luis Moreno-Ruiz · octubre 14

    Yo también hubiese celebrado que se lo dieran a Philip Roth de una vez por todas. Tenía un par de candidatos más: El rumano Mircea Cartarescu y la griega Rhea Galanaki. Y entre los españoles, Ramón Buenaventura, Miguel Sánchez-Ostiz, Julián Ríos y José Carlos Cataño, a los que no propondrá jamás ningún académico español o cosa parecida.
    JL

    • Liu · octubre 14

      Caramba, ¡esa es toda una quiniela! No sabía que conocieras a Cataño. He visto que Sánchez-Ostiz te ha escrito el prólogo, pues te aplaudo el gusto. Me ha llegado aviso de Correos, así que pronto tendré tu libro en mi bolso.
      Bueno, el Nobel es como los designios de dios, que a veces son inescrutables😦 y a veces nos alegran. Ya me dirás si la griega en cuestión tiene títulos traducidos por aquí.

  2. José Luis Moreno-Ruiz · octubre 15

    Olvidé poner en la lista al húngaro Attila Bartis. No sólo, por otra parte, se olvidó la Academia Sueca de Borges y de Bioy, o de Rojas Herazo; también pasaron olímpicamente por alto a Danilo Kis, entre otros muchos autores fundamentales. Bah, qué mas da.
    (Me pareció muy acertado lo que escribiste sobre el asunto Adelaida García Morales y el novelillo que le han “dedicado”. No fue una escritora que me entusiasmara pero me parece infame lo que ha hecho la de la “dedicatoria” y comprendí perfectamente el artículo de Víctor Erice; es más, creo que estuvo incluso moderado con la perpetradora de la “dedicatoria”).
    De Hurricane Carter habla Alice Denham (fallecida el pasado febrero a los 89 años) en el libro de memorias que le he traducido, “Sleeping with Bad Boys”, que saldrá en diciembre, según los editores. Cuando acababa de entrenar Hurricane en el gimnasio se reunía con una serie de amigos, entre los que se contaba Alice Denham, en una heladería próxima. Iban a oírle pues era un buen guitarrista y cantante de blues.
    JL

    • Liu · octubre 16

      Tomo nota del tal Attila. Lo de Adelaida García Morales da la medida de nuestra modernez. La época de los 70 era más peligrosa pero no sabía a sucedáneo. El presente es igualmente peligroso -salvo que vivas en chalet en la sierra- y lleno de seudotodos.

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