Problemas de la adaptación al cine de la narrativa de Juan Marsé, en El Rinconete

Instituto Cervantes Virtual

El novelista Juan Marsé (Barcelona, 1933) ha criticado con frecuencia el resultado de las adaptaciones al cine de sus novelas. Esta queja ocupa una parte sustancial de la detallada biografía, Mientras llega la felicidad, que Josep Maria Cuenca publicó en 2015, y es materia argumental de su novela más reciente, Esa puta tan distinguida. Aunque algunos espectadores apreciamos la versión cinematográfica que Vicente Aranda realizó de Si te dicen que caí, novela emblemática de Marsé junto con Últimas tardes con Teresa, es comprensible la insatisfacción global del escritor, con más razón si recordamos adaptaciones de novelas también formalmente arriesgadas, como la inolvidable versión que Mario Camus brindó en 1984 de Los santos inocentes, de Miguel Delibes, o la que Montxo Armendáriz hizo de Historias del Kronen (1994), debut novelístico de José Ángel Mañas.

Cuenca reproduce unas interesantes consideraciones que Marsé ofrecía acerca del funcionamiento de la imaginación literaria, refiriéndose precisamente a la gestación de Si te dicen que caí: la anécdota de base son los recuerdos en torno al crimen, acaecido en 1949, de una prostituta de lujo en un solar del barrio donde creció el escritor, acontecimiento que alía con un rumor, de nítida reverberación literaria, protagonizado siete años antes por otra prostituta, esta de baja estofa, muerta en el mismo solar al estallarle una granada de la guerra. Según Marsé, el hecho real se fundió en su imaginación con el figurado como si fuese su «sombra».

En esas lentas y silenciosas suturas que se producen entre hechos reales y hechos ficticios, en ese artificio, es donde la novela crece. La cuestión es bastante sencilla: cuando un relato adquiere sentido, lo adquiere por su propia lógica de relaciones sencillamente narrativas.

(Josep Maria Cuenca, Mientras llega la felicidad, Barcelona: Anagrama, 2015, p. 390).

Ahí tenemos, creo, una explicación plausible del fracaso de las versiones cinematográficas de sus novelas, que tiene en El embrujo de Shanghái, realizada finalmente por Fernando Trueba —después de que Víctor Erice no consiguiera vía libre para su proyecto—, el ejemplo más enojoso para Marsé. Guionistas y directores se contentan con ilustrar un argumento en apariencia atrayente para el gran público, en vez de re-crear, en términos de imagen, atmósfera y ritmo cinematográfico, ese «sentido» fruto de la conjunción adecuada de las líneas fuertes de la narración.

si te dicen que cai portada libro

El amante bilingüe, una celebrada sátira de la instrumentalización política del catalán por parte de la nueva elite nacionalista ligada al Gobierno autonómico, alberga un significado más complejo del que su argumento da a entender. Juan Marés, un hombre despreciado por su mujer, Norma Valentí i Soley, hija de una adinerada familia catalana, se inspira en la atracción sexual de ella por los llamados charnegos para intentar seducirla fingiéndose un andaluz, remedo de un carismático personaje de su infancia. Marés, dedicado a la mendicidad en las Ramblas de Barcelona, atrae la compasión de los viandantes con hilarantes carteles que describen su condición «mestiza» y que el lector contemporáneo recibió como transparente crítica a la reescritura de la historia perpetrada por la flamante elite del catalanismo institucional. En la novela, el marido repudiado incorpora paulatinamente rasgos de la personalidad ficticia hasta transformarse en el personaje fantaseado, de apellido Faneca (el mismo de Marsé antes de ser adoptado). Se trata de una clara ilustración del símbolo del Animus junguiano que cualquier lector puede entender y asumir como experiencia universal: la posibilidad de autorregeneración. Asimismo, los ámbitos sociales claramente divididos aún en las décadas previas a los Juegos Olímpicos del 92 —el Barrio Chino o barrios bajos de Barcelona y la zona alta con su prolongación en las afueras, donde se erige la Torre Walden, obra de Bofill, entonces arquitecto emblemático de la gauche divine, donde vive el esposo abandonado— no dejan de simbolizar el viaje interior del personaje, sin olvidar el connotado eco histórico ligado a la biografía del autor.

En la adaptación de Vicente Aranda, de 1992, el peso del argumento cae en el intercambio erótico entre el amante bilingüe, interpretado por un joven Imanol Arias, galán de moda de los años ochenta, y la italiana Ornella Muti, mito erótico de la década anterior. Si la novela abunda en el imaginario de Marsé, con sus mitos cinéfilos y héroes populares de juventud, un tópico del afán escapista de las clases pobres en la posguerra española, tópico también de las figuras ideales de emancipación propias de la adolescencia, Aranda confecciona el no menos tópico producto de época que promociona las escenas eróticas como un aporte a la liberación sexual del espectador español. En tal sentido, el espectador es cebado como voyeur de una intriga erótica, con actores famosos y atractivos, que rebaja deliberadamente la intención satírica del relato original perdiéndose también la singular caligrafía narrativa de Marsé.

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