Querida Elena Medel: “chiquitina” no es lo más ofensivo que pueden llamarte

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En el diario El Mundo viene hoy una entrevista con la poeta Elena Medel en que se lamenta del papel ornamental que se ofrece a las mujeres en el ámbito de la cultura española. Con lucidez observa que a menudo era consciente de cumplir con la cuota- mujer que hoy día parece obligada en todo encuentro que congregue a más de dos personas ante un micrófono.

«En los primeros tiempos, los primeros libros y festivales, tenía claro que sustituía a la que había antes y después de mí habría otra. Pero siempre sería solo una. Era jugar al caballo de Troya: aprovechas para dar voz a otras mujeres, aunque sea una clarísima injusticia.»

En otro momento se refiere al adjetivo con que la adulaba-ofendía su interlocutor: “chiquitina”. Admitamos que es tan gracioso como ofensivo y que delimita muy bien en qué consiste de un tiempo a esta parte el diálogo entre alguien que ocupa una posición jerárquica bien o muy bien retribuida y el artista que cuenta apenas con su talento y un reconocimiento a su trabajo siempre voluble. Ese tono de falsa familiaridad, de afectuosa simpatía que se salta a la torera todos los tiempos necesarios para que se construya el vínculo que justifique un adjetivo que, probablemente, ningún crío con capacidad de hablar le permitiría a su abuelo… Salvo que la generosidad de la paga lo justifique. O ni así.

Sin embargo, “chiquitina” no es lo peor que le pueden llamar a una, ni siquiera es preciso que sea artista, basta con que se trate de una mujer en un contexto profesional. Seguro que El Cultural, tan dado a consultar últimamente a sus amigos, no va a preguntar a un listado representativo de mujeres españolas qué es lo peor que las han llamado en el ejercicio de su profesión, y quién ha sido, qué cargo ocupaba, en qué contexto ni qué respondieron.

Días atrás, Cristina Rivera Garza se refería a un artículo dedicado al silenciamiento de la voz de las mujeres y a los diferentes trucos utilizados para torear la igualdad. Tanto Rivera Garza como Medel son autoras reconocidas, en su campo y en su país. Pese a eso, ahí están protestando, sospechando que el oportunismo decide la atención que se les presta. (Aunque, claro, se parte de la necesidad de ser reconocido en determinadas plateas. ¿No será eso lo que hay que discutir ya?)

Hay un dicho que reza “no ofende quien quiere sino quien puede”, de forma que la pupa que haga el golpe recibido dependerá de la vulnerabilidad de la diana y de las consecuencias que entrañe esa vulnerabilidad.

¿Cuántos de esos insultos, adjetivos ofensivos, etc., han salido de la boca de una mujer y aludían a la condición de mujer en su ofensa? Qué interesante sería conocer la respuesta. Tendríamos un mapa del territorio intelectual y cultural del país (que para mí sigue siendo España😉

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