La gestión de la memoria. El archivo histórico de Guatemala en Horacio Castellanos Moya, Francisco Goldman y Rodrigo Rey Rosa, en El Rinconete

Material humano portada

Instituto Cervantes Virtual

Dos novelas y una crónica periodística coincidieron en abordar, con resultados excelentes, el tema de la gestión de la memoria histórica en Guatemala durante su transición de la dictadura militar a la democracia parlamentaria. Se trata de Insensatez (2005), del hondureño Horacio Castellanos Moya, Pero ¿quién mató al obispo? El arte del asesinato político (2008), del periodista y novelista guatemalteco, con residencia en México y Estados Unidos, Francisco Goldman, y El material humano (2009), del narrador y traductor, también guatemalteco, Rodrigo Rey Rosa. Los tres tratan de la violencia, y específicamente los dos primeros contra los indígenas mayas durante la guerra sucia militar —años ochenta y noventa—, un genocidio que fue posible documentar tras los Acuerdos de Paz de 1996, por iniciativa del obispo Juan José Gerardi, asesinado el 26 de abril de 1998.

Monseñor Gerardi protagoniza el reportaje de investigación de Goldman y es además un personaje relevante de Insensatez, aunque no se da su nombre. Castellanos Moya escribe una novela política que es además una historia de terror y delirio, protagonizada por un periodista que asume el encargo de corregir el documento sobre el genocidio de los campesinos, proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica, a cambio de un buen pago. Desde la primera frase, «Yo no estoy completo de la mente», pronunciada por un indígena cachiquel testigo del asesinato de su familia, se produce una identificación con las víctimas cuyo expresivo lenguaje, de sintaxis anticuada, le recuerda a la poesía de César Vallejo. La voz de las víctimas se convierte según esta asociación de ideas en la voz ancestral de la tierra. La inmersión en el relato del genocidio y la conciencia de que la situación política encierra aún peligro para personas como él, con un pasado de oposición a gobiernos militares, sumen al protagonista en una paranoia que los escarceos eróticos con unas españolas no mitigan. El miedo, sin embargo, le salvará la piel pues al abandonar la casa donde realizaba la corrección escapa por poco del crimen que acabaría brutalmente con la vida de Gerardi.

El asesinato del arzobispo es el eje de la investigación de Goldman, en la que desmonta los sucesivos bulos destinados a confundir a la opinión pública hasta revelar la participación de paramilitares en la planificación y ejecución del crimen. El objetivo de este era amedrentar a la nueva democracia y desalentar futuras investigaciones sobre el terrorismo de Estado durante la dictadura. Goldman adopta una actitud beligerante contra las numerosas iniciativas para embrollar la verdad y desprestigiar al religioso asesinado, una posición que resulta también en uno de los capítulos más divertidos del libro, el que dedica a demostrar que el perro del obispo no pudo cometer el asesinato como pretendían algunas fuentes. La prolija investigación llevada a cabo por fiscales y jueces —sometidos a amenazas y obligados a exiliarse en algún caso— saca a escena a un elenco de personajes insólitos en un ambiente religioso y de defensa de los derechos humanos, lo que a la postre aporta mayor credibilidad y atractivo a la historia.

Casi al final de El arte del asesinato político, Goldman escribe:

En otoño de 2005, un enorme archivo policíaco secreto de datos que se remontan a más de un siglo atrás, especialmente rico en información sobre las desapariciones y asesinatos policíacos llevados a cabo durante los treinta y seis años de conflicto armado interno en Guatemala, fue hallado en una vieja estación de municiones, infestada de murciélagos y moho, en la ciudad de Guatemala.

Este archivo es el escenario donde se desarrolla El material humano, novela de Rodrigo Rey Rosa que combina varios géneros literarios, el thriller, el diario personal de tono reflexivo y la novela metafísica. El hallazgo despierta el interés del narrador, el propio Rey Rosa, por «conocer los casos de intelectuales y artistas que fueron objeto de investigación policíaca o que colaboraron con la policía o como informantes o delatores, durante el siglo xx», que comunica al jefe del Proyecto de Recuperación del Archivo. No podrá centrarse en este asunto pero sus averiguaciones le llevarán a descubrir a los responsables del secuestro de su madre, episodio capital en su biografía.

Rey Rosa aborda el período de transición de Guatemala a la democracia parlamentaria en la que también los indios acceden a cargos de representación del país. El archivo guarda la memoria de la represión durante la dictadura militar y representa la construcción de una historia oficial, que revela la ideología dominante a través de la sistematización de la figura del individuo marginal, del excluido social. En esta breve novela Rey Rosa muestra con elocuencia que el archivo histórico es el depósito de la patología del poder. Lo mismo que sus colegas Castellanos Moya y Goldman, hace hincapié en el sentimiento de miedo e inseguridad que padecen los habitantes del país y en la responsabilidad de los sectores enfrentados —militares y guerrilla— en la institucionalización de la violencia y apelan a la necesidad de establecer una verdad documentada independiente de los intereses políticos de los distintos grupos.

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