Propuesta de tesis universitaria: “Cine contemporáneo: Todo lo que Carlos Boyero no entendió”

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Crédito foto : Pedro Camacho

Ha llegado ese momento en que leo los artículos de Carlos Boyero en El País con rechifla. Lo contrataron hace años desde El Mundo para insuflar mala leche e irreverencia a la sección de crítica cinematográfica, en un intento de llenar el hueco dejado por Ángel Fernández-Santos.

Aunque pueda parecer otra cosa, no soy fanática de Pedro Almodóvar; unas películas suyas me parecen mejores que otras, y aun otras me parecen infumables, como Los amantes pasajeros, de la que solo soporté diez minutos. Pero lo de Boyero con él, o contra él, ha adquirido ribetes de comedia bufa, y el artículo publicado sobre la exhibición de Julieta en Cannes es una obra maestra de la animadversión personal. A nadie puede extrañarle que Almodóvar contribuya económicamente en nuevas plataformas de noticias, como El Plural: me figuro que es una manera de asegurarse alguna crítica elogiosa más o menos bien argumentada.

Lo de Boyero, sin embargo, es representativo de cómo y por qué no avanzamos culturalmente en nuestro país -que para mí sigue siendo “España”, pese a quien pese, dicho sea de paso–. Recuerda el cierre de la película Prêt-à-porter, de Robert Altman, donde la periodista interpretada por Kim Basinger se ve arrollada por un concepto de la moda que no logra entender ni explicar, y con gallardía digna de aplauso arroja por fin el micrófono y renuncia, pues lo que ve le parece un insulto a su concepto de la elegancia. El testigo, es decir el micrófono, lo recoge la hija de  Deneuve y Mastroianni, Chiara –que ha estado toda la película ejerciendo de asistente de Basinger, pendiente de todos los detalles–, se planta ante  la cámara para explicar, con conceptos diferentes a los trillados y un vocabulario también nuevo, qué significa “esa moda” indigerible para la generación anterior y que refleja otro modo de estar en el mundo.

No parece que Boyero esté dispuesto a tirar el micrófono, al contrario, ahí sigue endilgando un “mi no comprender”, como si fuese una versión de Clint Eastwood de la crítica cinematográfica, ante películas que son verdaderas obras maestras, como Antichrist, de Lars Von Trier. Estoy convencida de que si una mujer (de edad madura como Boyero) hiciese tal alarde de ignorancia la largarían del periódico de una patada en el culo. Este es un país donde te piden que bajes el nivel y se permite que otros ostenten su empecinamiento en no entender lo que, pese a todo, ocurre ante nuestros ojos, y no siempre en una pantalla.

Desde hace décadas, como ocurre también en literatura, disponemos de bibliografía suficiente a nuestro alcance para rellenar nuestras lagunas de comprensión o de reflexión, bibliografía en diferentes idiomas, material audiovisual suficiente para informarnos cuando por falta de experiencia o de formación académica no podemos comprender o disfrutar de obras que intuimos pueden aportarnos algo. No se trata de volvernos derridianos de la noche a  la mañana para epatar a nuestros vecinos sino de afilar las herramientas que nos permiten comprender mejor nuestro mundo, a nosotros en este mundo.

Pero para Boyero esa información es prescindible mientras se ve a sí mismo como el que cabalga solo… y os dejo completar la metáfora según el tópico del Far West de las películas del sábado por la tarde de nuestras ingenuas (o no) infancias.

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