Volver… uff ufff uff

jose-juani-AF

Cuatro años, antes de la castración, que diría Lacan. Chez le retratista (soy la de la derecha). No pongo la foto por añoranza, la pongo por ironía.

Escribo desde Arles (Francia), desde el Colegio de Traductores, precioso lugar incluso en invierno. Podría extenderme sobre la variadísima météo que he disfrutado estas semanas –llegué el 22 pasado y salgo pasado mañana–, de todo salvo nieve, y todo equivale a un calor de 17º C y el frío de hoy, y el viento, el viento ululando por las noches sobre mi buhardilla con ráfagas de 40 km… pero no es el tema. Tampoco lo es el río y, sin embargo, ahí está el río, el Ródano y su corriente, los paseos, las columnas de piedra, restos de puentes romanos, la librería de ACtes, Sud, los palacios, los argelinos en su propia corriente y el mercado de la avenida Clemenceau, las exposiciones, pocas en temporada baja, aunque siempre hay algo que ver… Ufff,  no, no es ése el asunto. Mi café favorito. No. El asunto es volver.

Volver a Barcelona, ¿volver a qué? ¿Para qué? ¿para comer más mierda? ¿para que todo continúe cuesta abajo? ¿para más ruina mientras no puedo dejar de ver cómo le ceban el ego al otro y a la otra? No hablo de escritores. Me marché pensando que mi único vínculo es, hoy, por hoy, la Deuda (por hablar como Barthes sobre las deudas de Balzac)… las deudas. Solo de dinero. Lo peor es que no se trata de una deuda contraída por mí sino impuesta, pues ni después de beber ginebra de destilación casera sería yo capaz de endeudarme por obras o gastos sin garantía ni retorno. El piso que no puedo disfrutar, la angustia y el sobresalto continuos, etc. etc. El trabajo digno que no tengo, que me quitaron de las manos. Los que se llenan la boca hablando del dinero indecente de los escritores… mientras apadrinan a ventrílocuos sin nada que decir. Necesitaba marcar una distancia con los últimos veinte años, se dice pronto, pero, por vuestros cojones, por las narices de los que no habéis hecho otra cosas que machacarme, por todos los insultos encajados, son veinte años, es más de lo que tarda un chico en sentirse adulto, veinte años es el tiempo de ver crecer a un hijo, son años que tendrían que haber sido de sembrar y recoger de la vida, pues nada, no me han dejado, no me habéis dejado. Y ahí seguís tantos diciendo lo mal que está todo en España.

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El Ródano al atardecer

Desde lejos, desde esa no excesiva distancia en kilómetros pero abismal en lo que hace a referencia privada, he podido comprender qué ha ocurrido, por qué ese fracaso, ese sabotaje, y qué asco da. Como siempre, surfeando entre páginas de internet, leí aquella entrevista a Claudio López en la que se defendía de haber utilizado el término “promotable” cuando pretendía decir lo contrario de lo que se le atribuyó  y esa otra entrevista, reproducida por el Club de Traductores de Buenos Aires, donde vuelve a defenderse alegando que se mantiene a un escritor si “funciona”.

¡”Funcionar”! … ¿qué quiere decir exactamente este verbo en el contexto del circo siniestro de la literatura española? ¿Funcionar como nuestros flamantes académicos –Azúa, Riera, Puértolas–? Cuando todos los editores en los últimos años han demostrado que pueden lograr que “funcione” gente que no interesa a nadie, gente que ni siquiera escribe. Pero, claro, ¿qué novedad es esta? Cuando los editores ponen cantidades de dinero en las cuentas de determinados nombres –cinco y seis cifras, para ser clara– por títulos que no van a recuperar ese adelanto, esa inversión en fidelidad y sumisión, en portavocía de su política audiovisual, financiera, ¿qué importa si un escritor vocacional que sí escribe lo suyo no recupera los 1000 o 4000 euros?

Y, claro, me dije leyendo la desternillante noticia de que Alfaguara se queda con Bolaño, si habéis convertido a un tipo que iba de auténtico y de underground en mercancía de lujo que se rifan los agentes literarios y subasteros que más dólares mueven y  convertisteis a profesionales solventes –como era yo en 1997– en parias, ¿qué quiere decir “funcionar”? Si habéis arrasado territorios completos de reflexión para imponer una visión ultraliberal, neoburguesa, maquillada con fenómenos oportunistas de “izquierdosos de libro posmarxista” que no logran más seísmo que el de propulsarse ellos hacia alguna cumbre de celebridad, más o menos duradera, ¿qué significa “funcionar”?

¿Volver para ver cómo encajar mi realidad en esa realidad paralela que han construido los nacionalistas catalanes que me excluye y me cataloga como ciudadana de segunda categoría sin derecho a nada? Pongamos esta beca: ¿sabíais que un tipo como Llovet, con dos es.pléndidos sueldos de lo público, más ingresos por colaboraciones en prensa, conferencias, traducciones remuneradas –el tiempo libre que les deja la universidad, hay que ver–, puede pedir una subvención a un organismo público para una traducción al catalán y se la van a dar, mientras que yo, por trabajar en castellano, no tengo derecho a nada (pero no renuncian a cobrarme impuestos)? Buscad el listado de nombres que han recibido ayudas a la traducción y a la creación literaria en catalán sufragadas por los organismos de la Generalitat  y colaterales de los últimos treinta años y descubriréis la cantidad de dinero entregado a fondo perdido. Mi beca la ha pagado Francia. Un proyecto, otra forma de considerar eso, un proyecto. Beca modesta, la mitad se fue a España, el banco presionando, sin un céntimo yo. Pues eso, y Llovet pidiendo subvenciones y la Generalitat dándoselas. Ese mundo perfectamente engrasado.

Oh, vamos, ahora decidme que el talento sí, que el talento no. Decidme que el rencor esto y lo otro, que el tiempo pone a todo el mundo en su sitio.

Leed la entrevista a Marta Sanz en JotDown, y luego leed la reseña (por llamarla de algún modo) de Tongoy y la que este mismo dedica al libro de Jesús Carrasco … y espero que tengáis cerca a quien os cierre la boca, que os quedará patéticamemte abierta del pasmo.

Mañana es mi cumple, ay. Veinticinco días no son suficientes para acallar la tristeza y el rencor, para reelaborar como conviene lo de estos últimos veinte años. Aunque al menos, he visto mi vida sin la mierda y la rabia. Puede que sea suficiente.

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