La novela policíaca, género híbrido en La muerte me da, de Cristina Rivera Garza, en El Rinconete

muerte me da portada

El Rinconete- Instituto Cervantes Virtual

La escritora y profesora Cristina Rivera Garza (Matamoros, 1964), con su novela La muerte me da (2008), consiguió plantear una lectura de la violencia estructural en su país, México, que además discute el relato tópico de la violencia. El argumento remite sin mencionarlos a los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, que desde los años noventa han llenado páginas de diarios de todo el mundo y horas de televisión, han inspirado también una extensa bibliografía, con al menos dos libros imprescindibles: Huesos en el desierto, del mexicano Sergio González, y 2666, del chileno Roberto Bolaño. «Los feminicidios de Juárez» se refieren a los asesinatos de ya cientos de mujeres, en su mayoría muy jóvenes, que siguen impunes por más que las investigaciones apuntan de modo concluyente a las mafias del narcotráfico en un buen número de casos. Las víctimas, con un perfil físico y social similar, son asesinadas después de sufrir violación y torturas. Lo que ha sido calificado como «orgía sacrificial de carácter misógino» tiene su contrapunto en una serie de crímenes contra hombres jóvenes de clase media, bien parecidos y de biografía sin relieve «que habían aparecido desnudos y sangrantes sobre el asfalto de la ciudad», castrados. Cerca de la víctima, una nota con versos de Alejandra Pizarnik, poeta argentina que se suicidó un 25 de septiembre de 1972 cuando contaba 36 años. El gran interés de Pizarnik por los poetas surrealistas, a los que tradujo durante su estancia en París, donde conoció a Cortázar y a Octavio Paz, se refleja en sus reflexiones en torno a la posibilidad de escribir una novela sin atenerse a las convenciones del género, tema que estructura la novela La muerte me da.

Rivera Garza escribe un policiaco subvirtiendo, o invirtiendo, los tópicos del género negro, empezando por la feminización de los protagonistas. Así, el primer cuerpo —«cuídate de mí amor mío / cuídate de la silenciosa en el desierto / de la viajera con el vaso vacío / y de la sombra de su sombra», versos escritos con lápiz de labios en una pared— es hallado por una mujer que se llama como la autora y que, como Cristina Rivera Garza, imparte literatura en la universidad y es especialista en Pizarnik. Al denunciar el hallazgo, se convierte en la Informante, tal vez en sospechosa, y da pie a una investigación que queda en manos de la Detective del Departamento de Investigación de Homicidios, personaje tenaz y con una significativa vocación de fracaso. Otro personaje femenino central es la apocada Periodista de la Nota Roja (página de «Sucesos»), que asegura querer escribir un libro sobre el caso de los Hombres Castrados e introduce una nota enigmática en la narración. Valerio, ayudante de la Detective, y el amante de la Sonrisa Iluminada, son los perfiles masculinos. Su aportación no es racionalista o científica sino sensual e intuitiva. Todos ellos son descritos fragmentariamente, sus propios cuerpos parecen porciones elocuentes de un todo que resulta inconexo al chocar contra el enigma de los asesinatos. La castración feminiza a la víctima, como la propia designación de «víctima», insiste en decir la narradora.

En La muerte me da el género de la novela policíaca es un pretexto para indagar en las manifestaciones del deseo sexual como pulsión de muerte, como castración implícita del otro. No en vano el verso completo que da título al libro es «Es verdad, la muerte me da en pleno sexo». La estructura de la narración, cediendo la voz a los distintos personajes, incluidas la voz de la asesina a través de unos textos enviados a una modesta editorial especializada en poesía y la voz reflexiva de una ensayista que trata de la obra de Pizarnik, escapa del policíaco convencional, que santifica la violencia estructural de las sociedades modernas escudándose en una banal filosofía estoica.

La narración parece a ratos confusa pues introduce elementos surrealistas, pero si el lector tiene presente el «holocausto» de las muertas de Juárez, La muerte me da resulta ser la historia inversa de la violencia de género en México.

Rivera Garza baraja múltiples significados en su relato, pues se diría que al presentarse como el personaje que halla el primer cadáver, la lista de sospechosos de la Detective apunta a la culpabilidad de los escritores e intelectuales por no cuestionar las convenciones de la narración de la violencia. La escritora mexicana invierte todos los términos de la novela negra: el crimen no es exclusivamente un caso policial sino una performance, una escenificación artística que debe leerse como se lee la poesía. El apego al fracaso de la Detective sería un indicio de su temor a que la resolución de los crímenes ofrezca una imagen de la realidad inaceptable.

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