Lectura recomendada: dossier sobre la represión franquista en Letra Internacional

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DESMONTANDO EL FRANQUISMO

La violencia en la crisis final del franquismo. Las respuestas del Régimen

Gutmaro Gómez Bravo

Las consecuencias económicas de la Guerra Civil española a través de los informes diplomáticos franceses

Francisco Alía Miranda

La inacabable posguerra: depuración de funcionarios en los años cincuenta. El caso de jueces y fiscales

Mónica Lanero Táboas

Psiquiatría republicana versus psiquiatría franquista. Rupturas y continuidades

Ricardo Campos

Muy interesante el dossier central del último número de la revista Letra Internacional (de la Fundación Pablo Iglesias), que recoge una serie de artículos bajo el título “Desmontando el franquismo“. El dossier, a partir de un congreso realizado no hace tanto tiempo, demuestra que los periódicos actuales parecen existir sobre todo para marear la perdiz y confundir, entretener y angustiar al personal. Me ha interesado sobre todos el dedicado a la psiquiatría en tiempos del primer franquismo, también por las conclusiones que cabe extraer respecto de las nuevas modalidades de abordaje del malestar de hombres y mujeres en la actualidad, un abordaje que no reproduce menos la ideología represiva dominante –de ahí que a mí la pseudoterapia con Miquel Bassols me fuera bien por lo contrario de lo que él pretendía: abusó de tal modo de mi natural docilidad y buena fe, con las visitas interrumpidas de modo arbitrario, los silencios absurdos, los más absurdos aaajjáaa, mientras mi vida perdía sus coordenadas, que consiguió convertirme en indócil definitivamente y, en lugar de atarme a su sillón,  me despedí de él, tras más de un año de vaciamiento, flaca como una escoba, trabajando en tareas en la periferia de la literatura que no me aportaban ni dinero suficiente, sojuzgada por una cuadrilla de amigos y de recién llegados superficiales y narcisistas y con el presente invadido por recuerdos abrumadores de un pasado que no era del todo mío, pero lúcida como para despedirme con el contrato masoquista de Sacher Masoch, pues sus cláusulas reproducen perfectamente las condiciones en que se desarrollaban las sesiones con Bassols (ni diagnóstico hizo, pese a tener delante unos síntomas más que claros: una mujer aún joven deshecha en lágrimas, chorreando sangre por la nariz cada dos por tres, con la vida destartalada por un puñado de desaprensivos, intentando tapar las goteras con las manos). Bravo, bravo, me digo cada vez que tropiezo con su nombre o su foto en periódicos y revistas. El tópico de que la palabra cura es, en determinadas circunstancias, una guasa. Si a las palabras no las acompañan una realidad coherente con ellas y unos afectos sin coacción, estamos una vez más en el terreno de la ficciones personales.

sacher

Sacher Masoch & Fanny Pistor (1869)

Mi esclavo:

Las condiciones bajo las cuales os acepto como esclavo y os sufro junto a mí son las siguientes:

Renuncia totalmente absoluta a vuestro yo.
Fuera de la mía, no tenéis ninguna voluntad.
Sois entre mis manos un instrumento ciego que ejecuta todas mis órdenes sin discutirlas. Si en algún caso olvidárais que sois mi esclavo y no me obedeciéreis absolutamente en todo, tendré derecho a castigaros y a corregiros a mi capricho, sin que podáis osar quejaros.
Todo cuanto os conceda de placentero y feliz será una merced de mi parte, y por consiguiente deberéis recibirlo con gratitud. Obraré siempre sin culpa hacia vos, y no tendré ningún deber.
No seréis un hijo, ni un hermano, ni un amigo; seréis tan sólo mi esclavo yaciendo en el polvo.
Al igual que vuestro cuerpo, vuestra alma también me pertenece y, aunque llegárais a sufrir mucho por ello, deberéis someter a mi autoridad vuestras sensaciones y sentimientos.
Me está permitida la más grande crueldad y, si os mutilo, tendréis que soportarlo sin quejas. Deberéis trabajar para mí como un esclavo, y si me sumerjo en la frivolidad librándoos a la privación y pisoteándoos, tendréis que besar sin rezongos el pie que os haya pisoteado.
Podré despediros a toda hora, pero vos mismo no tendréis derecho a dejarme contra mi voluntad; y si alguna vez huyérais, me reconocéis el poder y el derecho de torturaros hasta la muerte utilizando todos los tormentos imaginables.
Fuera de mí, no tenéis nada; para vos, lo soy todo, vuestra vida, vuestro futuro, y vuestra fortuna, vuestra desgracia, vuestro tormento y vuestra alegría.
Deberéis ejecutar todo cuanto yo demande, esté bien o mal, y si exijo de vos un crimen, tendréis que volveros criminal para obedecer a mi voluntad.
Vuestro honor me pertenece, así como vuestra sangre, vuestro espíritu, vuestra energía de trabajo. Soy vuestra soberana, dueña de vuestra vida y de vuestra muerte.
Si en algún momento no pudiéseis soportar más mi dominación y vuestras cadenas se os hiciesen demasiado pesadas, tendréis que daros muerte: jamás os devolveré la libertad.

‘Me obligo bajo palabra de honor a ser el esclavo de la señora Wanda de Dunaiev, por entero como ella lo demanda, y a someterme sin resistencia a todo cuanto me imponga.’

Doctor Leopold, caballero de Sacher-Masoch.

 

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