El sentido del tiempo en la narrativa de Javier Marías: Negra espalda del tiempo y Así empieza lo malo, en El Rinconete

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Michel Fassbender llega a casa por Navidad en la última adaptación al cine de un Shakespeare

Aquí está el primero de dos artículos dedicados al tratamiento del tiempo en la narrativa de Marías. En su momento me gustó mucho Negra espalda del tiempo, y no tuve con quién compartir mis impresiones porque en mi entorno nadie lo había leído, y quienes sí lo leyeron no entendieron ni gota del asunto de la autoficción. Se le recriminó mucho la vanidad y etcéteras habituales. Releerlo me ha dado más razones para justificar por qué me gustó ésta más que otras obras suyas: entre otras cosas, por cómo se demuestra que un escritor puede hacer siempre de su capa un sayo, como también hiciera la Duras, descontenta con la adaptación al cine en clave lolitera de su L’Amant. Vi la adaptación de Gracia Querejeta del episodio extraído de Todas las almas y no entendí cómo no consiguió el escritor que retiraran su nombre de esa película infumable.

El Rinconete del Instituto Cervantes

El escritor madrileño Javier Marías (1951) cuenta con una ya extensa obra narrativa marcada intensamente por la figura del dramaturgo inglés William Shakespeare. A menudo los títulos de sus novelas son citas de alguna de sus obras de teatro, como los dos mencionados aquí, que proceden respectivamente de La tempestad y de Hamlet.

Sus novelas más conocidas a menudo tienen de protagonista a un varón madrileño que comparte rasgos de la personalidad y experiencia del escritor, detalle que induce a confusión a algunos lectores ingenuos, quienes entienden el relato como una biografía disfrazada de novela donde únicamente los nombres de los personajes son ficticios. La influencia de la cultura británica no se reduce al eco persistente de Shakespeare sino que se extiende a los paisajes, la literatura y la historia del Reino Unido, y también a la evocación y el comentario del idioma —que Marías domina en su condición de traductor—.

El recurso narrativo de dotar a un personaje de novela de rasgos reconocibles de la persona real que firma el libro es característico de la «autoficción», subgénero muy en boga en la novela española contemporánea, que en el caso de Javier Marías supone una reflexión en torno a qué es ficción —versus historia y realidad— y de qué modo el tiempo –el histórico, el de la memoria, el de la imaginación— es el aliado de la ficción.

En Negra espalda del tiempo (1998) desarrolla ampliamente estas ideas. El reverso del tiempo —«The dark backward and abysm of time»—, su negra espalda, allá donde cree el narrador —esta vez, sí, el propio Javier Marías— que se agazapa lo no ocurrido, la vida que quedó interrumpida o lo que no consiguió cuajar en la realidad, pero también el pasado y sus versiones, son los ingredientes que nutren su narrativa. El pretexto del relato es la confusión creada entre su biografía real y los hechos narrados en su novela Todas las almas (1989), ambientada en Oxford, poblada de personajes inspirados en profesores de la Universidad que fueron sus colegas durante su estancia allí y otros habitantes del lugar a los que atribuyó rasgos y experiencias inventadas, como hizo también al trazar su propio perfil. Esta confusión y los fastidiosos sinsabores que provocó inducen a Marías a comentar los pasajes más polémicos, incluida la fallida adaptación cinematográfica de un episodio de la novela por la cineasta española Gracia Querejeta. Éste y otros episodios o percances, como la ruptura con su editor barcelonés y el cáustico retrato que hace de él, bien sean inventados o recreados desde el recuerdo, los incluye Marías en una reflexión de alcance más amplio sobre la memoria, la historia, la ficción y sus esquivas fronteras. Sus elucubraciones se hilan con dos de sus leitmotivs favoritos: el azar que determina los destinos, para truncarlos o para rescatarlos del olvido, y el tema de literatura y fantasma.

Los personajes que ilustran tales ideas en Negra espalda del tiempo, como John Gawsworth, Wilfrid Ewart, Stephen Graham, Oloff de Wett, conforman una galería de hombres de vidas abundantes en peripecias con fuertes dosis de heroísmo, pasión aventurera, bibliofilia y fantasía. Gawsworth, personaje real y rey de la isla de Redonda, cuyo «gobierno» ostenta hoy Marías; Ewart, el escritor que falleció en México alcanzado por una bala perdida durante la celebración del Año Nuevo de 1923; de Wett, mercenario que se presenta ante Franco para ofrecerle su colaboración en un extravagante proyecto que ha de rendir a los soviéticos, conviven en el relato con viejos amigos del escritor —Juan Benet, Francisco Rico— y miembros de la familia ya fallecidos, como Lolita, la madre, o el pequeño Javier, el hermano que le precedió y no llegó a conocer, en cuya evocación se trenzan reflexiones sobre la vida no vivida que, pese a todo, existe de algún modo en esa «negra espalda del tiempo»; ideas que coinciden asombrosamente con la definición que la moderna física cuántica da de los universos paralelos.

La narrativa de Marías eclosiona en los primeros años de la Transición, aunque sus obras más famosas, desde Todas las almas y Corazón tan blanco a Mañana en la batalla piensa en mí, se publicaron entre 1989 y 1994. La reiteración de un conjunto de temas conforma algo más profundo que un espacio escapista, burgués y erudito, habitado por héroes y fantasmas de corte decimonónico o intelectuales liberales remisos a la acción.

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