Cuando no quiero llorar lloro y a veces me río sin querer

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Foto: Le Figaro

Contemplando el panorama de lo que da en llamarse realidad y así se traslada a los diarios, me muevo estos días entre la perplejidad y el desconcierto –sí, es una franja de emociones muy escueta, pero la estrechez se compensa con la intensidad: estoy muy perpleja, muy desconcertada–. Primero porque a todos los diarios les ha dado por copiar el diseño y a menudo no sé qué cabecera estoy leyendo, excepto cuando paso por El español, que tiene un diseño en vertical. (Pero ¿quién quiere leer nada que dirija Pedro Jota? ¿Quién puede querer escribir en la hoja de alguien que estuvo intoxicando al país cuando los atentados del 11 M?) Enseguida me doy cuenta de que da lo mismo qué diario lea porque, efectivamente, al margen de lo molón que sea el diseño de página, cuentan lo mismo y con muy similar punto de vista. Encima, han bajado el nivel de calidad no solo de los textos sino sobre todo de la selección de los asuntos a tratar. Leo tal mal llamada noticia –lo que no muchos años ha daba en llamarse “frikada”–, y me pregunto: ¿pero qué sandez es ésta? Consulto qué cabecera es y, oh perplejidad, es La Vanguardia.

Trato de sacarle partido a las fotografías con los nuevos programas -Lightroom , etc–, y me dejo los ojos en la pantalla, así que no tardo en encontrarme con una conjuntivitis aguda de las que me llevan a urgencias un sábado por la mañana, el colirio que me recetan me hace llorar sin yo quererlo. Me asomo con precaución a la “realidad” de los diarios y leo entre lágrimas antibióticas algo así como que los cuatro gatos de la CUP y los novecientos aspirantes a la presidencia del Parlament se plantean que haya ¡cuatro presidentes!, ésta es la única fórmula de consenso que han encontrado para impedir que Artur Mas sea otra vez presidente de la Generalitat. Y me echo a reír. ¡Yo me pido primavera! No puede ser, es demasiado divertido, es demasiado gracioso. ¡Menos mal que se llaman Junts Pel Si! Se supone que son adultos. Se supone que trabajan, que han elaborado un programa político y económico y hasta alguno cultural, que van a sacar a la población de la crisis que está retrasando el desarrollo de España y reventándole las vidas a millones de personas, se supone que tienen la solución a la crisis multiforme que aqueja al territorio. Pero hoy solo parece que ha habido un trasvase de los guionistas del programa satírico Polònia a los escaños del Parlamento catalán.

Cuando los artífices del desaguisado leyeron en titulares su propuesta, se dieron cuenta de que era demasiado cómica y que, al paso que van, y al que no van, podemos terminar como Bélgica, que tras las últimas elecciones no fue capaz de formar gobierno (y no sé si aún continúan en la misma airada vacilación). Retroceden los catalanish en su ocurrencia de una “presidencia colegiada”. A día de hoy, el cargo de Presi sigue vacante. Si te detienes a recordar que una porción significativa de este Parlamento llevó a juicio a los que los abroncaron a las puertas del Palacio en el parque de la Ciudadela — para evitar a la plebe radicalizada, colérica, y en algunos casos violenta, el presidente llegó ¡en helicóptero!–, que una larga lista de casos de corrupción tramada por políticos y empresarios afines que han saqueado prácticamente todos los organismos públicos o que beben de lo público, está pendiente de ser desenmarañada, se te saltan las lágrimas.

Para más inri, días atrás al salir a la calle en Barcelona se percibía una pestilencia extraña. Olía a basura podrida más que a excrementos, o a tubería de obra abierta, a terreno removido y abonado. De golpe, salimos de una historieta trágico-satírica –la anarquía siempre ha sido y será el sistema (el anti-sistema) de gobierno ideal para Barcelona– y entramos en un relato alegórico, entre Boris Vian, Saramago, Cortázar y algún norteamericano visionario de los 70 (Philip K. Dick o Asimov o C. Clarke). Alguien estaba gastándole una broma sucia (muy sucia) a la alcaldesa Ada Colau –imaginé a Trias riéndose con su risa pequeña coreado por los magnates que administran las ya malas aguas de la Ciudad Condal–, a menos que algún agente radical extranjero se hubiese propuesto aniquilar a la población de la capital catalana dispersando en el aire un patógeno mortífero –más fulminante que la contaminación y el smog, se entiende–. Escuchar a los hombres y mujeres del tiempo, tan pulcros y tan orgullosos de sus jergas, admitir que ignoraban el origen del mal olor —la forta pudor que se sent d’origen encara desconegut…— te llevaba sin remisión a un capítulo cualquiera de una serie de moda. La distopía es el presente, muchachos.

Unos días antes había tenido lugar en París la cadena de atentados en la sala Bataclan, en los bistrots del X y el XI, y, en respuesta, la serie de decisiones militaristas de Hollande y su cuadrilla. El estado de excepción, el estado de sitio, el estado de emergencia… Un policía francés describió la escena de cuerpos tendidos tras la masacre en la sala Bataclan como “el infierno de Dante”, y yo suspiré pensando en nuestros policías y en los policías norteamericanos que acribillan a negros por la espalda de 16 balazos, finos lectores todos que también acuden a Dante cuando se quedan sin metáforas para describir lo indescriptible.

En Facebook y demás sucursales de las emociones brutas hubo un estallido global de superioridad moral con una ágil competencia para ver quién se compadecía antes y más a fondo de las víctimas de los países tercermundistas. –¿y qué me dices de los tantos muertos turcos que reventaron ayer? ¿Por qué no te dan pena los de Tailandia, chica? ¿así que solo puedes llorar por los de París porque desde Nueva York solo te parecen próximos los occidentales? ¿sabías que Daesh (¡Daesh! pronuncia ese nombre de marca de detergente con intensidad de experto en política exterior) ha matado sobre todo a musulmanes? ¿y los niños kamikaze de Sudán del Sur? ¿y los palestinos? ¿y los bebés sirios? ¿y los refugiados cubanos aparcados en la frontera de Colombia? ¿y el supermercado de Kenia? ¿y el hotel de Mali?–. Claro que el debate también parecía un remake de La vuelta al mundo en 8 atentados.

Charlé por teléfono con un amigo al que la noticia de la masacre de París le pilló de boda, con el consiguiente cortocircuito mental. Es un militante de la buena vida civilizada, muy viajado. Confesó que empezaba a sentir algo de miedo. Notó que no me alteraba. ¿Es que tú no tienes miedo? No, respondí. Pensé en mis vecinos, en algunos editores con los que trabajé. Pensé en el atentado de Hipercor. En los controles de policía en la Diagonal no hace tantos años. En éste y en la otra. Me da más miedo la gente que me ha arruinado, la verdad, le dije. No dije: Siento pánico por lo que pueden hacer personas cuyos nombres y apellidos tienen fonemas que no me cuesta pronunciar.

También es una cuestión de narrativas. La gente se chuta infelicidad a través de la televisión y los média y así llevan años comiendo con el careto de Rajoy y su troupe El circo del Terror, que dejan a los Ángeles del Infierno convertidos en chavalotes traviesos.

En vez de leer al tonto de Houellebecq deberían haber leído ya a Paul Virilio, Los títulos de sus ensayos son elocuentes. Pero los franceses han preferido correr a comprar París era una fiesta, de Hemingway. Pues la verdad es que sí, que a Obama su segunda legislatura le ha salido redonda.

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4 comments

  1. felix guillen · diciembre 3, 2015

    leyendo lo del policía francés y el “infierno de Dante” me vino a la cabeza un artículo de Félix de Azúa de 1986 que acabo de encontrar. Lo adjunto. Se explican muchas cosas. Un saludo.
    http://elpais.com/diario/1994/05/22/opinion/769557610_850215.html

    • Liu · diciembre 3, 2015

      Gracias Félix por el comentario y el adjunto. Sí, el artículo está muy conseguido, pero Azúa hace trampa en su traducción. “Injonction” quiere decir simplemente “orden” y “obtempérer”, “obedecer”. Por desgracia, creo que desde el 94, tiempos gloriosos de M.Azúa en el Cervantes de París con un salario de nivel, Francia ha perdido un poco de su famosa excelencia. A mí me da miedo que un mendigo lea a Derrida: ilustra lo inútil que es para la supervivencia este tipo de lecturas. Los ricos leen a Coelho, uff!

      • felix guillen · diciembre 6, 2015

        Hola. Efectivamente no existe la palabra “inyucción” en español (creo) y la traducción de “injonction” sería, en derecho, “conminación”. Creo que por eso Azúa aclara diciendo “La conminación, leída en correcto castellano, pierde mucho empaque y toda su autoridad, pero gana en inteligibilidad”. Independiente de eso, Francia no desde el 94, más bien desde el 81, cuando el Sr. Mitterrand llegó al poder empezó a perder todo de su famosa excelencia. Se cuenta y no se cree, pero cuando Giscard d’Estaing dejó la presidencia de la República, Francia era la tercera economía del mundo (por delante de Alemania). A partir de ahí, las pre-jubilaciones insostenibles, la inmigración incontrolada, las cargas sociales a asumir por las empresas (con el no va más de las 35 horas semanales), hicieron el resto. Y ya ni la comida es lo que era. Tengo un hijo alemán y le he intentando enseñar lo que es una “brioche” y es imposible encontrar una, no decente, sino comestible. Y encontrar un pan francés decente, tarea imposible. Con respecto a Darrida, lo meto en el mismo saco que Houlecq y toda esa bola de impresiona-paletos, filósofos franceses de última generación. Lo siento, me crié en Tours en el Departamento del Indre-et-Loir, que no deja de ser la tierra de Balzac, Descartes y Rabelais y antes escuchaba a todo el mundo muy respetuosamente. Me cansé de la bobería. Ahora ya no paso ni una. Saco el filtro y se acabó. Cambiando de tercio: me encanta tu discurso, tu blog y cómo escribes. Ánimo que terminarás ganando. Un saludo.

      • Liu · diciembre 7, 2015

        Hola Félix

        Gracias otra vez por el comentario. Derrida se me hace pesado, pero Deleuze, Virilio o Baudrillard tienen libros de verdad sagaces y hasta clarividentes. Respecto al hundimiento económico de Francia, puede ser cierto pero Francia también ha gestionado muy mal su vida poscolonial. De haber invertido en los países saqueados durante la colonización, otro gallo le cantaría ahora. En cualquier caso, Francia continúa siendo más respetuosa con las mujeres y con la inteligencia de las mujeres que España en términos de políticas de igualdad. No soy de las que andan poniendo a caer de un burro a los hombres, de todos modos. Ojalá se cumpla tu vaticino favorable hacia mí, pues llevo diez años verdaderamente catastróficos y de no ser por internet no sé por dónde respiraría yo. Saludos y suerte con los brioches. Es duro competir con los panes alemanes hoy día 😉

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