La mujer torera en Hable con ella, de Pedro Almodóvar, y en Blancanieves, de Pablo Berger, en El Rinconete del Instituto Cervantes

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Macarena García, torera en Blancanieves de Pablo Berger

El Rinconete

La afición a la fiesta taurina en los últimos años ha pasado de ser mayoritaria a interesar solo a un grupo de población formado por expertos… y por turistas. Las campañas contra el maltrato a los animales han sensibilizado en su contra a la población joven, lo mismo que la asociación que algunos establecen entre toros y cultura española, atraso socioeconómico y franquismo. La figura del torero tiene por estos factores escasa presencia en la cultura moderna o aparece connotada negativamente. Más insólita aún es la presencia de la mujer torera como protagonista de un argumento de ficción de cine o literario.

Y, en medio de este desvanecimiento de una figura totémica de nuestra cultura, dos películas españolas de éxito, obra de dos directores vinculados a la modernidad europea, Pedro Almodóvar y Pablo Berger, eligieron la figura de la mujer enfrentada al toro como foco argumental. Hable con ella (2005) y Blancanieves (2012), una singular versión en blanco y negro del cuento infantil, ambientada en el mundo del toreo en la Sevilla de principios del siglo xx.

Junto a las obvias diferencias de estilo y de enfoque que oponen a Almodóvar y a Berger, ambos coinciden de modo sorprendente en presentar a una joven torera que se enfrenta en una corrida a un toro bravo y que termina postrada en cama en estado de coma. En Blancanieves, tras una corrida triunfal en que el toro es indultado por su tronío, la joven torera (Macarena García) cae víctima del veneno que su madrastra (Maribel Verdú) ha inyectado en la manzana con que la halaga entre la multitud eufórica de la plaza.

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Los enanitos toreros en Blancanieves

Ambos directores aciertan al desplegar en imágenes el simbolismo asociado al toreo y a la fiesta española como imagen de trascendencia personal y de ofrenda del propio valor a una figura querida. En Hable con ella, la torera Lidia (Rosario Flores), hija de un banderillero que soñó con ser matador, rinde su suerte a la figura del padre ya fallecido y al dilema amoroso —que opone a un periodista que le ha dedicado un reportaje y a un famoso matador, el primero que aceptó compartir cartel con ella, gesto que contrarrestó el machismo imperante en el toreo—. En Blancanieves, la muchacha llega a torear en la plaza de la mano de una troupe de siete enanos toreros que la rescataron en el bosque, donde yacía inconsciente luego de ser asfixiada por orden de la madrastra.

La película de Berger relata en tono de melodrama de principios de siglo xx, salpicado del encanto de los cuentos de hadas, la orfandad de Carmen, hija de una bella cantaora y de un famoso torero —Antonio—, que quedó impedido al sufrir la embestida del último toro en una corrida que estaba siendo gloriosa hasta el segundo fatal en que lo deslumbra el flash de un fotógrafo. La cantaora pierde la vida tras el parto y la niña queda al cuidado primero de la abuela y, al morir ésta, de la madrastra, en una gran casa donde es relegada a tareas de servicio. Despojada de los signos femeninos superficiales —pelo largo, ropas bonitas—, metáfora de la castración que le impone la vanidosa madrastra, la niña puede ser, cuando por fin encuentra al padre inválido, el niño que hereda el arte con el capote y la imagen fantasmal de la madre muerta.

También Almodóvar juega con la ambigüedad sexual cuando retrata a Lidia vistiéndose de luces y subrayando su cuerpo de muchacho, viva imagen de Manolete.

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Rosario Flores, la torera Lidia en Hable con ella, de Pedro Almodóvar

Será en compañía de los enanitos, actores en la típica charlotada de las ferias de pueblo, como la adolescente Carmen, que ha perdido la memoria a resultas del ataque, se lanzará a torear una vaquilla para convertirse muy pronto en la figura del grupo, goloso botín para un apoderado sin escrúpulos, como quiere el tópico. En el encuentro con el toro bravo, en una plaza que la vitorea, la muchacha recupera a ráfagas su identidad sugiriendo así, como también hace Almodóvar, que el cuerpo tiene memoria e inteligencia independientes de la conciencia. La memoria del padre la convierte, como fantasma que alcanza la mente consciente, en torera cabal: en ella revive y triunfa el torero derrotado.

No por casualidad, en Hable con ella, el hospital donde yacen la torera Lidia y la bailarina interpretada por Leonor Waltling se llama El Bosque. Las dos bellas durmientes esperan al príncipe que las despierte, igual que Blancanieves aguarda encerrada en su urna el beso que la arrancará del sueño envenenado de la madrastra. El psicoanálisis de los cuentos de hadas refiere que este sueño es el de la pubertad anterior a la madurez sexual y en estas dos películas vemos que la transgresión de ocupar el lugar masculino, siendo el torero una de sus figuras emblemáticas, es castigada y las muchachas devueltas a su condición femenina, marcada por la pasividad completa del coma.

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En coma, imagen de Hable con ella

Berger actualiza el cuento de hadas manteniendo la crueldad de los originales clásicos. Almodóvar presenta aquí sus característicos dilemas morales y tramas edípicas encarnadas por personajes ambiguos —como Benigno, interpretado por Javier Cámara—, que confunden a un público mayoritario y autoindulgente, incapaz de entender más allá de las apariencias de desgarro y humor grueso del director manchego.

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