Los cuentos fantásticos de Marina Perezagua, la fuerza en la fragilidad, en El Rinconete del Instituto Cervantes

Leche-portada

Instituto Cervantes virtual

El cuento fantástico posee, si no unas reglas propias, sí unas fórmulas y unas inercias, unos leitmotivs que llegado el caso se repiten como una mecánica que nos permite reconocer a su autor. Así ocurre con los cuentos de la locura del francés Guy de Maupassant, y cada lector tiene seguramente sus escritores favoritos del género.

La sevillana Marina Perezagua (1978) en sus dos libros de relatos, Criaturas abisales (2011) y Leche (2013), consigue crear un mundo que se constituye a la vez con ingredientes de fantasía, que podemos calificar de oníricos si buscamos dónde descansar nuestro desconcierto o nuestra inquietud, de invención postapocalíptica, y de realidad cotidiana desbordada hasta alcanzar un perfil surreal o terrorífico (Bodas de oro; De la mar el tiburón, de la tierra el varón).

Si bien los relatos de Leche en su construcción y desarrollo muestran mayor aplomo que los que integran el primer volumen, ambos comparten rasgos que demuestran que no son únicamente obsesiones personales y estéticas en busca de un concreto impacto en el lector, como exige el cuento fantástico, sino una senda muy original que lleva a un tipo de reflexión que la sociedad contemporánea rehuye.

Marina Perezagua aborda sus temas con desenvoltura y un humor pérfido que no propone complicidades baratas con su lector. Parece trasladarnos a un planeta distinto del que habitamos, o a momentos de nuestro mundo ya devastado, donde se emplea nuestro idioma solo para permitirnos algún acceso a unas coordenadas, formas de relación y usos del cuerpo diferentes de los nuestros. Lo que sorprende es la pericia de la autora para evocar desde esos mundos raros y autónomos los vicios mentales de nuestro mundo.

El asunto más llamativo que Marina Perezagua trata es el de la morfología de los cuerpos y el uso que damos a nuestros miembros. En ambas colecciones se observa cierta recurrencia del pecho, la leche, el pezón, más en su función nutritiva que expresamente erótica, sin negar ésta (Homo coitus oculares). Puede amamantar la mujer, como propone la naturaleza, pero también el hombre, cuando el afán de supervivencia despierta instintos insólitos de pertenencia a la manada (Leche, La loba). En otros relatos, los usos sorprendentes de cuerpo delatan formas de locura de los personajes que, al ser descritas con toda su plasticidad y la naturalidad del que vive inmerso en ella, produce una eficaz conmoción, que sitúa su narrativa siempre fuera de tópicos y de reacciones previsibles.

Cuando el relato trata de las relaciones sexuales o familiares, se desliza sin rubor hacia imágenes de canibalismo, de posesión visceral o de aniquilación que oscilan entre la hipérbole de lo infantil y el misterio; resulta especialmente sagaz al construir fantasías de un Apocalipsis grotesco, como en Caza de muñecas, donde los padres emprenden la «cacería» de estos juguetes, a los que atribuyen la obscena inspiración que padecen los más pequeños, transformados en contorsionistas capaces de posturas sexuales pasmosas. Las consecuencias de la cacería invitan a una reflexión sobre los límites de la corrección política.

El relato donde se concentran las cualidades de Marina Perezagua es el titulado «Little boy», el primero de Leche, y el más largo de la recopilación. Aquí convergen todos sus temas: el género, el Apocalipsis, el precio a pagar por la destrucción del medio ambiente y la independencia de la identidad sobre el cuerpo. Resulta conmovedor sin ser sentimental, sugerente y a la vez valiente en su forma de relato de horror narrado en el tono ecuánime de la crónica periodística. Este relato sensacional trata de los efectos de la bomba de Hiroshima sobre la superficie física de los cuerpos y plantea una oposición tácita entre los valores occidentales, con su énfasis en el tener, y los orientales, que subrayan el ser. Marina Perezagua discurre sin dogmatismos sobre las ambigüedades de la identidad sexual, un tema que conecta con los más novedosos planteamientos en la teoría literaria, que recientemente han empezado a profundizar en la figura de los transgénero

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s