Francisco Casavella, crítico literario: «Elevación, elegancia, entusiasmo» en El Rinconete del Instituto Cervantes

elevacion elegancia entusiasmo -portadaLa crítica literaria que practicó Francisco Casavella (Barcelona, 1963-2008) está lejos de la seriedad académica y es tan deliberadamente subjetiva como antidogmática. Es enciclopédica y desprejuiciada y muestra una alergia perenne a quedar secuestrada por la devoción a sus ídolos literarios, cinematográficos o musicales. En su evolución se advierte antes una maduración de su expresividad —los artículos de su primera etapa, cuando es un veinteañero, a menudo son hilarantes en su descaro, pues se dirige a un grupo afín con el que comparte tics y jerga— que un cambio de intereses. Estos, en cualquier caso, se amplían y se expanden desde Barcelona, con sus «señoritos» bien dibujados por Juan Marsé, a territorios exóticos como Israel y el conflicto palestino, el orientalismo de Edward W. Said, el ensayo sobre literatura poscolonial en el ámbito español, etc. Si parecen intereses más serios es porque expresa sus valoraciones y juicios sobre los libros que reseña o las películas que comenta con un despliegue de cultura que no permite al lector tomarlos por ocurrencias de narrador freak. Lo mismo trata de la literatura clásica española —del Lazarillo a Garcilaso de la Vega— que de Balzac, Steiner, los narradores británicos contemporáneos o la rumba catalana.

Como tantos escritores de su generación amantes del underground y de la literatura pop de los años sesenta y setenta, es un experto en la narrativa norteamericana tanto de calidad como de serie B. Puede hablar en profundidad de la «novela conspiranoica» fruto de la Guerra Fría y distinguir entre la excelencia de Philip Roth y Don de Lillo, de Saul Bellow y Norman Mailer, y la influencia ejercida por un autor de culto pero menor como es el muy plagiado Philip K. Dick. Dirige dardos contra los best sellers a lo Código Da Vinci, que compara con el Club Dante y El nombre de la rosa, en su construcción, intenciones y resultados.

No perdona una al director de cine Steven Spielberg, en sus ataques a Munich (sobre la creación del primer grupo terrorista israelí para vengar la matanza en las olimpiadas de 1972) y a La lista de Schlinder es a la vez didáctico y desternillante. La generación española que ha tomado el relevo de los temas queridos de Casavella ha hecho un tópico cansino hablar de las imbricaciones entre las series de televisión y la gran literatura clásica. Pero Casavella no cayó en la tentación de cargar de seriedad el entretenimiento televisivo; su admiración por series como Los Soprano o El ala Oeste de la Casa Blanca, su crítica al peligroso (y divertido) efecto mimético que provocó el doctor House entre los médicos españoles, o el repelús que le provocaba la serie española Periodistas, siempre guardaban relación con lo que el escritor barcelonés pedía a la ficción: una verosimilitud valiente, un efecto dinamizador capaz de elevar el espíritu y animar a la acción. Para que ningún año fuera mediocre.

El conjunto de sus artículos y ensayos quedó recogido en 2009 en el volumen titulado Elevación, elegancia y entusiasmo, que el autor de Un enano se suicida en Las Vegas adoptó como divisa de lo que deseaba transmitir mediante una voz especialmente recreada para cultivar este género. Publicó asiduamente en el suplemento literario del diario El País, Babelia, y empezó a velar sus armas como crítico joven y feroz de música rock y pop en revistas underground de los años ochenta, también tuvo su espacio en la revista Rolling Stone, siendo ya una firma respetada dentro del circuito. El escritor que cambió su apellido, García Hortelano, para no cargar con el peso, y el mérito, de emular al autor de El gran momento de Mary Tribune, llegó a la literatura hechizado precisamente por la novela del escritor que no quería ser. Como crítico, no solo ofrece el punto de vista de un escritor que reivindica las periferias —geográficas y artísticas— también nos muestra cómo perfilaba la voz, la estética, la moral y las fidelidades que alimentaron sus novelas, desde El triunfo a El día del Watusi.

El Rinconete – Instituto Cervantes

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Francisco Casavella Foto: El País

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