Estoy leyendo… Miami de Didion, Martínez de Pisón, Mendicutti

pierre et gilles --calendario kitschPierre & Gilles. Soldado soviético

Releo Enterrar a los muertos, de Martínez de Pisón, que me parece de nuevo una crónica excelente de los episodios históricos ligados a la desaparición del traductor y profesor en la John Hopkins, José Robles Pazos. No soy capaz de imaginar cómo ha podido recibir esta obra un ferviente comunista, considerada la vara que reciben los soviéticos, pero me parece extraordinario, de nuevo, el control que Martínez de Pisón demuestra aquí sobre la marea de documentos y testimonios, así como sobre el tempo de su narración para conseguir una línea de suspense que se mantiene en alto. Lo hace incorporando al final del primer tercio y al final del segundo dos revelaciones clave. El período que va desde la proclamación de la República hasta el final de la guerra y la diáspora de los republicanos en sus diferentes exilios es un asunto que me conmueve desde siempre. Es un período en que siento que me asomo a la vida de mis abuelos, que cobran vida los álbumes familiares de pequeñas fotografías en blanco y negro, que se ponen a caminar los retratos colgados de las paredes del piso de  Valencia, que tomo conocimiento de lo que no pudieron contarme al morir demasiado pronto.

robles pazosRobles Pazos

Picoteo –pues no dejo de sentir cierta culpabilidad por tanta diversión– en la hilarante Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy, de Eduardo Mendicutti, con una portada muy ad-hoc de la Santa María Magdalena obra de los fotógrafos más queer del mundo, Pierre & Gilles (aún guardo un calendario suyo excelsamente kitsch). Mendicutti narra las peripecias de Rebecca de Windsor, una morrocotuda transexual, que decide hacerse santa antes de que la vejez la alcance y logra desde el principio enrolar en su aventura al bello y bien musculado Dany, alma afín. Desde las primeras páginas parodia a nuestros santos místicos, es decir, San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila; quien no esté familiarizado con ambos quizá no pille la mucha gracia y el descaro de Mendicutti. Por supuesto, en otros tiempos tal parodia le habría costado la excomunión -si no la cárcel– al escritor gaditano, pero lo bueno de nuestros tiempos irreverentes es que nos queda la complicidad del guiño literario. Otrosí: me siento vengada por Mendicutti de la tremenda decepción que me llevé cuando supe –clase de 2º de BUP, 16 años, afrancesada militante: he ahí mi coartada– que versos de amor tan bellos eran de carácter místico y, por lo tanto, que el Amado era Dios. No pude abrir la boca en la semana que la profesora dedicó a San Juan de la Cruz. Qué desperdicio de talento, qué, qué…

sueño dorado

Por último, leo Los que sueñan el sueño dorado, de Joan Didion. Llevaba tiempo buscando su muy famoso y discutido Miami y supe que algunos fragmentos se habían traducido e incorporado a esta recopilación. Empecé, por lo tanto, por el final. Me pareció que supedita su inteligencia a los efectos de estilo, pero a pesar de que se trata de un fragmento y no del reportaje entero, me interesó la coincidencia de su mirada al exilio cubano en Florida y a sus maloshumores frente a los diferentes gobiernos estadounidenses, con la tesis que Don de Lillo desarrolla en Libra, sobre la figura de Lee Harvey, el presunto asesino de J.F. Kennedy. De otro lado, me pareció que la distancia temporal que nos separa desde la publicación original impide que el lector español –salvo que esté personalmente involucrado en las geografías o acontecimientos que se relatan– se maneje con libertad de juicio. Había tenido yo acceso a varios ensayos y artículos críticos que discutían a fondo las tesis de Didion. Me gustó especialmente uno en que un joven de Florida se planteaba averiguar qué había de cierto en las afirmaciones de Didion sobre Miami o qué quedaba de ese Miami de atentados y conspiraciones anticastristas, y llegaba a la conclusión de que, al margen de sus brillantes exposiciones y de su celebrado estilo, había exagerado. El resto del volumen me parecía desigual y sin demasiado interés argumental para mí –no dejé de pensar que Didion era coetánea de mi madre y que por lo tanto tenía cierta gracia saber qué estaba haciendo en tal año en California o en Nueva York mientras mi madre y Brigitte Bardot y Sofía Loren, todas de la misma edad, se ocupaban en tal o cual otra cosa en Francia y en Italia–. Es decir, un interés anecdótico y cierto pasmo ante su abordaje a la figura de los Reagan –ni menciona que la crisis económica de los 80-90 vino de sus políticas de desregulación de los mercados– hasta que llegué al capítulo Viajes sentimentales, que se centra en la violación de una “mujer blanca, soltera” en Central Park en 1989, por un grupo de chicos de color. El análisis que hace Didion de la manipulación mediática del asunto de la violación de esa mujer joven y triunfadora que representa a la vibrante capital del mundo me parece extraordinario. Por un lado, pensé que debería leerse en paralelo al reportaje que Gay Talese dedicó a Lorena Bobbit, la temperamental mujer que le cortó el pene a su marido en un ataque de celos, en Vida de un escritor. Por otro, me pareció paradójico que se incluya este reportaje, prolijo y muy crítico con la conciencia burguesa de la ciudad, con sus distintos espejismos y narraciones, mientras en España el tema de las violaciones es o bien tabú o se considera a las víctimas como “mercancía averiada” y ningún intelectual de relieve, que yo sepa, ha discurrido con inteligencia y profundidad sobre un asunto que no es en modo alguno insólito como lo es el ataque de tiburones a bañistas de la Barceloneta.

La indigencia literaria e intelectual de la España contemporánea radica justamente en esa incapacidad de abordar racionalmente un hecho tan frecuente como es la violación o los abusos sexuales de menores. Esa incapacidad, si no es pereza, para escrutar el hecho en sus mecanismos y no en sus anécdotas. De hecho, estaba tan convencida de que ese silencio es, hasta donde yo sé, un tabú de aquí que, indagando en la web, encontré, entre otros, dos extensos dossiers en francés dedicados a analizar los efectos de la violación desde un punto de vista psicoanalítico, estudios que se habían confeccionado uno de ellos en Francia, donde el psicoanálisis tiene una larga tradición, y un segundo ¡en Argelia!… donde como recordará quien haya llegado hasta estas líneas, los islamistas, pero no sólo ellos, durante la llamada segunda guerra de Argel, en los noventa, recurrienon a la violación de las mujeres como arma de intimidación.

Me di cuenta de lo mucho que me irrita este silencio días atrás en un sueño donde un grotesco, envejecido y borracho Felipe González, en plena campaña electoral, se dedicaba a abrazar a todo el que se le ponía por delante. Deshaciéndome de su abrazo apresuradamente –¿qué hacía yo en Madrid?–, le echaba en cara su silencio sobre este tema y que ni una sola vez en tantos años ningún programa electoral haya aluddido seriamente al “asunto”.

En fin, el sueño será grotesco, y contarlo no te digo, pero en medio de lo grotesco, la sórdida verdad.

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