El pastiche literario en los cuentos de Pilar Adón, en El Rinconete del Instituto Cervantes

Pilar_AdónPilar Adón

Pilar Adón (Madrid, 1971), novelista, poeta y traductora, cultiva un estilo narrativo desacostumbrado en la narrativa española contemporánea, que puede definirse como un pastiche de las novelas clásicas del siglo xix y principios del xx: Edith Warthon, Henry James, Virginia Wolf, E. M. Forster, Chéjov… El pastiche es, por definición, un ejercicio de estilo con el que un autor evoca conscientemente, a través de la imitación, los temas, la retórica y los recursos estilísticos de otro u otros autores. En la narrativa de Adón, el pastiche tiene voluntad de extrañamiento y de homenaje al modelo, de tal forma que cuando el estilo es muy próximo al original objeto de su imitación, como en la novela Las hijas de Sara, el lector se sentirá atraído o no por el progreso del relato en la medida de su afición a la novela decimonónica. En Las hijas de Sara (2003), la escritora muestra un dominio técnico del estilo imitado, pero la fidelidad al modelo le resta naturalidad, al punto que puede tacharse de manierista. En los relatos reunidos bajo el título El mes más cruel (2010), en cambio, Adón consigue que el tono literario no ahogue el interés de sus inquietantes argumentos.

En El mes más cruel la galería de personajes y los ambientes evocan las clásicas novelas de los autores antes citados. El conjunto de relatos se atiene a la descripción que el novelista J. M. Coetzee hace en Juventud acerca de Henry James: «lo único que se les exige [a los personajes] es que mantengan conversaciones supersutiles que desencadenarán minúsculos trasvases de poder, cambios tan mínimos como invisibles para todos excepto para un ojo experimentado. Cuando ha tenido lugar el número suficiente de tales cambios, se revela que el equilibrio de poder entre los personajes ha cambiado de modo repentino e irreversible» (p. 244).

Son las protagonistas mujeres reflexivas, angustiadas, y a menudo también histéricas, pues sus sentidos se ven sobreexcitados por acontecimientos que las rebasan y parecen absortas en analizar adónde las conduce esa efervescencia sensorial. Focalizan su inquietud en una imagen obsesiva o metaforizan la típica angustia de la mujer muy joven en imágenes de metamorfosis paralizante (un árbol, por ejemplo, en El infinito verde). Son mujeres jóvenes que huyen, que se expresan con frases bien articuladas para hablar de un mundo de obligaciones femeninas que existe en paralelo al mundo real, subordinado a él. Si son víctimas de la violencia, no es solo de la masculina sino de la que impone el control que el grupo social pretende ejercer sobre sus sentimientos. Los protagonistas masculinos también padecen una exaltación inconfesada, como en Culto doméstico, excelente relato sobre un joven rico trastornado por la experiencia africana, donde la luminosidad del paisaje y la liberación de tabúes se conjugaron para deslumbrarlo.

Aunque la escritura evoque el estilo pasado, sin grietas que delaten las gramáticas del presente, es la actitud de Adón como narradora, su buen dominio no tanto de la frase como del fragmento y de la intensidad conseguida con un acertado uso de la elipsis, el aspecto más revelador: para ella, el sentido de acciones y sentimientos está en el juego de fuerzas entre los personajes. Algunos cuentos se dejan leer como fantasía y como alegoría —Los fumigadores o El infinito verde—. La estilización del pastiche es la astucia perfecta y su control de la intriga le hace preferir no tanto el acontecimiento dramático como su efecto en personajes y ambientes. Adón desarticula el sentido de la acción y de los sentimientos de los personajes como el científico que necesita una mínima muestra del cuerpo investigado para averiguar todo cuanto necesita saber de él.

Huyen sus personajes de algo que los atemoriza y huye la propia autora de la tradición del realismo sucio, a la moda del momento en que empieza a publicar. Hay héroes que alcanzan la cumbre de su heroísmo en el fracaso o en la renuncia a sus auténticos deseos (Marcel Berkowitz). Hay seres extraños que terminan ansiando la violencia indiferente de lo real más que la protección viscosa de los seres queridos (El fumigador).

En otro orden de cosas, la selección de temas que practica Pilar Adón supone una llamada de atención sobre los intereses culturales impuestos. Aunque lo propio del posmodernismo es la coexistencia de todos los estilos, la apropiación de todas las tradiciones y su reactualización —y eso es lo que también hace la escritora madrileña—, aquí aparece una reivindicación, no una nostalgia, de otra forma de mirar a hombres y mujeres. Antiproductiva y minuciosa, romántica y cruel, Pilar Adón es del todo contemporánea porque señala cómo la tradición, no solo literaria, pervive disuelta en el presente.

Rinconete- Instituto Cervantes

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