La bajada de tarifas del grupo Penguin Random House… hay muchas maneras de bajar tarifas

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Traductores agachan la cabecita foto: A cup of Jo

Sigo el blog del Club de Traductores Literarios y, aunque no estoy nada de acuerdo con sus posturas contra el español de España, y ciertas actitudes, que ahora es farragoso detallar, en torno a las traducciones procedentes de la Península –en realidad, creo que proceden la mayoría de Cataluña y podrían ser mejores si no hubiese bajado tanto el nivel de lengua en términos generales–, simpatizo mucho con la propuesta global que refleja el sitio y su brioso administrador.

Así que fue a través de ellos como me enteré de la decisión unilateral que ha tomado el grupo Penguin Random House (antes Mondadori) de bajar las tarifas a traductores -parece que previamente ya lo ha hecho con los correctores– y se hacen eco del tibio –muy tibio- comunicado que la Asociación de Traductores Españoles ha hecho el esfuerzo de publicar –qué graaaaaaaaaaaaan esfuerzoooooooooooo, por una vez– mostrándose, naturalmente, en contra.

Podéis leer el comunicado en el enlace y también en la página de la asociación. A menos que seáis uno de los traductores afectados o participéis de la lista de correos de la ACETT o tengáis algún tipo de vínculo con ellos, difícilmente obtendréis información relevante. No da la cifra impuesta, ni calcula el porcentaje de la rebaja ni a cuántos profesionales afecta. Hay otras preguntas que, creo, pondrían en perspectiva la situación.

Primero, si el nuevo gran grupo es el primero o el último en bajar tarifas –recuerdo aquí que marché de ACETT porque en 2009, en pleno colapso piso euríbor disparado-obras locas en la finca -pie posoperatorio, Elisabet Navarro, de Paidós, me dijo que iba a bajarme la tarifa -creo que 1 euro por cada 2100 caracteres, en una tarifa de base ya muy baja– alegando 1) que para mí traducir es fácil; 2) que si la crisis. Me negué –ella sabía que no me lo podía permitir– y súbitamente no había más traducciones para mí. Lo comenté antes en la lista de ACETT, y aunque era una situación que iba a generalizarse –la mía no era la tarifa más alta en Paidós, y estaba dentro de la media general a nivel de España–, se lavaron las manos, mientras nuestro “cuerpo diplomático” se paseaba por las editoriales para negociar el porcentaje de la cesión digital, un asunto que no se dirimió entonces sino que finalmente se ha producido un acuerdo de porcentajes dentro de una horquilla de poca variación.

Lo llamativo de la redacción del comunicado es que parece un manifiesto de adhesión a los problemas que algunos esquimales tienen, pobres, con los pingüinos –¿y cómo se me ha ocurrido a mí esta comparación?– en una tierra inhóspita, parece, pero muy muy remota. Los párrafos finales dicen:

«Por esa misma razón, ofende oír –(¿oír?)– que se nos pida aumentar el esfuerzo cuando los indicadores empiezan a cambiar, y cuando esos mismos indicadores señalan que los principales beneficiarios de ese cambio son las grandes empresas, algunas de las cuales, como la propia PRH, se han embarcado en una política de expansión que no es compatible con la reducción de ingresos de quienes les proporcionan la materia prima de sus beneficios. Los traductores no podemos ser el precio de un crecimiento al que tanto estamos ayudando.

Una política de bajas remuneraciones solamente puede redundar en un empeoramiento del producto que llega a las manos del lector.  El profesional que cobra menos es un profesional que tiene que trabajar más horas para mantenerse, y eso solo conduce a un descenso de la calidad, al que los traductores nos negamos por razones éticas, profesionales y culturales.

Por todas las razones expuestas, ACE Traductores expresa su rechazo a las medidas de bajada de tarifas, e insta públicamente a Penguin Random House a que reconsidere tal decisión y la revoque

Lo lees desde Mondadori, digo PRH, y del miedo ya no duermes, tan amenazadores los translators, tan cargados de acciones ofensivas para contrarrestar la “decisión unilateral” del grupo que se ha gastado dinero en comprar los escritores españoles de otra cuadra –Alfaguara– porque en tantos años como quince no ha sido capaz de construir la propia.

La situación pide no solo un debate en profundidad sino un cambio completo de perspectiva. Dicho de otro modo, o nos miramos en lo que lleva haciendo Francia –donde el grupo Planeta (Editis) no ha logrado alterar el panorama de la profesión– y se crea un sindicato de y para la gente de Letras con recursos para defendernos o se perderá lo poco conquistado en la profesión.

Al que lee esto desde fuera de la profesión seguramente le conviene saber que la ayer Mondadori sí actualizaba tarifas cada año (no te cubría de oro, pero el gesto te salvaba la dignidad) y se tramitaban las facturas en orden (siempre y cuando acertaras con las fechas de emisión). Señalo este punto porque algo que aborrecí de la lista de la ACETT era la manía de demonizar a las editoriales y a los editores a bulto, como si fuésemos caperucita (y no personas adultas viviendo en una democracia con derechos adquiridos y capacidad para negociar) y dejarte, a continuación, peleando en solitario y con todas las de perder cuando surgía un conflicto real. Me marché de ACETT cuando una traductora, que había asumido en su momento, sin que nadie la obligara, tareas de representación me despachó con que no podía ocuparse del asunto de Paidós –contactar con la editorial y darles a conocer la LPI; discutir el tema bajada de tarifas por grupo de traductores afectados, como hacen en Francia, por ejemplo–, porque ¡tenía que ocuparse de su familia!

Por todo esto, me interesa saber 1) si esta bajada llega cuando ya todos han bajado –me figuro– o se adelanta al resto de editoriales grandes y es una invitación a que hagan lo propio de forma que el gremio entero de traductores –excepto los llamados traductores-estrella o los que trabajan para organismos y agencias con ingresos más potentes– resulte definitivamente proletarizado cuando no reservado a personas que cuentan con un sueldo fijo –profesores de secundaria, de universidad, rentistas, herederos–.

2) si esta tibia intervención de la asociación como tal significa una ruptura respecto a la actitud de avestruz de años anteriores. Sea como sea, el comunicado tal como se presenta es un sarcasmo para quienes hemos tenido que torear sin capote.

3) si se ha bajado el sueldo a editores y empleados con nómina. En qué porcentaje. ¿Y esas risas?

4) si los traductores y la asociación van a hacer algo más que lanzar esta llamada a “revocar” la decisión de la multinacional. Si pueden o van a tomar medidas legales contra esta decisión “unilateral” (que muestra al mundo hasta qué punto está en pelota el traductor corriente).

Hay otros modos de bajar la tarifa sin cambiar la cifra de pago: retrasar el ingreso. Adrede y para fastidiarte la insubordinación (cualquier gesto de existencia independiente, entiéndase) como hacía Joan Eloi Roca, en Planeta No-Ficción. O con algún truco administrativo (“tienen que darme el código para que puedas emitir la factura”). Consideradas las cifras que mueve un traductor –incluso en libros largos o con tarifas decentes–, el retraso exaspera y los intereses que pueda dar ese dinero van a la editorial. Otro modo de devaluar la tarifa es exigir al traductor que realice tareas que no le corresponden, y que no constan antes en el contrato (para no firmarlo, por ejemplo, y pasar a otra editorial, o negociar de antemano las condiciones) como introducir en ordenador las correcciones sobre papel sin remuneración –como exigía Magrinyà, de Alba Editorial. Un reclamo al que, por la información que tengo, nos hemos negado los traductores que no tenemos un sueldo más en casa que nos permita regalar graciosamente nuestro tiempo (tanto menos con títulos intrascendentes).

Demasiadas exigencias para unos muertos de hambre, ¿verdad? Bien, ahora dime cuántas empresas editoriales, incluidas agencias literarias, NO se han ido al traste en los últimos años por jugar a vender contenido barato, por rebajar costes por las bravas (tarifas mínimas, sin correcciones) y a buscar lo ultracomercial o gran público. Que hayan caído por no cuidar la calidad sé de una, dos, tres, cuatro, cinco, seis…

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