Marguerite Duras después de publicar L’Amant, entrevista de Bernard Pivot

El mítico programa de entrevistas de Bernard Pivot, Apostrophes, acogía a Marguerite Duras tras el fenomenal éxito de L’Amant (1986). No estoy muy segura de que las traducciones españolas le hayan hecho justicia a Duras. Aquí, un Pivot joven, entusiasta, encantador sin pretenderlo –la propia escritora lo califica de très charmant–, pregunta con total naturalidad por cuanto despierta su curiosidad y su sorpresa. Duras, contándolo todo con plena conciencia de su posición extraña en el mundo de las letras francesas, habla de los años en la colonia de Saigón, de la locura de la madre y, naturalmente, del amante chino, del alcoholismo y de su escritura, de las palabras por delante del estilo. Hay personas que creen que escriben, sentencia, y hay personas que escriben. Sin pretextos.

Ella resulta más penetrante y certera que nunca, me parece, cuando se refiere a los años en que abrazó el comunismo por pura desesperación y que se trataba, como en tantos casos, de una forma de ocultar una desolación personal en una estructura política. En la biografía de Lacan, Roudinesco relata, y es un detalle que quedó marcado en mi memoria, cómo el psicoanalista trató en los años convulsos en torno al 68 a jóvenes a los que gracias al psicoanálisis logró apartar de la tentación de lanzarse a  la lucha armada. Ya conocemos –nunca del todo– qué ocurrió en los años de plomo en Italia, en los años de máxima ebullición de Eta, los Frap, etc.

La posición política de Marguerite Duras no es imprecisa, y discute muy bien cómo se trató con mayor condescendencia a los comunistas –pese a que ya se sabía lo del Pacto Germano-Soviético, dice, y la destrucción de Polonia, y la traición del 36, etc.– que a los colaboracionistas, ¿por qué tal dureza con Brasillach? pregunta. La figura de este escritor, fusilado por colaboracionismo con los nazis, despertaba controversia. Era tan joven, afirma Duras. Esa manera de ponerse a sí misma en el centro de la diana.

Un buen rato para olvidar a todas las Maria de la Pau Janer y Etxebarrias de nuestro panorama.

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