2005 – Carta protesta a Pere Gimferrer por el premio Planeta a M.P. Janer / no toda la mierda es suya

mierda en el zapato

En los próximos días voy a ir subiendo a este blog muestras de cómo me han reventado la carrera profesional (por no hablar de la personal). Empezamos por la carta que envié al editor Pere Gimferrer por el monstruoso premio concedido a la ineptitud de Pasiones romanas de la Janer. Ya que hay quien afirma que ningún periodista cultural ha protestado por estos escandalosos chanchullos, que conste que yo sí lo hice –me llamó por teléfono Gimferrer, muy divertido por la carta que consideró “muy vehemente”; estuvo justificándome la decisión, la novela “le había gustado”; respondí protestando sin dar mi brazo a torcer y ese episodio puso fin a mi trato con él. Por poner en antecedentes, mi relación laboral con Gimferrer que arrancó en el 90, al salir yo de TV3, fue siempre excelente, a pesar de que me asignó una tarifa miserable en las traducciones que hice para Seix Barral y que no se me brindó la ocasión de leer las correcciones, si es que se hicieron, un gasto que justificaría la tarifa de aprendiz–, excelente en buena parte porque siempre consideré el nivel de su erudición –impagables sus peroratas con los pies por alto de la mesa en su despacho– un plus añadido al muy mal pagado trabajo free-lance. A día de hoy aún me cuesta ponerlo a caer de un burro si lo comparo con la mezquindad de editores (hombres y mujeres) que he tratado posteriormente, que en términos de cultura –por no hablar de ética– no tienen lecciones que darle. La cosa se empezó a torcer cuando me contactó después de publicada La mentira –-que le había gustado bastante, dijo– para ofrecerme lecturas en la editorial. Aseguró que querían crear un comité de lectura pero que los únicos lectores “inteligentes” que quedaban éramos otra chica y yo. Entonces había ingresado Basilio Baltasar como editor, quien nos “probó” con una novelita bien escrita pero concebida desde una sentimentalidad de los años 50, de una escritora de nuestra misma edad (around 35) que años atrás había escrito algo bastante mejor. Ni la otra lectora –catalana– ni yo nos sometimos y escribimos en el informe que la novelita no iba acorde con los tiempos y que no recomendábamos su publicación. La sacaron adelante y, para no variar, María José Obiol que desde Babelia por entonces parecía empeñada en defender la literatura femenina con reseñas que interpretaban lo femenino entre lo bobo y lo sublime, obviando cuestiones sociales problemáticas y la teoría literaria entera, la salvó.

La otra lectora fue contratada como editora de mesa. Tras serme presentada por Gimferrer, lo primero que hizo cuando empezamos a charlar fue ponerlo de vuelta y media: trataba mal a los empleados de la editorial, era despectivo, etc. Protesté diciendo que a mí siempre me había tratado bien, respondió que porque yo le gustaba –sin connotaciones segundas: no hay ni que decir que jamás hubo un palabra en tono equívoco–. La conversación era, por su parte, la cháchara habitual femenina que aborrezco, con confidencias que nadie pide –tenía  por amante a un hombre casado, la vida sexual no era gloriosa (llegué a la conclusión de que mientras la mayoría nos echábamos un amante por mejorar nuestra vida sexual las había que lo hacían por viajar en barco), pero se llevaban bien. Se quejó de todo, yo supuse que para que no le envidiara un puesto que no podía no parecerme apetecible. Conmigo jugó siempre al “tengo de todo pero no tengo nada”, un juego que invita a dar bofetadas. No puedo entender, dicho sea de paso, que de una editorial en castellano se ocupen un/a catalanoparlante. Se suponía que era poeta –como su amante, un poeta instalado en el poético sistema de prebendas de la Generalitat– y como tal se presentaba a premios de poesía en lengua catalana. Concurrió a los Juegos Florales de ese año no sin antes contactar, me dijo, con un amigo que casualmente formaba parte del jurado. Quedó segunda. Se embolsó 500.000 pesetas. Lo destinó a pagar obras de la finca. (¿En serio alguien puede creer que estos datos son su intimidad? ¿acaso no está la verdadera intimidad de esta mujer en el impulso que la movió a dar estas explicaciones no solicitadas a una desconocida?) Me fue entregando lecturas –en francés casi siempre, en cantidades absurdamente altas al mes– y un día insinuó que en la editorial tendían a quemar a los colaboradores, que Baltasar un día cualquiera podía decir “a éste no le des más lecturas”. Supuse que era lo que me esperaba a mí y como no le veía interés a informar de libros que, si eran de calidad, serían publicados por Anagrama, que no andaba corta de dinero, me descolgué de la colaboración (si fueron ellos los que prescindieron de mí, no lo noté). No sé por cuánto tiempo continuó esa joya en Seix Barral pero no le perdoné a Gimferrer que la avalara. Éste, para excusarse, atribuía a Baltasar todas las decisiones. La otra lo tildaba de cobarde. Creaba un magnífico ambiente de derrota y resignado cinismo que, muy probablemente, solo le resultaba ventajoso a ella.

Por cómo se me trató a mí, el montaje en torno al Planeta de los cien millones colmó el vaso. Lo cierto es que, desde la publicación en Mondadori, tuve que tragarme toda la mierda que me pusieron en el plato. Cuando yo me buscaba un hueco respirable, siempre aparecía el listo de turno, con grado universitario en el extranjero, a usurpar el sitio.

Lo pueril del juego editorial está en esa marca constante del ego

He leído el post de la Patrulla de Salvación donde relatan que Juan Marsé se quejó de que el comité de lectura del premio lo formaban ineptos. Recuerdo cuando Planeta NoFicción contrató la “obra” de Mendiluce, el estado original del manuscrito “El amor armado”, las horas que dediqué a reescribirlo, y su decepción cuando quedó finalista del Planeta en lugar de ganador. Cuando la Janer salió vencedora, en el Culturas no quisieron ningún artículo que hablara del tejemaneje que la había llevado desde Espasa al supermillón del premio. Si es cierto lo que cuentan que el míster Planetarius le leyó la cartilla al conde Godó, no hay que buscar más porqués. No os quejéis, entonces, si hoy regresan los autores de la Transición: es que luego los editores arrasaron la literatura española.

jane-planeta

Una foto histórica: la mirada de Marsé y de Posadas. De culo, M. P. Janer con su trofeo. Foto: V.G. El País

Barcelona, a 10 de noviembre de 2005

Apreciado Pere Gimferrer,

Le escribo para hacerle saber mi sorpresa y mi disgusto por que un escritor como usted haya apoyado un libro como el que acaba de ganar el Premio Planeta, Pasiones romanas, de M. P. Janer. En noviembre de 2004 la editorial Espasa me envió desde Madrid para que lo informara un manuscrito firmado con seudónimo y titulado “Situaciones relativas” cuyo argumento coincide exactamente con el que refería este miércoles el Culturas [La Vanguardia] en la reseña del Planeta firmada por Sònia Hernández. En el informe que yo redacté ya dejé claro que me parecía una novela mala, pésima, y tengo entendido que Espasa la descartó. ¡Y ahora veo que gana nada menos que el Planeta con cien millones de pesetas y que Janer le presenta a usted como su principal respaldo literario! También entiendo ahora la irritación de Juan Marsé y la cara de circunstancias de Carmen Posadas y Rosa Regás. Es que ésa es una novela horrorosa, de estilo rancio, de las que se leen preguntándose a cada página qué tipo de inteligencia puede engendrar algo tan casposo. Estoy convencida de que si no llevara la firma de alguien conocido como en este caso Janer, esa novela habría sido descartada en una primera lectura por la editorial Planeta y sin duda por usted en Seix Barral.

La conclusión que saco es que o bien usted no la ha leído, cosa que dudo porque suele tomarse la molestia de leerse todo –lo cual es de agradecer–, o bien las servidumbres de trabajar para el grupo Planeta le atan hasta el extremo de bendecir una obra que parece un culebrón de TV3 sólo porque la presenta una mujer con cierta proyección mediática. Desde luego entre El vano ayer, a cuyo autor dice usted haber descubierto, y ésta hay distancias siderales.
Creo que el hecho de que haya sido usted la primera persona con la que he trabajado en el medio editorial desde que dejé TV3 explica mi decepción y justifica esta carta. Entiendo además, por qué mi “carrera” en Seix Barral ha sido tan pobre. No se puede quejar usted de carecer de interlocutores como hizo en una conversación telefónica conmigo y aupar a autores/autoras que ni siquiera saben qué es verdaderamente la literatura porque si lo hace dará a pensar que son los motivos ajenos a la literatura los que toman las decisiones por usted.

Atentamente,

María José Furió.

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