Meapilas y lamerrabos y además … Javier Marías y Padura y la arquitectura cubana

nycblizzard-Vincent Mounier

Foto: Vincent Mounier Blizzard (2010) Nueva York

Qué fríooooo. ¿En serio que este frío no es delito? ¿Lo habéis  comprobado en el nuevo código penal? Debería prohibirse que en el Mediterráneo se alcancen estas cifras escandalosas: ¡¡9º C a mediodía!!!  ¡¡¡ -2º de mínima!!! ¿Qué es esto? ¿Nueva York? ¿Copenhague? ¿Oslo?

Brrrrrrrrr. Parece que no consigo activar mis neuronas blogueras. Son tantas, tantas, tantas cosas las que habría que comentar y corregir en el panorama español, que ¿por dónde empezar?

Uno: me decidí a escuchar a Pablo Iglesias vía youtube. No terminé la película. Que va de seriu? ¿Este es el líder carismático que ha puesto patas arriba a la izquierda? Soy consciente de la campaña que están llevando a cabo los diarios españoles para contrarrestar su pujanza –en El Confidencial hablaban de “Frente Popular” esta misma semana; cuadrados los tienen, sí, también yo lo pensé–, por no mencionar la revelación de la movida del dinero venezolano de Monedero –, pero ¿no deberían ser más solventes en la formulación de un programa? No pido que se afeite la cabeza al estilo del nuevo star de la política europea, el nuevo ministro griego de Economía y Quiebras. Entiendo que no pueden andar prometiendo en serio la renacionalización de las compañías eléctricas y otros suministros, pero cargándose a Izquierda Unida le hacen un favor a los partidos de derecha.

Otrosí: Oír a estos mozos de Podemos invocando a ¡Antonio Machado! ¡Cervantes y el Quijote! ¡León Felipe! viene a respaldar mi convicción: es URGENTE modificar y modernizar el contenido de la asignatura de Literatura Española de la Enseñanza Secundaria. Esa reforma lleva 25 años pendiente. La literatura española está en decadencia no solo por la intervención de los malos editores; los programas de literatura española están desfasados. No me imagino a ningún político francés de cualquier partido mayoritario citando los Lais o a los poetas provenzales porque su conocimiento de la literatura se limite a lo que pudo pillar en el  lycée.

Hablando de lais y de poesía provenzal. También yo leí las loas a Lara. ¡Ay! (suspiro de asco, de agotamiento, de ruina, de rencor: un suspiro poliédrico). Me hicieron gracia la mayoría de panegíricos: estómagos agradecidos. Meapilas, lamerrabos. Besando las manos del cacique: aquiescencia, de hinojos, de vuelta a casa cargados de premios literarios, aguinaldos, cargos de autoridad, departamentos editoriales, billetes de avión, maquinitas de Nespresso, huevos y tomates de la huerta del padrone –como en El día de la lechuza, la pobre Claudia Cardinale temblorosa por si su marido fue o no muerto por los esbirros del modesto y generoso hortelano–. Y Évole, genial: que Lara garantizaba la pluralidad porque invertía a derecha, a izquierda, en el centro, por arriba y por abajo. ¡Muchacho! Si eso es pluralidad, definamos de nuevo la palabra. Me imaginé a Lara elevándose por los aires rumbo al Juicio Final, y ya plantado delante de diospadrenuestroseñor, espetándole con la franqueza que aseguran lo caracterizaba: “¿Por qué ocupas mi sillón?” Y Dios: “Nada, te lo estaba calentando mientras llegabas”. Lara, ya en sus dominios –que comprenden el Cielo, y todos los cielos adyacentes, los infiernos todos con todos sus círculos, y el Limbo plagado de angelotes ojipláticos: “¿Tú aquí?” Lara, les arroja como a gallinas o a pajarillos hambrientos algo que saca de los bolsillos rumbosos: “Os traigo chuches, de parte de Rajoy”. Desciende por fin a los infiernos, donde su lugarteniente Lucifer espera tembloroso, como finiquitado director de departamento comercial, su presencia. “¿Qué tal se portan?” es lo primero que pregunta Lara. “¿Esos?” inquiere Lucifer con ansias de ganarse la palmadita afabilísima en la espalda ardiente: “Según lo previsto”. En uno de los círculos más hediondos se apiñan gimoteantes todos los escritores y editores que vendieron su alma por un plato de langosta (con otros ingredientes dignos de interés, de los que no puedo dar detalles pues lo mío no es la cocina, sorry). Condenados por los siglos de los siglos a escribir y a editar una y otra vez los libros que pergeñaron, sentados en sillas cuyas patas se hunden en un bancal de mierda que cien diablos menores retiran a paladas, también eternamente cae sobre sus cabezas bendecidas por el don fáustico de la codicia la mierda con la que traficaron por unos días de gloria que, ay, pasaron.

Ay, no es fácil. No es fácil ser beata y recitar beatamente el rosario de virtudes ad-hoc cuando has trabajado con los peores editores de Barcelona, los de las editoriales fagocitadas por Planeta. Salvando a Silvia Iriso, en la editorial Crítica, que tiene bagaje y criterio, han sido una banda de desaprensivos. Otro de los detalles cómicos entre las loas y alabanzas: que salvó a tantas editoriales que se hundían. Vamos a ver, si somos idiotas o solo lo parecemos. Ahogas a la competencia y, cuando ya está tragando agua, le compras el negocio por unos chavos para la jubilación del pionero. Este te besa los pies y recita mientras se santigua un “no es tan fiero el león…” El pueblo llano –asalariados, colaboradores externos–, por su parte, contiene el aliento y contempla la guillotina que asoma en el horizonte. Han sido leales servidores de la mugre y, más que eso, han imaginado antes que el gran jefe pudiera descender a tales miserias los modos más eficaces de extorsión y humillación del colaborador free-lance. Algunos de esos siervos, finiquito en mano, montan editoriales que copian a pequeña escala las perversas maneras de edición y de promoción del grupo que aseguraban odiar.

En fin. Basta ya.

portada-marías-lomalo

Leí Así empieza lo malo, de Javier Marías, en Alfaguara-Penguin-etc., por encargo de La Tempestad. La reseña ha de publicarse ya en primavera. Hacía lo suyo que no leía nada de Marías y ha sido un salto atrás en el tiempo. Nunca me ha quedado más claro que leyendo esta novela el daño que han hecho (nos han hecho) a los escritores españoles los editores modelnos y los críticos perezosos.También terminé de convencerme de que no tenemos editores. A la novela le sobran doscientas páginas. Una más o una menos, pero doscientas de las 543.

También estoy leyendo, pero se me cae de las manos, Herejes, de Leonardo Padura. En principio prometía: los judíos en Cuba, con el episodio de entrada del barco de los 950 “malditos” que los nazis mandaron a pasear por los océanos sabiendo que la mayoría no lograría salvar sus vidas. Padura es eficaz pero no es un estilista, tiene mucho que contar pero se aferra a la fórmula de la serie Conde cuando le está pidiendo que replantee sus tópicos. Ese inicio en plan “esta vez os cuento algo serio y bueno” con la cancioncilla de las primeras páginas de Cien años de soledad es de bofetada (hoy estoy especialmente hostil) y ese momento, que no echaba yo de menos precisamente, en que te cuenta cómo se la pelaba el chaval judío-cubano… y cómo la marimacho adolescente tal se abría de piernas para toda la cuadrilla, y la rusa madura en pelota viva que…

Sí es interesante Arquitectura del siglo XX en La Habana, de Eduardo Luis Rodríguez. Un ameno repaso a la implantación de los distintos estilos arquitectónicos en la capital cubana, incluida  una mención al plan de urbanización de barrios que encargaron a Sert y que no se realizó porque en ésas llegaron los revolucionarios. Interesante por datos de arquitectura y perfil de arquitectos, clientes, estilos de vida; las fotografías de calidad mejorable pero fascinante el recorrido. El autor consigue eludir las reflexiones sobre la incidencia política de los años previos a la revolución y solo de modo tangencial se mencionan las deficiencias de salubridad y habitacionales que afectaban a las zonas donde no residían los potentados cuyo buen gusto y cosmopolitismo se nos permite admirar.

arquitectura -sigloXX-Habana

Edificio Bacardí en la portada

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2 comments

  1. José Luis Moreno · febrero 8, 2015

    De acuerdo con vostè en todo, Miss Liu, salvo en que el frío sea malo (y mira que viví diez años en el Caribe). Peor el calor del verano que vendrá en breve a esta región turcomexicana en la que vivo, Madrid, y peor ese sopazo de exudaciones que es el verano meditarráneo, en mi opinión (in my opinion). Con lo bien que se está en Copenhague en toda época del año…
    A mí también me ha decepcionado Padura, y eso que leí con gran atención y aprecio su novela sobre Ramón Mercader, “El hombre que amaba a los perros”.
    Sobre los judíos en Cuba, mejor “The last Minyan in Havana. A story of paradise, hope and betrayal”, de Betty Heisler Samuels, y “Cuban-Jewish journeys: Searching for identity, home, and History in Miami”, de Caroline Bettinger-López (interesante, pues incide en las dificultades de los judíos cubano de origen europeo para integrarse en la vida cubana de Miami, cosa que no les sucedió a los judíos de origen sefardita, y eso que ambos grupos eran de ciudadanos cubanos ya de generaciones). Ambos libros se consiguen sin problemas en Amazon.
    En lo de Marías (me gusta leerlo en la prensa) no he caído; ya lo hice en dos o tres ocasiones anteriores, y puedo asegurar y aseguro que no soy un discípulo de Masoch. Sí esta vez sólo le sobran esas páginas que dices, la cosa no es tan grave…
    Felicitaciones. Como siempre, admirable tu valor (y tu valentía).
    JL Moreno-Ruiz

    • Liu · febrero 8, 2015

      hola José Luis, gracias por los datos bibliográficos, en cuanto tenga suelto me los compro en Amazon, 😉
      Bueno, me estaba burlando de mí misma con el asunto del frío, por aquello de “nací en el Mediterráneo”. Empecé “Herejes” por ser lo último de la serie Mario Conde, y así cerraba el ciclo de lecturas, pero se me hace cuesta arriba y no sé si voy a darle más cancha.
      Lo otro… en países donde hay una gran tradición editorial y de crítica, la semblanza de figuras relevantes del mundo de la edición no pasa exclusivamente por la alabanza sin medida y vergonzante. Solo hay que leer la biografía de Gallimard, y cómo se aborda el tema de la Ocupación nazi; algo similar en la de Pauvert, aludiendo a la compra de papel para imprimir, quién colaboró, etc.

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