la Nebbiosa de Pier Paolo Pasolini, la ira reprimida de la nueva sociedad italiana

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Foto de la exposición : http://www.lanebbiosa.it/

nebulosa-portada gallo

Que el invento de internet es una maravilla (total, completa y absoluta) es algo que confirmo cada vez que busco un dato, como ahora mismo acerca de Nebulosa, el guión de PPP nunca rodado y rescatado hacia 1995 en los archivos de la revista Film Critica, publicado en 2013 por ediciones Il Saggiatore, y traducido al español este año, en Gallo Nero, por Marta Pino (con un prólogo interesante y detallado de César Rendueles). La maravilla no está en el concepto enciclopédico de la red sólo sino en que, mientras leía el guión no pude dejar de pensar, ante ciertos párrafos donde Pasolini hace indicaciones visuales muy precisas que nos descubren hasta qué punto era moderna su imaginación visual, en lo golosa que es la tentación de ponerse a rodar el guión. En plan amateur, pensaba yo. Hoy día, basta una cámara digital con video –y hasta las semiprofesionales lo llevan– y lanzarse. Me imaginaba a las escuelas de cine pidiendo a sus alumnos que rodaran distintos episodios, escenas, secuencias, a modo de homenaje.

Lo que he comprobado es que no fui la única que pensó en lo apetecible de poner imágenes a un guión así. En Milán, donde transcurre la acción –la Nochevieja de 1959– se organizó una exposición en el Palazzo Moriggia, Museo del Risorgimento, pidiendo a los milaneses que aportaran fotografías de la ciudad y de la época, los años comprendidos entre 1950 y 1965, en vista a la que llamaron la primera “social exhibition”. Era un modo de crear el story-board de la película, señalan. Constan imágenes de fotógrafos profesionales como Ferdinando Scianna, Gianni Berengo, Sergio Strizzi, etc.

La Nebbiosa es Milán. La intención es, de un modo que no necesariamente halagaría a Pasolini, típica de estas exposiciones en que los ciudadanos aportan sus recuerdos con viejas fotografías y contribuyen a nutrir la memoria histórica, edulcorando con esta participación sentimental la agresión que de otros modos soportan de las autoridades: alza de impuestos, deficiencias de ayudas sociales, exclusión social, etc. El texto de la exposición que homenajea al guión de Pasolini reza: «Metanopoli, la città ideale progettata da Enrico Mattei; i nuovi grattacieli Galfa e Pirelli costellati di luce; le periferie dove cascine e alberi affiancano le nuove costruzioni, i quartieri oltre il naviglio con le rovine e le case sventrate: la Milano della Nebbiosa oggi non esiste più o ci appare molto diversa.» La mirada de Pasolini dialoga desde el guión recuperado con los recuerdos de los milaneses en torno a esa Milán desaparecida. Una doble resurrección.

Por supuesto, esta llamada al reencuentro no menciona el que parece el eje interno del guión: la ira que es el combustible de muchos personajes, incapaces aún, o definitivamente, de reprimirla como sí hacen los pequeñoburgueses a los que atacan.

Durante la Nochevieja, un grupo de chavales –teddy boys de la época– de la periferia deciden pasar una “notte brava” mientras sus padres celebran la fiesta del modo más conservador fuera de casa. Motos, ciudad, robo a una iglesia, asalto a unas jóvenes señoras burguesas, a un marica que anda buscando compañía, a un burgués con su querida menor de edad, juergas, borracheras, muy pasados de rosca al estilo del momento, con argot muy pasoliniano (que la traductora actualiza de manera algo discutible, en mi opinión).

La trama incluye a un niño y una pistola, un indicio de que se trata de un guionista primerizo, como quedará claro en el final muy previsible. Las secuencias no están hilvanadas con la fluidez y la coherencia que sí se ve en El padre salvaje –otro guión que no se llegó a rodar– y temáticamente está claro que está en línea con Ragazzi di vita (1955) y Accatone (1961).

El tema de la ira que vertebra la historia parece un reflejo de la propia ira del escritor. La misoginia tiene un tono muy hostil y subrayado en el episodio en que raptan a las tres mujeres burguesas, donde se alude a un caso de violación que fue famoso, pero que aquí se resuelve suspendiendo las hostilidades de la lucha de clases: las mujeres descubren que los cuerpos de los chicos están mejor que bien y que la Nochevieja es (como la vida, ay) la noche más corta; Eros es el mediador y anticipa el cinismo de la sociedad consumista contra el que clamará Pasolini en los escritos corsarios. No hay ironía ni humor propiamente dicho, o es un humor sardónico. Como cuando cubren a una vieja prostituta, encontrada por azar en la calle, con las alhajas robadas a una virgen, la típica inversión de jerarquías con que un homosexual repudiado –PPP– se venga y ridiculiza el sistema de valores que hace de él un paria.

Considerado de hoy hacia 1960, el guión contiene ingredientes habituales de la obra de Pasolini; lo interesante es que se trataba de temas y enfoques entonces novedosos y, con ello, había ya una necesidad de epatar, de ponerle el espejo en la cara a cierta sociedad italiana y mostrando como sujetos a personajes marginales. Así ocurre con el homosexual al que atacan y avergüenzan, que tiene ocasión de pronunciar un alegato y una acusación en la mejor vena premonitoria pasoliniana.

En distintos momentos, el guionista señala que tal personaje actúa así o asá por “ira reprimida”, con hipocresía: el burgués que se encuentra con una menor en el coche en un lugar apartado –tipo Rompeolas de Barcelona–, una pareja improbable que reproduce la opresión –sexual, económica– del sistema heterosexual, católico, postfascista. En este guión, la ira latente de Pasolini aflora, me parece, en la idea misma de la trama, en la caracterización de los personajes, en el tema del castigo –al margen del necesario clímax-anticlímax de una noche “brava”– y si parece menos airado en obras posteriores es tanto por el reconocimiento que halla entre sus colegas como por el mismo perfeccionamiento de su estilo, que contribuye a mitigar la porción de angustia que contiene la ira del excluido, el proceso literario, cinematográfico, apoya una sublimación del afán de destruir la nueva sociedad que los anula, recurso que no está al alcance de los teddy boys de Nebulosa.

Sin embargo, más allá del tema del castigo, creo que en esas muertes que cierran este guión o Accattone coincide tanto el tópico del imprescindible cierre dramático como la intuición del escritor de su necesidad de dar muerte a una parte de sí violenta y desafiante a todas las leyes. No deja de ser el esquema de El extranjero de Camus –que la mayoría pretende ver solo como la alienación de un francés pied-noir ante el sistema colonial en Argelia–.

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Al hilo de esta obra, noto que la ira está aflorando también entre los escritores y críticos españoles, como se ha visto en la publicación y difusión de La mala puta, de Miguel Dalmau y Ramón Piña. He leído un par de blogs que lo han comentado, reproducen tantas páginas y tantos fragmentos que es fácil hacerse una idea del contenido. Creo que hay mucha ira acumulada en este momento entre la gente de letras, todavía reprimida, y por eso la mayoría de veces dirigida contra blancos equivocados. No me refiero a Dalmau & Piña ni a Morán y sus mandarines (tampoco lo he leído ni me da curiosidad tras leer que juzga y califica a V. García de la Concha (1934) como nacido “de lo más bajo”. Acabáramos, si una mujer soltera en la posguerra inmediata era “lo más bajo”, qué sería ser hijo de un fascista condecorado y fusilador, qué ser hijo de un estraperlista, etc.).

¿Qué cambia contar esto, qué reparan estas denuncias, qué desequilibrios contrarrestan?

¿De qué sirve? Llega un momento en que, como el Ricardo III de Shakespeare, todos esos editores y críticos que afirman que los escritores de hoy son una mierda y la crítica inepta, ya solo pueden hablar con los espectros de los escritores cuya carrera destrozaron sin contemplaciones. En el vacío y para el vacío.

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Pst: 2 de enero de 2015. Otra manera de poner en escena el argumento de La nebbiosa, en versión Nochevieja andaluza: aquí. La mayor gamberrada en Santiponce: Unos desconocidos roban un autobús, circulan con él durante dos kilómetros, provocan daños en el mobiliario urbano y en dos coches y lo abandonan junto a un bar de copas”

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