El Siglo de Oro, una visión posmoderna, en Neguijón, de Fernando Iwasaki, en El Rinconete

comercio-virreinato-1

Comercio en el Virreinato – Historia de Perú

El Siglo de Oro, una visión posmoderna, en Neguijón, de Fernando Iwasaki

Neguijón, novela breve del escritor peruano afincado en Sevilla, se publicó en 2005, coincidiendo con el aniversario del cuarto centenario de la publicación del Quijote, de Miguel de Cervantes, obra y autor a los que brinda un cumplido homenaje a lo largo de sus 170 páginas. En su momento la nouvelle recibió elogios pertinentes a la mezcla de erudición y humor, más cáustico aquí que en libros de relatos anteriores como Un milagro informal, Helarte de amar, Ajuar funerario y A Troya, Elena. Es sabido que Iwasaki es especialista en historia del Siglo de Oro español y del Perú del virreinato, temas a los que ha dedicado varios ensayos cuya erudición sostiene la novela que hoy comentamos.

Pero antes que una novela histórica, Neguijón me parece una visión intencionadamente posmoderna del Siglo de Oro español y, de rebote, del momento histórico en que se publica, la primera década del siglo XXI. La novela se estructura en dos bloques paralelos protagonizados por los mismos personajes: el 22 de abril de 1616, en la plaza Mayor de Lima, Perú, el sacamuelas Gregorio de Utrilla se dispone a limpiar las bocas de una clientela numerosa y aterrorizada a la espera de que la beata Luisa Melgarejo ofrende su dentadura entera a la Pasión de Jesucristo. Se hallan en el lugar el librero tuerto Linares, el inquisidor amputado de una pierna Tortajada, el caballero Valenzuela, «gentilhombre de Jaén» o «de Lopera», con piedra en el riñón, y una abigarrada cofradía con dolor de muelas. El segundo bloque transcurre el 22 de enero de 1598 en la enfermería de la cárcel de Sevilla, donde los mismos personajes harán frente a un motín de galeotes, en la compañía de un tal Muñones, en cuyas trazas y decires adivinamos a Miguel de Cervantes. El «todo» de Neguijón es la búsqueda por parte de Utrilla del gusanillo del título, que supuestamente anida en los dientes y pudre la boca sin remedio, al tiempo que el motín carcelario propicia golpes, heridas y amputaciones, pretexto para mostrar la mentalidad del Siglo de Oro, con sus delirios místicos, supersticiones fatales, ausencia de higiene (y anestesia) y sus conquistas coloniales y misioneras.

Desde finales del siglo XVI, Neguijón dispara al siglo XXI. Su intención crítica liga el contenido y la forma de la novella al posmodernismo literario, movimiento que disuelve las jerarquías entre baja y alta cultura, que Iwasaki expresa mediante la erudición apabullante que recorre el libro para ambientar una sucesión de escenas escatológicas con bromas hiperbolizadas a cuenta, entre otros, de la orden de los templarios. La «literatura» dedicada a esta orden es un filón inagotable del siglo XXI, protesta irónico el escritor por boca del Muñones: «Y en lo tocante al futuro de los libros y la literatura, advirtió que muy malamente tendría que estar la república de los doctos y de las letras para que el mundo perdiera el culo al retortero de los templarios» (p. 98).

De otra parte, está el pasado como «inagotable fuente de pastiches» —según lo define el teórico del posmodernismo Alex Callinicos—. El pastiche como forma superior de la parodia es la forma que aquí adopta la novela, lo que implica un ejercicio de estilo y un alarde de lenguaje de época que reta al lector culto actual. La apropiación de estilos literarios del pasado y el lenguaje convertido en espectáculo es un rasgo posmoderno, que encontramos en autores españoles contemporáneos como Pilar Adón. La brillante serie de influencias y homenajes a los maestros del pasado —Quevedo, Cervantes y el elenco de autores detallados en la bibliografía final— convive con referencias a hombres de letras españoles —Abelardo Linares, Rivera Taravillo— y a cineastas actuales —imposible no pensar en Tarantino cuando se regocija en las escaramuzas sangrientas de galeotes e hidalgos y difícil también no reparar en cómo «monta» las escenas y cose los capítulos o en cómo la mirada del narrador recorre los escenarios de Lima cuando en las primeras páginas presenta a sus protagonistas—.

Sin agotar su sentido, la discusión de las armas y las letras resultaba tan pertinente en tiempos del manco de Lepanto como en 2005, cuando la intelectualidad occidental estaba polarizada a favor y en contra de la intervención en «tierra de infieles» —la invasión de Irak se produjo en 2003—. La descripción exacerbada de los aspectos escatológicos y sensuales remite tanto a La lozana andaluza como a El perfume, el best seller de Patrick Süskind. Como novella posmoderna que es, la profundidad y variedad de ideas que convoca su autor no está peleada con el deseo de llegar a un público amplio.

* Crédito imágenes:

Virreinato Perú: http://historiaperuana.com/periodo-colonial/virreinato/comercio-virreinato/
Sevilla: http://xvxiv.blogspot.com.es/2010_11_01_archive.html

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s