Qué conmovedores capotes frente a tanta burla

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Marlon Brando stuns the industry with his snub for Best Actor Oscar instead bringing attention to Wounded Knee and the plight of the American Indians.

Descubro que se rompe la unanimidad en relación a la gran figura del gran Rafael Chirbes nuestro gran escritor indesmayable en la denuncia de la gran estafa de nuestra democracia, etc., al curiosear en el blog de la Patrulla de Salvación, donde le afean que se embolse el dinero del último premio, mientras Jordi Savall ha renunciado a otro, haciendo gala de no sé qué coherencia ni qué valores porque los premios me la repampinflan y me he saltado sus declaraciones anti-Wert para ir directamente a los comentarios del pueblo llano, un muestrario inimitable de mala leche y creatividad lingüística a la hora de poner al tal y al otro tal a caer de un burro que ríete de Camilo José Cela. Muy conmovedor, pero los premios como que y qué. No son celos por que no me hayan concedido ningún premio de lo que sea en mi atareada vida. Al contrario, me estaba acordando ayer del atropello de premios que recibí –que recibimos, pues mi twin sister también participó en la comedieta– en el cole, cuando era una párvula de seis o siete años. Al acabar el curso, en la bella Valencia, las monjas organizaban un festival con premios a tutiplén, contando con la presencia de los padres y parentela varia, y no sé si alguna autoridad oficial o eclesiástica, pues la edad no me daba para mayores sutilezas sino la de averiguar quién repartía las ostias no consagradas –el peluquero del cole, que no era cura pero parece que quedó frustrado y entre pelada y pelada, que nos dejaba a todas las nenas convertidas en sosias de John Lennon, sus manazas volaban  y siempre encontraban alguna mejilla, sien o boca donde aterrizar su bofetón– y guardar las distancias. Fue tremendo porque entre canciones y algún baile, y hasta puede que alguna película religiosa, se iban repartiendo los premios de lectura, de aplicación, de ortografía, de matemáticas, de religión, de… bueno, seguro que todos habéis pasado por ahí. Muy mona y vestida de blanco, faldita mini, primera en aplicación, primera en lectura –¿lo dudabais?–, y hala levántate, cruza todo el patio que te están mirando todas las monjas, todas las niñas, todos tus primos, que te van a hacer que la pagues por ser tan, tan, y todas sus familias, y Dios todopoderoso que Todo lo ve y ala levántate de nuevo y camina en línea recta, recoge el libro de premio, da las gracias con un hilo de voz, y una medalla, y vuelve a por otro libro, y no sé qué más, y menos matemáticas, los premios nos los repartimos entre mi twin sister, otra nena y yo, fundamentalmente porque las demás tardaron dos siglos en establecer algún tipo de relación simbiótica entre los garabatos que veían impresos en el libro y los fonemas correspondientes. Tardaron tanto en salir del analfabetismo original que las monjas, que supongo también estaban obligadas a cubrir su ratio de productividad, nos apabullaron a premios a las tres que sobrábamos de la catástrofe intelectual generalizada. Así me dije, nunca más, tanto paseo, tanto aplauso, tanta línea recta para demostrar qué importa, con el Diablo riéndose de mí a mandíbula batiente.

Qué curioso teatro sadomasoquista el de los premios. El dinero extra, el dar las gracias, la muesca en el revólver, la pleitesía súbita de casi todos, el Dios de la posteridad contemplándote desde las alturas y tú, pobre diablo, tratando de atravesar con paso aplomado el espacio incandescente de expectación: qué dirá, oh, qué dirá. ¿Habrá alquilado a una india piel-roja para mandar a todo el mundo al infierno? ¿Se bajará los pantalones y enseñará el culo y gritará “Ahí me las den todas!”? ¿Se hincará de hinojos, besará la mano de la autoridad (in)competente y musitará: ¡me van de perlas estos eurillos! Tanto para el fisco, tanto para mi ex, tanto para mis vástagos, tanto para mi querida, y lo que sobra para tabaco de liar.

Me entero también de que Torné ha escrito no sé qué “polémico” artículo donde discute que la narrativa de Chirbes sea realismo social, o algo así. Tampoco lo he leído. Eso es lo que me importa Chirbes. Y Torné. Y la santa compaña.

Porque una cosa es la dimensión donde a mí se me pone en ridículo y me roban mi trabajo y mis invenciones y pretenden meterme y sacarme por la puerta de servicio, y otra dimensión es la realidad. O como decía el historiador Fernand Braudel, hay que distinguir entre la larga duración y este breve momento de miseria… aunque es un momento que se me está haciendo eterno.

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