“Soy Cuba”, el rescate de un clásico inmediato, en El Rinconete del Instituto Cervantes

soy-cuba-poster

Hoy arranca mi colaboración con El Rinconete, del Instituto Cervantes. Es una página diaria dedicada al mundo de la cultura hispánica. Agradezco a Lola Montero la oportunidad que me da de intervenir con breves artículos de mi elección. Eso significa que puedo hablar de mis entusiasmos e intereses. Y hacerlo conectada con personas que hablan un buen español –algo que echo de menos, y de qué manera, en Barcelona–. Es un aliciente que no me pidan a cada paso que “rebaje el nivel”.
Mientras aquí me han convertido en una paria y no puedo ganarme la vida –pues solo me ofrecen limosnas y que les saque las castañas del fuego, para después dejarme en pelotas–, no me queda otra que lanzar la caña lejos a ver si logro salir de apuros. Hace años que no levanto cabeza.

En relación a SOY CUBA, la película presenta muchos puntos de interés. Además de la influencia que ha ejercido en el desarrollo de la cinematografía cubana, también merece la pena dedicar un rato a descubrir cuánto debe al film de Carol Reed, Nuestro hombre en La Habana, basada en la novela de Graham Green, que también firma el guión, y rodada en 1959, a las puertas de la revolución castrista.

Soy Cuba. ir al Rinconete

En 2014 se celebra el 50 aniversario del estreno de Soy Cuba (1964), de Mijáil Kalatozov (1903-1973), primera coproducción cinematográfica cubano-soviética tras el triunfo de la Revolución castrista en 1959. Los avatares en torno al rodaje, que se prolongó durante más de un año, el estrepitoso fracaso en su estreno simultáneo en Cuba y en la URSS, su olvido en los archivos del ICAIC (Instituto Cubano de Artes e Industrias del Cine), hasta los años noventa, cuando fue rescatada por dos célebres cineastas norteamericanos, Francis Ford Coppola y Martin Scorsese, son el asunto de un interesante documental, El mamut siberiano (2005), dirigido por el brasileño Vicente Ferraz.

Recuperados los negativos en Moscú, reeditada la cinta y lista para su distribución, Soy Cuba conoció un segundo estreno mundial en el Festival de Cannes de 2003, donde se consagró como un clásico inmediato. Ferraz entrevista a los protagonistas supervivientes del film sobre la oportunidad o el oportunismo del rescate. Mientras el equipo técnico y los actores se muestran conmovidos por este éxito postergado, otros miembros del equipo destacan con escepticismo que el reconocimiento llegó cuando la película es solo una pieza de arqueología y responde a la necesidad de la industria cultural americana de hallar nuevos filones una vez agotados otros movimientos de moda.

El guión original de Enrique Pineda Barnet y Yevgeny Yetushenko intentaba reflejar el ambiente del régimen de Fulgencio Batista, cuando Cuba era una colonia vacacional para americanos adinerados y La Habana, puerto de escala para marineros con ganas de juerga mientras el país sufría niveles de subdesarrollo. La película se estructura en cuatro episodios que escenifican la explotación de los más pobres —prostitución de las mulatas y campesinos sin tierras— y la toma de conciencia de estudiantes y guajiros que se unen a la guerrilla de Castro en la Sierra Maestra. Los distintos episodios se conectan a través de una voz femenina en off que recita: «Soy Cuba» antes de describir poéticamente el devenir de la isla.

El fracaso sorprendió y amargó al realizador Kalatazov y al director de fotografía Serguéi Urusevski. Los majestuosos movimientos de cámara, los planos secuencia, la espectacular fotografía en blanco y negro con encuadres insólitos y efectos conseguidos mediante película infrarroja, los números musicales y escenarios lujosos no convencieron a la nueva sociedad cubana, estéticamente apegada a los clásicos de Hollywood y abierta apenas al novo cinema de Brasil y a la nouvelle vague francesa. La combinación de los estilos neorrealista, nuevo realismo socialista y vanguardia rusa pareció contraria al temperamento cubano.

La recuperación de este film de culto, que coincide con la llamada «Estalgia» —nostalgia de los años de amistad con los países del Este—, ha mostrado el papel seminal que tuvo Soy Cuba en la creación de una industria cubana del cine. Las filmaciones cámara en mano, audacias de estilo en los encuadres o planos secuencia y homenajes varios son evidentes en la obra de directores cubanos, como Lucía, de Humberto Solás, y Fresa y chocolate, de Gutiérrez Alea y J. C. Tabío. Como observa el guionista Enrique Pineda, «el cine latinoamericano le debe grandes escenas de homenaje, o de memoria, o de reminiscencia, o de influencia a la cámara de Serguéi Ursevski».

Hoy, Soy Cuba nos parece a la vez una obra que aglutina corrientes artísticas de vanguardia y un emocionante documento de los entusiasmos de la Revolución cubana en busca de renovadoras formas de expresión, que han perdurado al margen de vaivenes ideológicos.

soy-cuba-final

“Soy Cuba”, imagen final

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s