Apuntes sobre “Missing”, de Alberto Fuguet: “Figuras de Carlos”

missingfuguet

Portada en Alfaguara

Estoy terminando –¡albricias!– el artículo dedicado a la magnífica novela de Alberto Fuguet, Missing. Por esto y por aquello, se me ha ido de las manos,  y se hace necesario ahora sacar el machete y podar por aquí y por allá las 17.000 palabras, pues de lo contrario no va a haber quien lo lea😉 .

Lo hago por amor al arte –nunca mejor dicho– y por no perder la cabeza en medio de tanta tribulación.

Dado que de la lectura de algún post anterior podría deducirse que aborrezco a Bolaño, mejor aclarar que no es el caso. Creo que es un autor que cobra todo su sentido en el contexto latinoamericano, como muestra justamente Missing, idea que desarrollo en este artículo, titulado “Figuras de Carlos”, cuando he tratado de analizar el elogio que Fogwill dedicó a la novela de Fuguet. Me ha servido de apoyo el muy interesante artículo que Sandra Garabano publicó en la revista digital Dissidences, «Los detectives salvajes y la novela del archivo cultural latinoamericano».

Incluyo en este post unas páginas del artículo relativas a las imágenes que aglutina el personaje Carlos en el seno familiar. Naturalmente, la idea del cimarrón blanco es la que parece más adecuada para este blog.

En drive, a la deriva – El cimarrón blanco

La estructura de la novela Missing, en forma de capítulos acumulativos y su estilo inconcreto, reproduce también la de la deriva o drive. El autor, a semejanza de su tío Carlos, también es a su manera un driveur, concepto que encontramos definido por el escritor martiniqués Patrick Chamoiseau, quien en años recientes ha cobrado especial relieve para los estudios de literatura poscolonial a partir de sus novelas más señaladas: Solibo le Magnifique (1988), Texaco (1992), L’Esclave vieil homme et le molosse (1997) y sus reflexiones sobre la cultura créole recogida en Éloge de la créolité (en coautoría con Jean Bernabé y Raphaël Confiant) y Écrire en pays dominé.

Louise Rogers Lalaurie –traductora al inglés de la monografía que Samia Kassab-Charfi dedicó a la obra de Chamoiseau, publicada por Éditions Institut Français–, precisa la definición y las alternativas barajadas para dar con el vocablo idóneo:

Le concept créole de « la drive » est fascinant – cela vient du français « dérive » qui signifie « perdre le cap», à la fois littéralement, en mer, et métaphoriquement, dans la vie. Un driveur est un vagabond, mais aussi quelqu’un qui se cherche dans l’errance (…). Là encore, j’ai décidé qu’une seule définition fixe ne conviendrait pas, et ai donc utilisé divers termes et expressions, dans l’espoir que leur effet cumulatif puisse « construire » le concept en anglais.[1]

 Por su parte, el ensayista Jean-Louis Cornille apunta: «Il est pourtant une forme dérivée du marronnage […] qui pourrait, à nos yeux, constituer entre marronnage et écriture un lien autrement plus actuel : c’est la Drive[2]

Variantes posibles de traducción al castellano son deriva, y desvío, desviado; son equivalentes aceptables que, además, se corresponden con la trayectoria del personaje Carlos. En el capítulo dedicado a Chamoiseau, Cornille apunta que en Écrire en pays dominé, una suerte de autobiografía bibliográfica, el autor antillano evoca reiteradamente las formas contemporáneas que adoptan las antiguas derivas.

En lengua criolla se llama drive a una situación poco airosa durante la cual el individuo vaga sin rumbo indefinidamente –escribe Chamoiseau (EPD, 204). Se diría que la persona en drive padece una especie de enfermedad, es víctima de un hechizo. Dentro de un determinado itinerario, de una senda determinada, de pronto se produce un desvío, un «giro insensato, impremeditado». Es una deriva que va a estar para siempre en el margen; carece de un destino preciso: no permite llegar.

texaco-chamoiseau

Texaco, novela de Patrick Chamoiseau

 Como Carlos Fuguet: «El hombre en drive [errante, a la deriva] está en perpetuo movimiento. Y por partida doble, además, no solamente por su desplazamiento físico, sino también porque desplaza todas las ideas establecidas, todas las formas trilladas de discurso y de pensamiento.» (JLC:73) La drive es un estado sonámbulo. Es resultado de un trauma, es su síntoma. El escritor y psicoanalista Adam Phillips[3], autor de La caja de Houdini, que toma la figura del famoso escapista como alegoría, describe y analiza la situación en estos términos: «Para Freud, las repeticiones eran consecuencias de un fracaso para recordar. […] aquello que no puede transformarse, procesarse psíquicamente, se reitera a sí mismo. Un trauma es todo aquello en la experiencia de una persona que se resiste a una redescripción útil». En Missing, tampoco el narrador Alberto Fuguet acierta a realizar esa re-descripción y reproduce la errancia al narrar la fuga y la búsqueda, al asumir otra voz –una voz que no es la suya ni la del tío Carlos—en su intento de parafrasear con cierta coherencia la experiencia errante de Carlos. «Los traumas, como las creencias, son formas de detener el tiempo.»

La repetición de un comportamiento, como la adicción, no resuelve nada, solo delata el trauma (Phillips:208). «El efecto del trauma es promover la repetición simbólica, no la elaboración simbólica» (Phillips:208).

Que la escritura de la novela por parte de un allegado como Alberto Fuguet resulte más terapéutica que las sesiones con un profesional médico se explicarían según Phillips: «Si el pasado, el pasado inasimilado, siempre es en el psicoanálisis aquello que vuelve –como síntoma e interpretación al mismo tiempo–, ¿cómo podemos volver al futuro? ¿cómo podemos situarnos más allá del impacto incesante de lo viejo que la teoría y la terapia fomentan con tanta facilidad? Nuestros hábitos teóricos, al igual que nuestros hábitos eróticos, son la venganza que se toma el pasado contra el futuro».

En la elaboración de la novela, Missing consigue situarse «más allá del impacto incesante de lo viejo», al acertar a elegir la combinación de tradiciones literarias –lo local y la superación de lo local que propuso Bolaño–, pero no puede afirmarse lo mismo de la experiencia de Carlos: no encuentra un impulso de renovación para forjar una vida feliz.

Otra forma de definir la drive paralizante de los negros cimarrones y de Carlos Fuguet: «la catástrofe básica de muchos de los convincentes esbozos clínicos que nos presenta Bollas consiste en estar atrapado en el sueño o en la visión del mundo de otro (por lo general, de los padres); en estar psíquicamente paralizado por la autoprotección en un lugar sin libertad de perspectivas

 

CADAVRE = CADERE

Carlos es, dentro del imaginario familiar, el perdido, el cadáver y el caído, el fracasado (el loser). La imagen repulsiva que los padres proyectan sobre él aglutina los rasgos del ser abyecto descrito por Kristeva: «Desprovisto de mundo, me desvanezco».

Sobre lo abyecto precisamente, Alberto reflexiona en 2008 cuando se plantea renunciar definitivamente a publicar el libro que reúne sus investigaciones y hallazgos en torno a la búsqueda de Carlos. En ese punto, sólo acierta a describirlo como lo que no es.

Carlos era ahora un hombre mayor, algo enfermo, extremadamente solo y cansado, que asumía y aceptaba su destino con calma y hasta gracia. Pero no era, o no creía que era, o no quería que fuera, el corazón de un libro oscuro acerca de alguien que deambuló demasiado tiempo por la orilla oscura y quedó marcado por la sombra y las cicatrices. Alguien que, de tanto arrancar del pasado, siguió de alguna manera ahí (Missing: 343).

LA OVEJA NEGRA, LA SOMBRA

La oveja negra es el individuo que encarna el síntoma de los aspectos disfuncionales dentro del grupo familiar: Carlos es la expresión de un descontento del grupo o, como reza la definición, «el portador de los síntomas dentro de una dinámica familiar».

Carlos no era un psicópata que mataba niñitos como lo insinuó una vez mi primo. Tampoco era mi alma gemela, mi álter ego, mi dopplegänger, mi otro. Lo que más teníamos en común era, al final, la sangre, recuerdos, ciertas complicidades. Lo que no es poco. Pero no éramos exactamente iguales. No éramos iguales, punto. [Missing: 342].

El idioma aparece como una opacidad. El logro del libro es su falta de transparencia (aunque persigue algo que se le parece). Como ya se ha mencionado, Fuguet reproduce el slang de los hispanos en Estados Unidos, y Carlos forma parte de ese elenco de emigrados, instalado en la diglosia: habla inglés mezclado con español, si bien dice sentirse más cómodo hablando en inglés. Este detalle simboliza algo distinto del desplazamiento, la marginalidad o la desubicación del emigrante: muestra a un hombre que se halla –verdaderamente— escindido, presente en dos mundos, los cuales coexisten sin una elaboración completa capaz de equilibrar la fricción que se produce entre ambos. El equilibrio interior para él llega con su desaparición… Para poder hablar de nuevo con quienes lo convirtieron en un no-ser, en la oveja negra, en un paria norteamericano, necesita crear ese espacio de separación, ese hiato de tiempo real que le permite presentarse como otro hombre, y desligado del argumento dado. Se trata de fundar un tiempo opaco, impenetrable para la familia, ajeno a ella y que ésta no puede legítimamente relatar. Es algo muy distinto del tópico lost in translation, pues Alberto Fuguet prefiere, justamente, no traducir las expresiones en inglés que salpican el relato de Carlos. La apropiación del inglés hablado por los hispanos coincide en su función a la del créole, según la describe y analiza la teoría poscolonial.

               Hablar en inglés es un gesto de emancipación de un hombre que se sabe destinado al desprecio de su clan. Carlos rompe así el guión[4] de su sobrino Alberto, levanta una barrera. El silencio ha sido durante mucho tiempo su identidad dentro de la familia, no parece lógico esperar una declaración fluida de sus años «desaparecido»: «¿vida interior? /claro que tengo, /uno tiene una vida incluso cuando no tiene vida, /¿qué es una vida? » (Missing: 333).

principal-mario-vargas-llosa-comenta-missing-alberto-fuguet

Carlos y Alberto Fuguet. Crédito foto: ??

 etc.

notas

[1] en http://ifverso.com/fr/content/va-bilangue-chamoiseau-et-la-collection-auteurs

[2] Jean-Louis Cornille, «Pratiques Chamoiseau : Et si vous tourniez la page (Chamoiseau avec Tournier», en Plagiat et créativité II : Douze Enquêtes sur l’auteur et son double, Amsterdam, 2011, pp. 59-85.

[3] Adam Phillips (born 1954) is a British child psychotherapist, literary critic and essayist. He is known for his books dealing with topics related to psychoanalysis, including On Kissing, Being Bored and Going Sane. His book of essays, Side Effects, explores the relationship between literature and psychoanalysis. Phillips is also the general editor of the second Penguin edition of the selected works of Sigmund Freud and a contributor to the London Review of Books. (fuente: Editorial New Directions,

[4] «El guión de vida» es un término acuñado por el psiquiatra canadiense Eric Berne (1910-1970), creador de la Terapia transaccional. «Un plan de vida creado en la infancia, reforzado por los padres, justificado por eventos subsecuentes y culminando en una alternativa elegida» Berne (1972). Uno de los «guiones» habituales es la pasividad, o los comportamientos agresivos, autodestructivos.

Guardar

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s