Ecos de Pavese (“Amado mío”, las tardes del rosario)

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copy: MJ. Furió – Ateneo de Barcelona

 

«En mayo asistí todas las tardes al Rosario: fueron momentos de gran ternura. La iglesia vacía, las pocas velas, el suelo húmedo como de fantasmas primaverales, y el ccanto desnudo, vibrante, de las letanías, que a veces me aturdía. Recostados contra la puerta y la pila bautismal, o erguidos, de pie, cantaban en torno a mí aquellos por quienes había entrado en la iglesia… La salida del Rosario es el espectáculo más dulce y patético que jamás haya contemplado. Además, aquel año los chicos habían ideado un juego que parecía hecho expresamente para torturarme: al salir de la iglesia, libres y felices, prendían fuego con sus misteriosas cerillas a unos trozos de mica transparente, que Dios sabe dónde habrían encontrado, y los tiraban al aire, de modo que surcaba la oscuridad una fantástica y ardiente lluvia de antorchas. Los días de antes y después de Pascua fueron especialmente tristes; yo tenía costumbre de desahogarme con mi amigo Cesare B., quien tuvo que escuchar, si no me equivoco, recriminaciones verdaderamente conmovedoras contra el tedio, la muerte, etc., yo era de una elocuencia desesperada, aunque dirigida contra aquellos falsos blancos (en los que, sin embargo, creía con la mayor sinceridad), hasta tal punto que, una noche, acompañándolo por la calle asfaltada a su casa, llegué casi a echarme a llorar. Pero debo hacer notar que, en la noche templada, llegaban hasta nosotros, deformándolos por la distancia, espectros de interrogaciones muertas en mitad del aire, las notas de un acordeón, de una corneta… Eran Jacu, Milio, Rosa, que probaban, lejos, sus instrumentos, apoyados, quizá, en un sauce, recostados contra un guardacantón.»pp. 51-52.

Me llama la atención que este relato secreto y temprano de Pasolini puede, o debería, leerse en paralelo con el guión de una película que no llegó a rodar, El padre salvaje, también publicado póstumamente (en el 75) y también protagonizada por un joven profesor. Parecería que Pasolini transforma su experiencia inicial como instructor de niños, como corruptor de menores, unos más inocentes que otros, mientras la guerra contra los alemanes llega a su fin, en otro tipo de “corrupción”: la corrupción política, cuando introduce a los jóvenes escolares africanos en los rudimentos de la teoría (práctica) marxista y en la gran literatura de izquierdas occidental.

Este relato no deja de recordarme las novelas de Pavese por el tratamiento lírico del paisaje, mejor elaborado por lo que se refiere a la adecuación entre trama y sentido de la historia en El padre salvaje. Todavía no ha perfeccionado sus tópicos –la pureza de los muchachos del medio rural o de los suburbios– ni encontrado lo que podría llamar coartadas intelectuales para defender sus deseos homosexuales.Vale decir que los tiempos han evolucionado pero no al punto de no mantener ese ¿último? tabú que es el sexo con menores. Personalmente, la lectura me produce cierta incomodidad. Aunque me figuro que no hay niño (niña) que no haya vivido ese asedio, más o menos violento, más o menos incómodo, de un adulto lo bastante hábil para imponer su apetito con una baraja completa de convicciones… de camelos.libro-ppp-b

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