La comicidad involuntaria: Chirbes, premio de la Crítica 2014

Vilanova-solazo

Plaza de la Vila, de estilo neocolonial. En el centro, estatua dedicada al indiano Tomás Ventosa, que fuera alcalde de Matanzas, Cuba.

Regreso de Vilanova, donde me alegró coincidir con una vieja amiga de la tele, recuperada de un cáncer de pecho y que ahora vive volcada en sus nietos, solo para reconectar con los problemas de siempre, aumentados por el proyecto de mis vecinos de hacer más obras. Me llaman caradura, me insultan en la cara por la deuda a la que me abocaron con sus obras a precios desorbitados, me instan a largarme mientras yo veo cómo a las personas a las que ayudé cuando me pidieron este y aquel favor, y hoy viven muy holgadamente, no sólo me han vuelto la espalda sino que me han insultado por activa y por pasiva.

Es cómico, dentro de ese tipo de comedia amarga que es la marca de la literatura española, que mientras estos comunistas de boquilla, comunistas de chiste, comunistas en un país que nunca será comunista, que por radio confiesan vivir “como señoritos” –Chirbes en entrevista con la cadena SER un sábado del mes pasado– son jaleados por representar a la España real, en la realidad-real en la que vivo yo el banco esté haciendo lo imposible desde hace tres años para que, si he de abandonar y perder el piso en el que vivo desde los 23 años, pueda hacerlo con cierta dignidad y sin acumular más deudas. Eso significa que, en lugar de poder dedicarme a construir algo como una carrera profesional –boicoteada repetidamente por editores desaprensivos–, o una carrera literaria, si no sonara a estas alturas demasiado pomposo y guasón, visto que de los dos extremos del olimpo literario, Belén Esteban y Rafael Chirbes, no puede afirmarse a ciencia cierta que sean los autores auténticos de lo que escriben, he de dedicar la energía que no me consume el estrés extremo –tiene chiste que sean los del banco los que utilicen esta expresión– a adecentar el piso por si he de liquidarlo apresuradamente.

Si no me denuncia, pese a que consta ya que he hecho esta denuncia pública por utilizar los capítulos de mi novela La playa para su hinchadísimo y siempre misógino Crematorio es, probablemente, porque entonces se haría el contraste de textos y se demostraría que, como en el caso de Camilo José Cela, sí existen coincidencias llamativas que justifican mi convicción.

Dado que continúo sin teléfono y sin internet en casa, la semana pasada me acerqué a la biblioteca Jaume Fuster y, mientras buscaba un manual de retoque fotográfico, di con uno de los libros que Sergio Vilasanjuán ha dedicado al mundo editorial. Hojeándolo, descubrí que hablaba del plagio de Cela en un momento en que el juicio no había demostrado de modo fehaciente la hazaña del premio Nobel. Al leer las páginas que mi otrora dilecto “jefe” del Culturas dedica al escándalo, me dije que tengo la partida perdida de antemano. Me tomé el tiempo de copiar los párrafos y he subrayado lo que llamó mi atención:

«El caso del supuesto plagio de Cela originó un gran escándalo. Era fácil detectar puntos de contacto entre la novela del célebre gallego y la de su colega amateur. Ignacio Echevarría, respetado crítico de El País, estaba entre quienes los consideraban excesivos: “Hay indicios sobrados para sospechar que Cela, directa o indirectamente, tuvo acceso a una copia de la novela de Carmen Formoso, y se sirvió de ella de algún modo”, escribió, añadiendo que le parecía “una canallada”.

»Pero no era éste el único argumento al respecto. Todos los analistas, incluido Echevarria y los peritos convocados por la juez, coincidieron en que, a pesar de las similitudes de argumento y ambientación, la prosa de ambos libros no tenía nada que ver, siendo la de Cela “infinitamente superior” a la de Formoso.

»Y por otra parte, el procedimiento que hubiera debido emplear el Nobel para plagiar resultaba muy rocambolesco para ser verosímil: alguien de Planeta hubiera debido pasarle a Cela en la primavera de 1984 el manuscrito de Carmen Formoso (¿pero quién, por qué y con qué criterio?) para que lo plagiara y lo enviara a concurso ese mismo año. Tal vez posible, pero no plausible.

»(…) En el caso real del supuesto plagio de Cela, [Carlos] Beser concluía:

“Tras realizar una lectura detenida de las dos obras, he llegado a la conclusión de que, en ningún momento, hay la más mínima sospecha de plagio, ni de transformación o utilización de materiales temáticos, argumentales, caracterización de personajes, elementos de ambientación espacial, o construcciones estructurales, etcétera. Por el hecho de situarse la acción de las dos novelas en la ciudad de La Coruña, con referencias a Madrid y, en parte, en el mismo periodo histórico, resulta lógica la existencia de ciertas coincidencias, tanto en espacios como en alguna situación, sin que pueda, en ningún caso, considerarse la existencia de una dependencia de un texto por parte del otro.” En enero de 2003 la juez archivó la querella, aunque admitió la existencia de “coincidencias” entre las dos obras.

Pese a Cela, al Nobel y al escándalo del supuesto plagio, La cruz de San Andrés es, con 376.896 ejemplares en diciembre de 2001, una de las novelas menos vendidas de la historia del premio Planeta, sólo por encima de la primera obra que la ganó, En la noche no hay camino, de Juan José Mira (363.457 ejemplares) y de Queda la noche de Soledad Puértolas (364.282).» pp. 428-429, Sergio Vila-Sanjuán, Pasando página. Autores y editores en la España democrática. Editorial Destino, Barcelona, 2003.

Hacia el final del libro, SVS se pregunta: «Enrique Folch, cerebro de Paidós, entonces en plenas negociaciones de Bertelsmann, ¿perdería pedigrí si acababa vendiendo su firma? (poco tiempo después iniciaba negociaciones con el grupo de los Lara).» [P. 659]

La respuesta es: «sí, ni lo dudes». Como sabemos, Paidós cayó en manos del grupo Planeta y, a partir de entonces, sus contenidos han experimentado la devaluación habitual que imprime el grupo larará a las editoriales que fagocita, siempre en aras de una mayor comercialidad que, por razones que ignoro, no llega a verificarse.

En cuanto al plagio de Cela, nótese cómo los “expertos” y “peritos” avalan el statu-quo, defienden de entrada y de salida al autor de La colmena y tratan de delirante la insistencia de la señora Formoso en defender la autoría de los materiales que inspiraron a Cela La cruz de San Andrés. Se advierten coincidencias, de acuerdo, y de ser cierto no sólo es delito sino “una canallada”, pero puesto que la prosa del gallego inmortal es “infinitamente superior”, la pretenciosa aprendiz haría mejor en esconderse y tolerar sin mayores aspavientos que el gordinflón inefable, el maestro de las letras castellanas, el que se ofreció a la autoridades franquistas para delatar a rojos varios, construya con sus torpes y cursilones balbuceos una obra imperecedera de la que puedan gozar los entendidos… y las generaciones futuras.

Sergio Vilasanjuán fundamenta su escepticismo en lo “rocambolesco” del circuito que llevaría un texto presentado a concurso hasta la mesa de Cela y se pregunta –de forma que da pie a pensar que no sólo son cándidos los que se duelen de que los premios literarios estén amañados con meses, años incluso, de anticipación–: “¿pero quién, por qué y con qué criterio?”, preguntas que parecen las que un torpe Watson suele hacer retóricamente sólo para que un condescendiente Sherlock Holmes le responda: “Elemental, mi querido Watson”… para que un premio Nobel que no sabe (sabía) qué cojones escribir para cumplir con su patrón, y obtener la pasta que necesitaba con urgencia para su divorcio millonario, vendiera lo que se espera de un premio Planeta cuando al personal se la podían dar con queso.

En cuanto a Chirbes, quién, por qué y con qué criterio. Quién no lo sé, pero el por qué, el cómo y el “criterio” me parecen obvios.

Atrapado como está el sistema español en una estructura patriarcal, por la cual un sujeto masculino –independientemente de sus aficiones sexuales– de mediana edad, ademanes serios si no adustos, poco amigo de saraos y que farda de simpatizar con una ideología –el comunismo o el socialismo– que le otorga galones de idealista insobornable, es el candidato ideal a representar lo mejorcito de las letras, Chirbes es hoy el cásting ideal. Masoquista e hipócrita como es la sociedad media española, preferirá a un autor que no gasta una línea en despertar una sonrisa de inteligencia en sus lectores, ya que si sus argumentos ilustran el tópico homo homini lupus, encontrará en una novela lo que antaño en la comunión de la misa de doce los domingos.

Por lo que hace a mi prosa “infinitamente inferior” a la de Chirbes, en su momento bien sirvió para arreglar de arriba abajo los libros que diferentes personajes públicos –desde Mendiluce a Sampedro, pasando por Nierga, Arias, Díaz-Plaja o Aznar–, que pasan por ser referentes en sus profesiones, deseaban publicar con garantía de ventas importantes. No sólo eso, mientras a mis espaldas hablaban de mí rebajándome, falsos amigos no dudaron en pedirme que les corrigiera sus tesis doctorales, o memorias de cátedra; hubo incluso quien me pidió (y me negué) que le escribiera la tesis, asegurando, eso sí, que me pagaría bien…

Por supuesto, este post tiene otra vertiente cómica, la que permite que unos y otros se rían de mí… para no dejar de hacerlo.

Anuncios

5 comments

  1. José Luis Moreno · abril 28, 2014

    Caramba, no tenía idea de esa trapacería hecha contra tu novela “La playa”. Intentaré hacerme con ella para leerla. De lo de Chirbes, paso.
    JL Moreno-Ruiz

    • Liu · abril 28, 2014

      hola José Luis, no, es más alucinante que eso. Se trata de un inédito por terminar que presenté a una/s agente/s literaria/s. Cuando el asunto de mi casa se puso peliagudo, pensé que tener un agente me ayudaría no dejar correr el tema literario mientras me dedicaba a solucionar los problemas prácticos. Como les gustaba “La mentira”, la idea era mostrar que estaba trabajando en una novela. Es un poco lioso, te lo cuento en mail aparte. Conozco a otra persona a la que ha ocurrido lo mismo con otro autor y el abogado al que consulté me comentó otros casos semejantes en los que había intervenido.

  2. Mariano Fernandez · mayo 27, 2014

    Jo!Jo!jJo! Vaya con los delirios paranoicos… ¿Y por qué no hablar de la “masa de pensamiento de la época”, que hace a muchos escribir cómo escriben, y coincidir como coinciden? ¿O a pintar, o a dibujar, o .a filmar, etc etc etc..?

    • Liu · mayo 27, 2014

      Ya cuento con los insultos. Le invito a darse una vuelta por este blog, comprobará que la mayoría de las reseñas son elogiosas y las críticas negativas argumentadas. Si fuese paranoica habría asegurado que el plagio procede de Philip Roth, un escritor al que admiro y que no sabe español. No dejaría de ser una loquita con buen gusto 🙂
      Sobre “la masa de pensamiento de la época” … hay muchos modos de nombrar las modas y las tendencias, y ésta es una de ellas. Lástima que haya decenas de libros de ensayo literario que abordan el tema y que nadie lee.

  3. Pingback: Balance 2014… bueno, más o menos | DE LA HABANA HA VENIDO UN BARCO CARGADO DE...

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s