El desempleado museificado

catalonia-at-venice

Catalonia At Venice – Jordi Balló
castellano/català. Un proyecto para la Bienal de Venecia comisariado por Jordi Balló. Con Francesc Torres y Mercedes Álvarez
144pp./ 188il./ 23.5 x 16.5 cm./ Rústica

 

Tengo ganas de que el período de crisis económica aguda sea ya pasado para averiguar cuál será el peso de todas las iniciativas más o menos artísticas, más o menos comprometidas, más o menos de denuncia de esta situación histórica de desmantelamiento del llamado “estado del bienestar”, esa utopía.. Confieso que me aburren tanto los eslógans dando ánimos para emprender, para reinventarse, para ver la crisis como una oportunidad como las iniciativas artísticas que se van subiendo al carro de la denuncia de los estragos provocados por todas las burbujas que coexistieron hasta apenas ayer y que consisten en documentar los tópicos difundidos por los países ricos o en ilustrar nuestra precariedad galopante a través de reportajes fotográficos, documentales, etc.

Supongo que me fastidia por lo que hay de oportunista, de compromiso de última hora, porque el enfoque supone un situarse frente a los hechos con lo que implica de lavado de conciencia… puede que incluso caiga un premio… (Reportajes como los de Javier Bauluz en las minas de Asturias, sin embargo, que implican un seguimiento de años, desde la lucha hasta la derrota definitiva fraguda en los despachos, me parecen incuestionables).

Y entonces me llega información de este libro, 25%, que la editorial Polígrafa resume así:

«Ocho personas en situación de paro, que cubren el espectro social más amplio posible, son fotografiadas por Francesc Torres durante un tiempo de convivencia de entre una y dos semanas. Durante este periodo, el artista documenta su vida diaria: algunos reciclan entre las chatarras, otros se dedican a enviar currículums profesionales, otros no están haciendo nada, aparentemente, como si ya fuera un estado asumido de su vida, otros buscan un cambio de vida profesional, otros ayudan a los que todavía sufren más; todos sobreviviendo, solos o en familia. Además de la documentación visual de su día a día, cada uno de ellos es fotografiado en un retrato formal.

>Después de esta primera muestra visual de su situación vital y económica, la cineasta Mercedes Álvarez filma las opiniones de cada uno de ellos sobre el arte que les gusta, y si juega algún papel, importante o no, en su vida. Se les pide que presten un objeto de contenido emocional que tengan en casa (una pintura, una figura, una reproducción, etc.). Finalmente visitan individualmente el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y allí escogen una obra de la colección permanente entre todas aquellas que están en condiciones de viajar, explicando porqué les ha interesado. Esta incursión en el museo es filmada por la cineasta y pasa a formar parte (como las imágenes anteriores y los objetos personales) de la instalación final. Las piezas de la colección del MACBA seleccionadas  también fueron prestadas para completar la presentación del proyecto en la 55 Bienal de Venecia del 2013. Además, los ocho parados, como sujetos activos de la obra final, recibieron una remuneración económica por su participación y dedicación

Lo que me ha puesto a pensar es la conjunción de estos tres nombres Balló-Álvarez-Torres, y de cómo se produce un intercambio nutritivo entre lo que considero dos bloques opuestos, el de los sujetos con renombre –ligados a otros nombres de organismos emblemáticos de la élite de la cultura (MACBA; CCCB; MOMA; ESCAC…) que durante el boom del burbujeo universal ha celebrado básicamente uno de los espejismos sintomáticos de la época: los nombres propios– y el de los individuos que pierden (o parecen perder) su identidad dentro de un sistema que nos re-conoce fundamentalmente por nuestro patrimonio (incluido el brillo del renombre) y nos ignora y excluye si carecemos de él.

Además, me ha llevado a recordar esos meses en que me apunté –deseando enderezar mi desmochada “carrera profesional”– al doctorado de Comunicación Audiovisual de la Pompeu Fabra, del que Balló es uno de sus más conspicuos animadores, y la impresión de aturdimiento, de desconcierto, que sentía cada vez que acudía a las clases, hasta el punto que sólo resistí un trimestre y lo dejé. Por entonces, colaboraba yo con la Editorial Crítica y traducía enjundiosos y muy sesudos ensayos tipo “La democracia asesinada” –donde se cuenta cómo las potencias europeas traicionaron a la República española–, Escritos sobre Historia, de Braudel, etc.– y a veces desesperaba con el departamento de Contabilidad y las facturas que se retrasaban. Me chocó en este doctorado el ambiente y actitud de los profesores. De los tiempos de Filología, me había quedado grabado a fuego ese “pathos de autoridad” que definía a los más conocidos profesores, que le daba un nosequé de trascendente a su figura y que siempre me ha parecido que era herencia de la ideología franquista más que de ningún ideal de “hombre ilustrado y superior”. En el doctorado de Comunicación… me parecía todo intrascendente, como si flotaran en un mundo de sol y despreocupaciones, buenos sueldos, mejores horarios y temáticas ligeras (de las que Terry Eagleton se ríe a gusto en sus libros). Aunque parezca exagerado, llegaba a sentir una sensación de abismo, de no tener nada bajo los pies.
Las clases de Balló, todo hay que decirlo, eran las más consistentes, pero no dejaba de pensar que ese doctorado consistía en “hablar de películas”, en instalarse en la ficción y en el análisis de la ficción. El doctorado me parecía un anestésico para parados y un entretenimiento para parados inminentes porque no creía que cupieran en el mundo tanto expertos en cine y en periodismo cultural. Todas las asignaturas y los profesores que las impartían me parecían instalados en algo como una neurosis personal de la que parecían inconscientes y que a mí me saltaba a la cara porque la había visto en otros períodos de mi vida… de los que intentaba escapar como de un incendio.

Así, había una profesora que impartía periodismo y que nunca había trabajado en un periódico –éramos 4 doctorandas–. Del total de clases que componían el trimestre, logró no dar un 25%, bien porque se suprimían bien porque alguien en su lugar impartía una “conferencia” vinculada a la asignatura. Las clases eran a las 16h y una vez llegué tarde, apresurada, después de haber pasado media mañana discutiendo con la contabilidad de Planeta para ajustar la fecha de mi factura y que no saltara al mes siguiente. Entré en la clase –pintada de verde hospital–, con poco aire en los pulmones y vi a un hombre que hablaba de “formas de archivo” y que había dibujado unas carpetas tipo dossier en una pizarra plástica… y luego me volví a mirar a mis compañeras –ninguna había trabajado tampoco en ningún periódico y dos de ellas prácticamente no habían salido de la universidad– … las vi dibujando aplicadamente carpetas en sus hojas de apuntes…

…y me quedé boquiabierta. Me pareció que la habitación empezaba a dar vueltas alrededor de mí, que nunca, ni siquiera cuando iba a la universidad con 20 años, es decir veinte años atrás, había estado dentro de una escena tan sinsentido, el conferenciante –un empleado de La Vanguardia– explicaba esos datos obvios –que antes de la revolución digital, la documentación se archivaba en carpetas– como si tuviera por delante todo el tiempo del mundo, y todo el tiempo para perderlo. Yo los miraba como si todos ellos vivieran en un mundo sin agobios y sin peso –sin pasiones, sin carencias, sin apetitos, sin perversiones, sin niños, sin viejos, sin muerte– y no sabía cómo encajar mi mundo –toda la mañana para atar una factura a una fecha, todos los incendios– con aquello.

La clase continuaba dando vueltas a mi alrededor y sin llegar a sentarme, salí por la puerta y me fui.

El anuncio de este libro me ha recordado aquella impresión, cómo se liofiliza una experiencia –el paro– y se traslada al lugar sin contexto, donde las emociones han pasado por filtros –el museo.

El acicate de estos recuerdos encadenados ha sido la muerte, ayer, del fotógrafo francés Christian Maury (mucha soledad, mucha mirada), pues fue a partir de una exposición suya que me gustó mucho –dedicada a las actrices del porno, en la galería H20– y de una conversación entre fotógrafos ligada a la misma película porno de la que él sacó esas fotos, cuando le dije adiós-muybuenas al doctorado de Comunicación Audiovisual. Había quedado con un amigo fotógrafo para cenar y nos encontramos en un bar donde estaba de tertulia con otros fotógrafos –algunos muy jóvenes–. Todos ellos muy talentosos y muy premiados, al menos dos rabiando porque se habían quedado sin poder entrar en Irak por todo el rollo americano de los “empotrados”. Estaban discutiendo muy animados, le preguntaron con un gesto a mi amigo si podían continuar con el tema que trataban y él respondió que desde luego. Uno de los fotógrafos jóvenes tenía un dilema; para ganarse unas perras, hacía la foto fija de una película porno, le gustaba una de las actrices, una chica del Este a la que el dinero del porno le suponía una millonada comparado con los salarios de su país; quería charlar con ella en un descanso de las tomas para declararse, pero no sabía cómo realizar las maniobras de aproximación puesto que, incluso cuando paraban para tomar el bocadillo, ella estaba desnuda. Naturalmente, los veteranos –ninguno de más de 40 años– lo acribillaron con consejos y estrategias y yo decidí que dejaba el doctorado, que me daba vergüenza estar hablando y oyendo hablar de lo que se decía en las clases mientras éstos estaban comiéndose a dentelladas la vida. A veces, un doctorado más que un cinturón de seguridad para el futuro es solo una venda en los ojos. Y son ya tantas vendas.

maury_12-h20-porn

Photo: Christian Maury – LA foto

 

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s