Sergio González Rodríguez, cronista, premio Anagrama de Ensayo 2014

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Me ha alegrado la noticia del premio de ensayo para Sergio González Rodríguez (México, 1950), porque creo que va a ser la única forma de que tenga lectores en España este periodista sensacional. He hablado de él varias veces, y de que resultó imposible reseñar El hombre sin cabeza en el diario donde colaboraba con cierta frecuencia. Sergio González es valiente y es, sobre todo, muy buen escritor; no sé si es una conjunción rara de cualidades pero en él parece darse como si la primera, la valentía, fuese espoloneada por la curiosidad y se supeditase a la segunda. Es decir, no somete la realidad al brillo de una buena frase.

Lo primero que leí de él fue Huesos en el desierto, su investigación sobre esa espeluznante realidad que son los crímenes de mujeres en Juárez y que ha dado luego pie a muchas crónicas, muchos reportajes fotográficos –sobre las maquilas donde trabajan estas mujeres jóvenes, por ejemplo–, incluso películas espantosas, como la protagonizada por Antonio Banderas, etc. Es una crónica impactante en la que, además, él adelantaba hipótesis sobre el quién y el por qué de los crímenes masivos, desprendiéndose de tentaciones irracionalistas –método y enfoque que luego mantuvo en El hombre sin cabeza, dedicado a analizar el sentido, los múltiples significados, de los cuerpos descabezados que han ido apareciendo en las últimas décadas en México, siempre ligados a ajustes de cuentas dentro del narcotráfico.

Los lectores del Bolaño de 2666 también saben de él porque lo convirtió en personaje de la novela –haciendo de sí mismo– y tomó de su libro la información sobre los feminicidios. Mientras leía 2666, me preguntaba cómo incorporaría en la novela el trabajo del periodista, ya que Bolaño no podía desplazarse a averiguar sobre el terreno, y cómo soslayaría el problema que suponía a esas alturas que el chileno era mucho más conocido que el cronista mexicano. Bolaño se dedicó a “levantar acta” de los crímenes, solución que me pareció admirable. No soy fan suya, pero además de que “La parte de los crímenes” es la que más me gustó de la novela, me pareció que había dado con un forma de integrar el asunto dentro de su propia trama, que cabe entender como un inventario de holocaustos del siglo XX. De ese modo, él “hacía” su novela sin matar el trabajo de Sergio González; como en este apartado Bolaño no hizo ni novela ni periodismo, la crónica Huesos en el desierto mantiene su identidad y su fuerza y, fertilizando obras ajenas, no quedaba agotada. No todos los novelistas son capaces de frenarse así.

NOTA AL MARGEN (aunque no mucho): hay un tipo de escritora feminista –o que asegura serlo– que suele dedicarse a exponer sus reproches al sistema que privilegia a los machos utilizando estadísticas y porcentajes para mostrar que las mujeres estamos infrarrepresentadas en todos los escalafones de la cultura [excepto en los más bajos, que esta escritora parece desconocer: correctoras, traductoras de agencia, profesoras de secundaria…]. Es lo que yo llamo el “feminismo contable”  –no he dejado de darme cuenta, dicho sea de paso, que el jurado que ha premiado a S. González estaba compuesto solo por varones–. Sin embargo, dentro de ese mismo rigor contable debería incluir a los autores que han abordado el tema de la violencia contra mujeres, y no solo violencia en número espectacular, y compararlo con el número de mujeres que han abordado el tema con arrojo y rigor: lo mismo se le desequilibraban los números.

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