Estoy leyendo… la escuela de cine de Barcelona y Enard con Michelangelo y un Faulkner feroz

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De la escuela de cine de Barcelona, algunos datos interesantes como el papel del Partido Comunista y de Bardem; los informes de la censura no tienen desperdicio, y coinciden sobre la calidad y la amenidad del contenido de sus películas con las escépticas palabras de los madrileños. El ensayo, algo desordenado y tan mal redactado como es costumbre en Barcelona –catalanada por aquí, catalanada por allá–, carece de ideas teóricas, pero abre con un simpático y bien escrito prólogo de Enrique Vila-Matas, que narra su actividad como groupie de los miembros más “significados” de la escuela (identificándose con ella por clase social, cuando el mundo de Barcelona parecía dividirse entre señoritos (hoy llamados “pijos”) y paletos). Se echa en falta más reflexión sobre cParleleur-enardine, aunque algunas observaciones sobre lenguaje cinematográfico y el buen hacer de algunos directores de fotografía está subrayado de forma muy solvente.

Confieso que me está costando terminar Parle-leur de batailles, de rois et d’éléphants, de Mathias Enard, un autor que para mí tiene el gran gran atractivo, además de su escritura versátil, de lo mucho que conoce el mundo árabe –es profesor del “asunto”, tengo entendido–. Es una nouvelle cultie, dentro del género muy cultivado en Francia del tema con gran artista o gran obra de arte enfrentado al poder y a la Historia, a lo Pierre Michon en Les Onze o a lo Pascal Quignard, en La frontière, una novelita ambientada en el palacio portugués de Fronteira y que no ha perdido gracia con el tiempo. Enard cuenta la peripecia de Miguel Ángel (sí, Él), en Constantinopla adonde llega tras recibir el muy halagador encargo del visir de diseñar un puente sobre el Cuerno de Oro, allá donde fracasó Leonardo da Vinci. Si viajara a Turquía, seguro que me iba a parecer un buen compañero de viaje, pero como novela, el texto carece del vigor que sí supieron imponer Michon y Quignard: ese nosequé infalible que llamaría “morbo” y que supone una especial densidad en las palabras que pronuncian los personajes y en la voz del narrador.  Su ausencia, a qué negarlo, es lo que define la literatura de los últimos tiempos. Puede que haya mucho sexo y mucho espectáculo de la violencia en los libros modernos, pero les falta ese destilado que define a los grandes narradores. O puede que en el caso de Parle-leur de batailles… lo que me deja fría es la tensión homoerótica entre el poeta y el gran artista y quizá todo el encanto de esta nouvelle esté ahí. Terminada la lectura, mantengo la impresión pero destacaría la Nota final, donde Enard refiere datos y documentos que han inspirado su escritura, combinación de erudición, evocación exótica y fabulación.

Todo el vigor, la pegada que sí tiene Faulkner, a espuertas. Novelón.

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