Habla el brazo incorrupto de Santa Teresa: Los premios literarios son ¡una forma! de corrupción

bertolo

El editor Constantino Bértolo EFE / José Manuel Vidal

Leído en La Vanguardia:

Constantino Bértolo: “Los premios literarios son una forma de corrupción”

Al frente del sello Caballo de Troya (Penguin Random House), critica el complejo presente de la labor editorial en España.

Descontando el hecho de que probablemente Bértolo dijo algo más interesante que la frase que los diarios han puesto de titular sobre los premios literarios, llama la atención cómo en las últimas semanas proliferan artículos en que gente de renombre –que se presentan a sí mismos como personas comprometidas con su “tema” y con una larga trayectoria profesional– se pone a realizar públicamente la autopsia del cuerpo extinto de su profesión.  Y lo hacen además cuando otros llevan –llevamos, si se trata de premios literarios-  denunciando en todos los tonos posibles –incluido el cómico y el lírico– que la estructura no aguanta más y está a punto de derrumbarse. El otro día el artículo de Eduardo Arroyo en El País sobre el sector del arte contemporáneo, arremetiendo contra sus colegas, ahora Bértolo con el asunto de los premios literarios y en los mismos días Laura Freixas llenándose la boca de aire para afearle la conducta a la infanta Cristina de Borbón.

Siempre se repite esta situación en que se sale a opinar, a pontificar, adoptando un tonillo moral y aleccionador, o increpador y apocalíptico, cuando la fiera está muerta o cazada y agonizando, por lo que no hay riesgo de que se revuelva a lanzar un zarpazo o a morder a los que le atacan. Aleccionar a la infanta con que ha recibido una educación ultramoderna (universidad + másteres americanos + Harvard) y disfrutó de todas las ventajas para crearse un juicio moral que le ayudara a decidir su comportamiento conforme el rango es contarnos a los lectores el cuento de la Cenicienta al revés. A Arroyo le han respondido cumplidamente otros artistas en las redes sociales, y Bértolo quizá podría, valiéndose de sus conocimientos y contactos, liderar la impugnación por vía jurídica de aquellos premios que cree son fruto de la corrupción de los individuos que organizan y participan en la selección de candidatos, decisión final y entrega del premio.

¿Por qué este postureo? Probablemente porque les rinde a su imagen pública a un coste muy bajo. A los demás nos sirve para saber que, efectivamente, la pieza ya está cobrada. No es seguro que los auténticos cazadores –los que nunca han entrado en el fraude de los premios, ni han mamado de las ubres del Estado+reinos de Taifas– cobren la parte que les toca por abatir al bicho.

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