El invitado, de Carlos Arcos Cabrera

el invitado portada

No creo que hubiera llegado a oír hablar de Carlos Arcos Cabrera, escritor ecuatoriano (Quito, 1951) de no ser porque en los márgenes del mundo literario barcelonés continúan sucediendo cosas interesantes, como los encuentros de los miércoles que organiza el narrador, también ecuatoriano, Leonardo Valencia en su Laboratorio de Escritura, aquí en el barrio de Gracia. En la presentación de Carlos Arcos participaron Dunia Gras y el propio Valencia y surgió una conversación animada e interesante, en buena medida porque Leonardo Valencia planteó con seguridad la necesidad de renombrar la narrativa de la zona, que no podía atenerse a fronteras políticas, por desbordarse en varios países. Propuso el término “narrativa andina” para eludir otros términos que podrían resultar castizos o apelar a alguna nostalgia primitiva que quedaba fuera de lugar. Surgió esta cuestión porque la acción de la novela El invitado se desarrolla en Perú y tiene como trasfondo la violencia y las políticas derivadas de la presencia de Sendero Luminoso, lo cual parecía reclamar una justificación de parte de un escritor ecuatoriano. Valencia reivindicaba el término “andino” evocando al Claudio Magris de Danubio y el tipo de transversalidad que entrañó y asentó esta obra, echando en falta este tipo de miradas trans-nacionales. Le recordamos que las llamadas literaturas mediterráneas no son un concepto nuevo y que si no se le da más relieve actualmente es, para no cambiar, tanto por la situación política como por esa forma de papanatismo que asimila exclusivamente modernidad con novela estadounidense.

El invitado es una novela amena, escrita con buen pulso, y resuelta de manera que en principio parece expeditiva y sin concesiones. Sin embargo, Arcos Cabrera consigue imponer su tesis en un doble sentido que luego explicaré. Relata, a través de los tres miembros de una familia, Felipe, Carmen y Felipe hijo, la intrusión de la política de terror que un grupo vinculado al Ejército pero que actúa sin su control ejerce contra personas de cerca o de lejos relacionadas con el movimiento de Sendero Luminoso. Felipe es abogado y trabaja en un proyecto de modernización de centros históricos y, a petición de un viejo amigo, asesora a víctimas de la violencia, lo cual supone un compromiso tangencial que le convierte, pese a su buena posición, en víctima del secuestro de un grupo comandado por un enloquecido personaje vinculado al ejército, al que se someten una tropa de sicarios. Los secuestrados –a lo que se da el nombre de “invitados”– son trasladados a un centro de reclusión donde se les tortura salvajemente mientras se pretende sacarles información sobre su implicación en actividades izquierdistas, etc.
La novela se encuentra, temáticamente, entre Noticias de un secuestro, de García Márquez, y la narrativa más reciente que ha abordado con ironía –o ha condenado– el papel de las guerrillas de izquierdas en la lucha contra las dictaduras en el área latinoamericana, desde los años 70 en adelante. Mientras García Márquez hacía un retrato de perfiles muy definidos –los buenos encarnan la legalidad democrática; los malos son el narco y su estrategia del terror–, Arcos Cabrera hace algo interesante con sus personajes: repasa a través de las ambivalencias de sus compromisos a sus distintas afiliaciones políticas y de sus decepciones, el modo en que se entrega a las fuerzas de la violencia paramilitar y terrorista el control del destino del país.

(cont.)

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2 comments

  1. José Luis Moreno · diciembre 23, 2013

    Gracias por la información. De la literatura ecuatoriana sólo conozco a Pablo Palacio, escritor muy grande, eso sí. Ya sabes: hay autores latinoamericanos a los que no pasean por ahí ni los de Alfaguara ni los de El País, con lo cual nos quedamos sin saber de ellos. De ahí que te agradezca la información.
    (Las más de las veces -en mi opinión, lo que es como decir in my opinion- esos autores latinoamericanos a los que pasean por ahí los de Alfaguara y los de El País, se creen mierda pero no llegan ni a pedo, como dicen en Puerto Rico).
    Un abrazo, Liu.
    José Luis Moreno-Ruiz

    • Liu · diciembre 23, 2013

      Hola José Luis, de acuerdo contigo –comentario escatológico aparte 🙂 –. Tengo que terminar el post, se me hicieron anoche las tantas y mis neuronas se plantaron…, pues queda algún detalle digno de relieve. Me apunto el nombre de Palacio a la larga lista de pendientes de lectura… Un abrazo, MJ

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