De injusticia e indefensión: el plagio de Chirbes en Crematorio (insisto e insistiré)

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Barracas valencianas
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No pienso continuamente en el asunto del plagio porque tengo demasiadas preocupaciones y una situación urgente que resolver. Pero es obvio que ha afectado a mi ánimo, que en los últimos cuatro años parece ir de mal en peor. Sobre todo, por la impresión de indefensión legal, como profesional free-lance del mundo editorial y como  escritora.

Hoy, dentro del runrún obsesivo que me lleva a preguntarme cómo salir del agujero, me preguntaba también cómo justificaría Chirbes la expresión que utiliza en Crematorio “perros de la noche” y que, estoy plenamente convencida, tomó de mi inédito –registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual en 2004 con el número de Asiento/Clave 02/2004/2533–, con el título provisional “LA PLAYA”.

Crematorio: p. 285 -“Se me aparece en las pesadillas. La veo una noche sí y otra también en las pesadillas, en esos perros de la noche que nos asaltan”.

LP p.76  -“limitaos a liberar las voces de los poetas malditos para que corran por las calles como perros sueltos por la noche en Harar.”

Revisando mi texto, cotejo con Crematorio, y encuentro aquí y allá expresiones mías, verbos inusuales, énfasis que reconozco –todo de lo que en ocasiones abuso y en  la relectura me obliga a hacer un “barrido”–: ese “punzante” ese “apurar”, ese “fluido”, esa “Menchu”, nombre tan poco habitual y todo lo que ya anoté en su momento en unas largas 35 páginas de word.

Por no insistir en el artículo lleno de ideas conocidas sobre Camus que Chirbes defendía hacía poco en las páginas de El Cultural comparado con la presencia no sólo del propio Camus sino de su mundo en lo que llevo escribiendo, incluidos aspectos colaterales como el de su amante, la actriz española María  Casares, de la que he tratado ya en este blog, mucho antes de tener noticia de la novela de Chirbes. Y el artículo dedicado a su relación con la guerra civil española, escrito a finales de los 90 y que está archivado en una página de este blog también.

La novela del valenciano está siendo traducida a numerosos idiomas, pero ¿sabíais que es el Estado español el que paga con subvenciones del orden de los 2.000 y 4.000 euros esas traducciones? Basta para averiguarlo con acceder a las páginas que el ministerio publica cada año. Tropecé con esos datos buscando el nombre de una colega griega que traduce del español.

Me niego a creer que sea casualidad, o que las coincidencias que yo advierto están cogidas por los pelos. Vivía mejor y más conforme con la vida creyendo que un escritor valenciano se había labrado paso a paso el prestigio aquí y en Alemania, la verdad.  Un abogado especialista en propiedad intelectual me comentaba que habitualmente, en casos de plagio, el escritor plagiado tiene la convicción íntima de que su obra está integrada, no siempre literalmente, en la otra. Pero es el especialista en este tipo de cotejos el que posee la técnica para validar la demostración (salvo los corta y pega de la Quintana).

Los últimos escándalos por plagio, el de Cela o el de Pérez-Reverte y Bryce Echenique, han supuesto años y más años de pelea en los tribunales. Estos afamados escritores apenas han visto mermada su popularidad o su fortuna –véase a Pérez-Reverte pontificando ante Jordi Évole semanas atrás o tratando de estúpidos a los ciudadanos por no lanzarse a las barricadas contra el despilfarro y la corrupción, esta misma semana. El chiste de que este hombre precisamente sea quien se rasgue las vestiduras tiene más gracia para los que hemos trabajado en las televisiones de antes de la crisis (como él, corresponsal de TVE) y conocemos el despilfarro –como si no  hubiera un mañana, se diría– imperante, del que se beneficiaban periodistas de renombre y profesionales en plantilla.

Pero no es éste el tema, sino el de las inercias. Todos, por su condición de escritores establecidos, tienen una corte de aduladores y de beneficiarios de su fama –siquiera las sobras de ella–, desde editores, periodistas, agentes literarios, profesores de literatura… Y luego están los lectores superficiales que, seducidos por estas personalidades que parecen cantar las verdades al lucero del alba, se niegan a creer que hayan podido cometer plagio. Y todos ellos van a cerrar filas, como hacía Juristo en Cuarto Poder sobre Bryce Echenique, banalizando el asunto. Obsérvese   cómo desprecia los originales plagiados cuando escribe:

“puedo decir que mi vida ha estado rodeada da plagiarios: admiré mucho a Fernando Fernán Gómez, que fue acusado en su día de haber plagiado aquello de El pícaro; pasó con Camilo José Cela, al que acusaron de plagiar el argumento de la novela que se llevó el Planeta y con el que tuve cierta relación; lo mismo con Luís Racionero respecto a un historiador inglés sobre el periodo clásico griego;  lo mismo con Alfredo Bryce Echenique, con el que mantengo amistad desde hace veinte años y que ha sido condenado por tribunales peruanos acusado de plagiar artículos de prensa que luego se publicaban en revistas médicas y cosas así.”

En revista médicas y “cosas así”. ¿A que tiene gracia? ¿Y dónde iban a publicar esos artículos? ¿En el Hola? De lo que quizá no se da cuenta Juristo es que en ese mero párrafo tiene materia para una novela. A él le toca decidir el género, si de horror, picaresca o realista…

Pensaba también estos días que la única manera de romper la inercia por la cual el escritor de fama resulta intocable frente a una (arruinada) escritora desconocida como yo sería realizar una lectura crítica exhaustiva de la obra del escritor. En el caso de Chirbes descubriríamos, leyendo Mimoun o Los disparos del cazador, que se trata de obras muy imperfectas, donde la construcción psicológica de los personajes es floja, lindando en lo inverosímil y que mediante una pintura impresionista elude la construcción de una trama dinámica de acciones que colisionaran entre sí y disputaran con la realidad que representa. En el caso de Mimoun, para los lectores que vivieron/vivimos  los años 80, me parece patente que su buena acogida tiene que ver antes con la buena intención frente a temas voluntariosamente rompedores que con el logro literario del texto, un cruce algo bizarro entre Bowles, Durrell y el grunge de la temática homosexual.

Sé que no soy la única escéptica ante el ensalzamiento de Chirbes como nuestro gran escritor español vivo. Pero resulta más ventajoso para casi todos ignorarme como a los locos o a los apestados. Y así llevamos 18 años.

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