Informe Anagrama: EXCESO DE TESTOSTERONA, de Lucía Etxebarria (luego Amor, Prozac y dudas)

prozac

Este es el informe de la novela que llevaba el título que encabeza el post y que se publicó como Amor, prozac y dudas. Transcurridos más de 15 años, la perspectiva deja ver varias cosas. La principal es que el éxito comercial de Lucía Etxebarria condenó muchas otras voces literarias posibles de mujer, más maduras y elaboradas, no necesariamente serias en el tono. Piénsese que andábamos por los 30-35 años, que no es poca edad. Contribuyó a arraigar un peterpanismoy un edipismo literario ya indigesto. La segunda, que la editorial supo zafar la tentación de apostar por una nueva Almudena Grandes y arrasar. También, que de aquellos polvos (literarios) estos lodos (no literarios). Lo demás que se desprende, se ha desprendido se ha desprendido y no hay modo de rescatarlo, ay! : -)

Exceso de testosterona novela, (no numerada)

Conviene advertir desde el principio que esta novela acusa una fuerte influencia de la de Almudena Grandes, Malena es un nombre de tango, tanto en el argumento como en el tono, por lo cual, sea cual sea la impresión que deje su lectura, el eco de la otra es aquí un lastre por demasiado inmediato. Y si consideramos que la novela de Grandes se nutría de todos los defectos y virtudes narrativos de su autora, aquí resulta por su parecido difícil determinar la originalidad de la tentativa de Lucía Etxebarria. Por todo eso, la lectura deja menos la impresión de que estamos ante un texto literario que frente a una exposición de los fantasmas de una mujer joven de hoy acerca de cuál puede ser su lugar y condición en el mundo. Dado que los defectos de composición de la novela y la poca elaboración del pensamiento que sustenta los distintos argumentos -tres soliloquios de tres mujeres jóvenes, hermanas, que viven en el Madrid actual- son muy evidentes, y que la escritura es muy apresurada y se apoya en golpes de efectos sentimentales -citas de canciones de moda, con una voluntaria selección de evocaciones del fracaso que apuntan a condenar cualquier salida vital; frases “fuertes” terminando párrafo; contundencia de las escenas sexuales y los diálogos sobre el tema-, lo que resulta es, a mi parecer, un falso documento de la juventud de nuestro tiempo, o de un cierto sector de la juventud. En todo momento, una imagen distorsionada del presente. Aquí, como sin duda debe ocurrir en la novela de Mañas y en menor medida en la de A. Grandes, se quiere impactar rompiendo con el molde de una buena escritura, pero lo cierto es que si no se dispone de un bagaje lingüístico suficiente, si se limita a reproducir un lenguaje “natural”, espontáneo, todo recae sobre la inteligencia de la narradora y su sensibilidad para sugerir su mensaje nihilista y la supuesta denuncia de nuestro presente. Y aquí es donde está la trampa de esta novela: Etxebarria salpica de notas cultas sus soliloquios, con explícitas referencias a Freud, pero eso no basta para que la composición de sus tres personajes protagonistas tenga cuerpo suficiente. Esas tres mujeres son otros tantos estereotipos y, lo que es peor, lo son deliberadamente: la casada (32 años) con un hombre aburrido, aquejada de una depresión de origen indefinido, que nos descubre en el último momento su insatisfacción sexual y su matrimonio por revancha; la ejecutiva agresiva (30 años) que sólo ha conocido relaciones amistosas y sentimentales insatisfactorias, y que recuerda en el último momento la carita de una compañera de clase, y la mujer carnal (28 años) por antonomasia, camarera en un bar de moda, adicta a todos los desórdenes, número de rifa para los hombres, de carácter excesivo y que llora su ruptura con un estupendo irlandés; ella es la protagonistas y la que de alguna manera organiza la novela. Se diferencia de la protagonista de A. Grandes en que no tiene problemas de sobrepeso.

La narración se organiza en soliloquios, dentro de capítulos encabezados cada uno por una letra del abecedario y punteados por una estrofa de una canción que condensa el mensaje de lo que sigue.

La autora apoya la narración en elementos dramáticos a priori: desaparición del padre cuando las protagonistas son niñas; violación en lugar de primera experiencia sexual (la mayor con su noviete de verano; la menor con el idolatrado primo), y toda la parafernalia de lo que supuestamente son las relaciones hoy: música trance, pastillas y anorexias, muerte por drogas, rock, diálogos epatantes y nihilistas. Todo bastante Kronen  y sin salida.

No me cabe duda que la novela es muy comercial, si no es que previamente Almudena Grandes y Mañas han agotado el filón, posiblemente con una calidad de escritura algo mejor que la de Lucía Etxebarría. Es decir, que podríamos estar ante una novela de subgénero que interesa, aunque personalmente me parece más interesante como diagnóstico que como literatura.

Valor artístico: 4        Valor comercial: 7?

prozac-soprano

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