Cincuenta sombras de Grey : editores españoles y la sumisión

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Aviso de entrada que no he leído y no me apetece leer nada que sea un enorme éxito actual y menos si se lo promociona como “porno para mamás”.  Yo me imagino a parturientas o a recién paridas contemplando no sé qué película especialmente excitante indicada para, quién sabe, quizá cicatrizar bien.
Varias cosas me apetece discutir aquí. Una es la tremenda promoción que la editorial Random House Mondadori le ha dado a este bloque de libros, y la publicidad paralela que le han hecho algunos diarios. Uno de los artículos más cómicos, que leí nada menos que en La Vanguardia, era el que aseguraba que alrededor de un 37 % de las mujeres encuestadas, lectoras de la magna obra soft-porn, aseguraban que su vida sexual había mejorado.  Pero eso quiere decir que sobre un 63% no ha tenido ningún efecto.  El País, en su muy estúpido suplemento S Dona, hiló más fino y dio porcentajes más curiosos, con conclusiones variopintas no necesariamente ciertas (los que hemos trabajado en temas de encuestas y márqueting sabemos muy bien lo imaginativas que pueden ser las conclusiones derivadas de un conjunto de números).

Los amantes de los best-seller también peroraron que por qué esto y si a las mujeres nos gusta hacer o que nos hagan esto o aquello. Yo no sé vosotros, pero yo miento sistemáticamente en todas las encuestas, entrevistas a pie de calle y hasta en los cuestionarios del ayuntamiento que pretenden conocer mi opinión sobre asuntos de mi incumbencia, pero sobre los cuales ya tiene tomada una decisión.

Por fin, hoy se publica un artículo que se explaya sobre lo que todo el mundo sabe acerca de una novela que predica la sumisión de la mujer al albur de un millonario -cómo no!–. Lo publica Cuarto Poder, y lo firma Miguel Ángel Criado. En resumen, dos investigadoras publican en una revista dedicada a la salud de la mujer datos que refieren el perfil del prota de la trilogía como el típico maltratador. La novela viene a realizar una labor de zapa contra todos los avances en asuntos relacionados con nuestra libertad.

Vale la pena leer el artículo, es atinado y breve. A mí lo que me interesa son ciertos detalles anecdóticos. Oí por la radio una entrevista a la editora, de Grijalbo, que por su tono parecía encantada de la vida –todo eran risas y gorjeos celebrando el exitazo del fenómeno– y encantada también de haberse conocido. Incluso parecía ser ella la autora del libro, pues se deducía que su intervención en la edición española no había sido poca. Admitía, como todos, que la calidad de la novela era tirando a pobre.  Semanas después me contactó vía mail un autor francés, uno de cuyos títulos traduje tiempo ha para Grijalbo -aunque me llegó, como todo, a través de Anna Prieto, editora de mesa–. El novelista, especializado, creo, en una mezcla elegante de misterio e historia, me había felicitado por mi traducción. Le agradecí su nota, con más motivo porque Prieto me comentó que la editora había dicho que no le había gustado el resultado. El texto no tenía demasiada dificultad ni daba ocasión a grandes inventos –salvo el de escribir otra novela diferente–, pero, como a cualquier traductor escrupuloso (y mal pagada), me sentó mal. La editora le dio los siguientes títulos del autor francés a otra traductora. No sé por qué, yo me figuraba que sería mi versión la que iba a tener más lectores, como así ha ocurrido. Le comenté al escritor la crítica -sin argumentos– de la editora y él expresó su asombro, corroborando que el mío era el que se había vendido más, con edición de bolsillo incluida. (Y sin grandes correcciones, tarea en la que no suelen lucirse en RHM, dicho sea de paso).

En conclusión, que el escritor francés andaba buscando a la que resultó ser la exitosísima editora del gran fenómeno editorial erótico (pssst). Yo no la he visto nunca. Los traductores trabajamos cada vez más con fantasmas y máquinas. No había modo de dar con ella, secretaria por medio incluido. Hasta que finalmente le escribí que haría mejor en buscar otro editor, pues ésta estaba completamente subida a la parra y probablemente ya no atendía a nada que no oliera a dinero y a bragas húmedas. (no lo dije de forma tan exactamente plástica).  A vuelta de mail, el escritor me respondió: “Bien vu! c’est exactement ça qu’elle a répondu!”. Ella pretende “se tourner vers le roman non historique et si possible érotique”.

La verdad es que, una vez averigüé que la editora de mi traducción era la misma que ocupaba con tanta euforia el espacio de promoción de las sombras seudoeróticas, su comentario sobre mi traducción me pareció una típica manera de mantener el control y de señalar quién es la gallina que más canta en el corral.
Y éste es un tipo de maltrato del que no se habla: nuestra indefensión como profesionales free-lance, tanto en el sector editorial como en el de prensa frente a editores y empleados que no tienen por qué justificar sus desaires. Estamos sometidos al capricho y arbitrariedad de editores, muchos de los cuales no tienen ni un dominio del idioma ni la capacidad ni el gusto que justifique su posición.

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