Lectores

Compruebo que la mayoría de lectores quieren encontrarse a sí mismos y lo que ya saben, bien en un blog, en una novela. Lo interesante para mí es dar lo que no saben, enfrentarles a lo que no saben. La mayoría se acercan a un escritor/a menos por curiosidad que por vanidad, o como el consumidor que busca algo nuevo y exige, reclama “aquello” que gustó alguna vez o varias veces. Su relación con la lectura es lo que Sollers define melancólicamente como “sentimentalismo de la mercancía“.

El escritor que prefieren es el que los refleja, no el que les habla de lo que no saben y prefieren no saber. Quieren el éxito y compran o toman prestada la cuota de éxito que encierra en sus páginas el libro con su firma. Quieren la guapeza pero no la valentía, que, si es tal, ocurre fuera de los libros que alguien escribe.

Toman al escritor como portavoz y no siempre perfeccionan sus propias ideas a partir de lo que les gusta o molesta de aquello que leen: se apresuran, los extravertidos, a reclamar su idea, extraviada en el cauce de lo que el escritor ha publicado, y entablan un falso diálogo con él. O lo insultan. O lo ignoran. Esperan que cumpla con las normas de lo actual o de la moda en su faceta más brutalmente anodina o que se atenga al código de calidad que ha consolidado un sistema que se finge abierto porque los libros están al alcance de la mano. Lo que es más falso que no. Rigurosamente modernos. Pero se puede ser estrictamente moderno sin necesidad de subordinarse. La moda puede ser un sucedáneo para exigencias y reclamaciones compartidas, pero la mayoría de veces alguien se erige en el “adelantado” de los deseos de muchos y ese alguien no es más que un falsificador que aparta de la circulación el texto o el poema que lo retrata.
La forma de presentar el transcurso del tiempo ya es de por sí una de las convenciones.  
La preminencia que se da a los argumentos “políticos” es una de las trampas más perversas que se nos ofrecen hoy, porque suelen confundir político con historia. Y ahí los españoles estamos cautivos de una historia de la literatura que lleva mucho tiempo prescindiendo de los conceptos, es decir de las ideas. El sustrato que contienen varias novelas aplaudidas por su enfoque político encierra en realidad un aplauso al sistema y sólo aportan una corrección marginal a su funcionamiento.

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