En una isla

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El beso

Ayer, mientras leía la novela de Onetti, de pronto imaginé a Robinson Crusoe recitando a voz en grito por la isla desierta este fragmento de La vida breve, creyendo que solo un argumento y un texto como éste mantendría su deseo de regresar a la civilización.

JUAN CARLOS ONETTI – LA VIDA BREVE

«-Me alegra que todo esté bien, que lo digas – continué-. Para mí todo estuvo mal; pero recién ahora, cuando nada tengo que ver contigo, con nadie, tampoco conmigo. El hombre llamado Juanicho te quiso, fue feliz, sufrió. Pero está muerto. En cuanto al hombre llamado Brausen podemos afirmar que su vida está perdida; lo digo así, como si diera mi nombre a la policía o declarara el equipaje en la aduana.

            »–¿A tu edad? -preguntó ella; pensé que no podía comprender, recordé que ya no me quería.

»–No es eso; puede ser un fracaso pero no es decadencia. Ahora sí tomaría de esa botella de algo.

»–Tal vez fuera eso, Juanicho. Tal vez no se tratara del pecho que me sacaron ni de tu desamor ni del fin inevitable de todas las cosas.

            –No se trata de hombre concluido –dije–. No se trata de decadencia. Es otra cosa, es que la gente cree que está condenada a una vida, hasta la muerte. Y sólo está condenada a un alma, a una manera de ser. Se puede vivir muchas veces, muchas vidas más o menos largas. Tú debes estarlo sabiendo. Tomaría un trago de ese algo. Pero si te molesto, me voy.»

Pág. 589. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores.
Obras Completas I, Edic. de Hortensia Campanella.

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