Demoliciones Gutiérrez

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Aún no he decidido si me gusta o no la lectura que Pablo Gutiérrez hace de la realidad, porque no me convence el tercio final de Democracia. Llegado ese tercio en que empieza el “¡aaaayyyy que se cae!”, como quien contempla un derrape de Jorge Lorenzo, daban ganas de citarle ese verso de  Juan Ramón Jiménez: no la toques ya más, que así es la rosa. Y la novela, y la realidad, Pablo.

Claro que desde Muerte de un murciano en La Habana, de Teresa Dovelpage, no había visto usar las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer de modo tan sardónico.

Sin embargo, lectura más que recomendable porque, igual que la argentina Pola Oloixarac nos hizo el favor de neutralizar a Lucía Etxebarria, Pablo Gutiérrez neutraliza desde casa al grupo Nocilla. ¿Por qué? Porque la exposición de ideas –ideas no nuevas (no nuevas para el que hay visto Inside Job, es decir todo el mundo, y para los que se envenenan con los telediarios), pero claras y ordenadas de forma brillante– se mejora con un estilo interesante. O por decirlo llanamente: porque Oloixarac y Gutiérrez escriben bien, el suyo es un estilo con personalidad que hace juegos malabares con la tradición literaria, porque pueden y saben mientras los  miembros –disgregados– del Team Nocilla lo intentan y no. Tres palabras sueltas no son un haikú.

pablo gutierrez

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