Que qué opino de la Patrulla de Salvación me preguntas…

El otro día querían saber mi opinión sobre la Patrulla de Salvación, y solo pude acordarme de un episodio de la serie de humor Frasier, aquella en que un psicoanalista cuarentón se traslada a Seattle huyendo de un divorcio penoso -como todos– y se convierte en un famoso consultor radiofónico de las neuras de Seattle, que vive con su padre, ex policía gruñón y con los pies en el suelo (aunque cojea por las heridas de un tiroteo), en un piso de diseño típicamente yuppie con magníficas vistas sobre la ciudad. En un episodio, el remilgado hermano de Frasier le pregunta si cree que él y su no menos remilgada esposa –que nunca aparece en pantalla y es descrita de la manera más hilarante y grotesca– están hechos el uno para el otro, habida cuenta de la crisis en la que andan atrapados. Como Frasier ante la comprometida pregunta de su hermano, yo no quiero dar una opinión así de cualquier manera, quiero pensar detenidamente qué opino de la Patrulla de Salvación que va a salvar la literatura, voy a madurar mi opinión, ah, sí, es muy importante para el mundo en general saber qué opino acerca de la Patrulla.

Eh, no me presionéis, no puedo limitarme a decir cuatro banalidades sobre la agresividad contenida de los losers urbanos de la España contemporánea que explota a través de seudónimos vulgares en cauces previstos por el sistema de modo que no alcancen a herir los puntos débiles -¡si los hubiera!– del sistema literario español.

Eh, caramba, qué prisa tienes por hacerme hablar, no puedo decir como tú que son el equivalente de Lucía Etxebarria en los años noventa y tan nefastos para la literatura y/o la crítica como lo ha sido ella. Eso es poco. Eso es rozar la superficie del asunto.

No, chico, no soy lenta, es que tú no sabes lo que es tener una opinión influyente, nadie podrá conciliar el sueño si ofrezco una opinión poco sopesada y se quedan sin saber qué opino yo y, por lo tanto, qué han de opinar ellos. Déjame pensar, déjame madurar mis ideas. Puede que me lleve tres tardes,

o tres semanas,

 O tres años.

O tres vidas.

Es lo que supone tener una opinión influyente…

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