¿De crítica literaria?

Así están las cosas. Así de tristes y graciosas, de tremendas, pomposas,  esdrújulas,  bobas, polisilábicas y narcisistas. Y yo que creía que la escritura jeroglífica estaba démodée… 😉

1)
«Como espectador curioso, creo percibir una laxitud en la musculatura intelectual de ciertos críticos cualificados, cada vez que estos se esfuerzan en penetrar en los más insalubres e infectos rincones de cierta crítica digital (modo Elitismo Sumo encendido), con voluntad antropológica y elevadas aspiraciones, precisamente por la desigualdad de los contendientes en la escaramuza que inevitablemente supone semejante operación. Naturalmente, estoy aludiendo aquí a artículos como aquel ya célebre sobre la «crítica kitsch» de Alberto Santamaría y su reciente continuación «No es punk esa crítica», a Ignacio Echevarría en «De la crítica en Internet» , o desde este mismo espacio a los comentarios de Andreu Jaume en «El lecho de Procusto»

Antonio J. Rodríguez (1987) en su blog de Random House Mondadori.

Robert Mapplethorpe

2)
«Considerar que el soporte determina el proceso de escribir o de hacer crítica implica someter el ejercicio de la crítica a su total adelgazamiento (o a un nuevo y delirante formalismo). De esta forma, tomar la crítica como determinada por su soporte implica o bien que ese soporte ejerce sobre nosotros un efecto hipnótico, de abducción (tecnófila) o bien que un interés de otro tipo (mercantil, etc.) nos condiciona tanto a la hora de leer como de escribir. El ejercicio de la crítica, tal y como lo concibo, tiene por el contrario un eje más simple: la determinación de su contenido no puede venir condicionada por el soporte, sino por la apertura de significados, por la apertura de lecturas que aporta (esa crítica) sin considerar que ninguna de las posibles posiciones frente al texto o la obra de arte es LA verdadera. (Nada nuevo, por otra parte) Un símil psiquiátrico. Paul Watzlawick escribía hace ya años: “Lo verdaderamente ilusorio es suponer que hay una realidad “real” de segundo orden y que la conocen mejor las personas “normales” que los perturbados psíquicos”. »
Post “No es punk esa crítica” de Alberto Santamaría (1976) en su blog personal.

John Lennon y Yoko Ono, autorretrato desnudos en 1968

3)
«Vivimos en una cultura empobrecida por la falsa ilusión de que uno sólo puede ser considerado un verdadero escritor ―un creador― si logra convertirse en novelista, un prurito, por cierto, del que ni el propio Wilson se libró. Desde que la poesía, sobre todo después de la segunda guerra mundial, fuera desplazada de la cúspide por la novela, en un asalto cuyas implicaciones profundas todavía no se han descrito con exactitud ―y que en las letras anglosajonas vivió su particular rito de paso con la publicación de The Great Tradition (1948), donde F. R. Leavis abandonó definitivamente la exégesis poética en favor de la interpretación narrativa y dibujó el primer árbol genealógico para los novelistas de su hora―, la literatura de nuestro tiempo se ha reconocido casi exclusivamente en la novela, constituida en la meta de todo escritor ambicioso. Esta idea, que a menudo se sostiene sólo por un prejuicio social, ha sido particularmente popular en España, donde ha arruinado el talento de muchos escritores, obligados por esa urgencia a darse de bruces contra sus propios límites y a abandonar, en algunos casos, otros géneros para los que estaban más dotados pero que no gozan de ningún prestigio.»
Post “El futuro de la crítica” de Andreu Jaume (1977) en su blog de Random House Mondadori.

Foto: Lisa Lyon copyright © 1982 Robert Mapplethorpe Foundation. Foto boletín: Lydia Cheng copyright © 1985 Robert Mapplethorpe Foundation.

4)
«Los setentas berlineses ofrecen dos proyectos ideológicos heterogéneos a sus aturdidos contemporáneos. Preguntarse por la supervivencia moral en la posguerra se halla en último término. Tras el nazismo, exhibir ciertas propuestas éticas deviene el paradigma de la absurdidad. La disyuntiva existencialista del pueblo alemán versa en una doble senda: impulsar una hipotética e imponente revolución social o enunciar la inutilidad de la vía violenta. Günter Grass esboza la sátira de una nueva comunidad politizada y por consiguiente exponencialmente dividida, sobre todo en el terreno universitario, que se articula gracias a un único punto sindical: la voluntad de cambio en abstracto. El autor de El tambor de hojalata que, en su momento, proporcionó a la literatura alemana la voz necesaria ante el porvenir de aquellos tiempos furtivos, firma Anestesia local con el fin de desvelar un enfoque inédito sobre el desdoblamiento de la opinión ciudadana.»
Post “Estoicismo con narcóticos” de Carlota Monsegui (1991) en su blog de Random House Mondadori.

R.M.

5)

«El reverenciado y venerado intelectual llamado Ignacio Echevarría, en la segunda parte de su artículo El crítico como disc-jockey (aquí ), termina echando la culpa a internet del desprestigio actual de la crítica literaria. Ya lo adelantamos nosotras (aquí). Además se atreve el elogiado y respetado hombre de letras a amenazarnos a todos con un futuro mundo literario apocalíptico en el que, sin doctos sabios que nos hagan el favor de decirnos qué es lo bueno y qué lo malo (literariamente hablando), se impondrá la ley de la selva (el mercado) y ya nunca más podremos volver a disfrutar de buenos libros. Uuuuu, qué miedo.
Echevarría, nuestro James Wood carpetovetónico, se cuestiona:»

Post “¿Autoridad? ¿Qué autoridad?” en el blog Patrulla de Salvación (se dice que es Cristina Fallarás (1968), sola o en compañía de otros)

Duane Michals – “La parte más bonita del cuerpo masculino”

6)

«Una novela puede inspirar una amistad o un asesinato. Esa es la verdad, discreta, que revela esta novela, cuya treintañera protagonista descubre que El guardian entre el centeno, de Salinger, que para ella significó la puerta de acceso a la mejor amistad -y la mejor temporada- de su vida, también fue la inspiración del asesino de John Lennon. La vida, parece decir la protagonista, es un arma de doble filo. También los recuerdos.
 En estas páginas, intimistas, descarnadas, poéticas, de su primera novela, Marina Fernández (Madrid, 1974) nos propone un hermoso viaje a través de los recuerdos. Tiene mucho de generacional, pero se adivina tejido con mimbres autobiográficos. »
Care Santos (1970) en El Cultural sobre “Los patos de Central Park“.
7)

«El interés por la low-tech como instancia crítica,  en relación directa con el uso de estrategias metanarrativas que reconsideran, investigan y, en última instancia, desmantelan las técnicas literarias modernas. En este sentido, la concepción al uso de la textualidad posmoderna como muy metaficcionalpuramente literaria, e incluso autista debe ser revisada y ampliada a la luz de un recurso que cuestiona el carácter únicamente literario de la ficción, a la vez que tematiza y usa productivamente la amenaza de la tecnología a la cultura literaria recibida».

Eloy Fernández Porta (1974) en Afterpop,  “La cinta magnetofónica y el rebobinado de la historia”, p. 146.

Foto de The Sartorialist – Joven ciclista, 2012

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