Cuánto me gustaría estar bailando el hula-hula en Honolulú

Mientras terminan de subir las imágenes al ftp…

dos artículos que me han puesto de mal humor –no los de economía, que forman parte de la vida extraterrestre–: leí el artículo de IE “Cuestión de método” de El Cultural en que comenta la entrevista a Javier Calvo publicada en Quimera. Y el que hoy publica El País sobre la ingestión de Tusquets por el tiburón Planeta, donde la veterana editora Beatriz de Moura explica las razones del trato con el conglomerado de Lara.

Qué mal humor, qué sensación de ser tratada como idiota, y no por lo que escribe IE, sino por lo que refiere que cuenta Calvo acerca de su decisión de presentarse al premio. Lo de su método de trabajo, sí, tengo mi opinión, pero también creo que un escritor o quien pretende serlo es libre de escribir lo que le plazca. Se valoran o se juzgan los resultados. (Aunque, qué maravilla lo que cuenta Hockney de su método de trabajo, de la impregnación absoluta de su vida por su tarea de observación/ejecución.)

Y el artículo sobre el acuerdo de distribución de Tusquets… No es que tenga una opinión formada con tan pocos datos como se dan –aunque si siempre ocurre lo mismo con lo que Planeta compra, no parece que el futuro vaya a ser sorprendente–. Lo que ha hecho  que me subiera por las paredes –¡es un decir!– es el artículo en sí: ¿dónde están los periodistas que no actúan de portavoces de la noticia que les sirven desde fuera? ¿Acaso con pedir la opinión de pequeños editores basta? ¿Basta con presentar la situación como el desenlace fatal de una fatalidad fatal? ¿Basta con tomarle el pulso a la situación y redactar un resumen de la historia de las concentraciones? Si el rumor circulaba hacía varios meses, ¿no podían haber elaborado un artículo de calado sobre los estragos que conlleva la concentración editorial, y no solo en los sueldos, o en las tarifas de colaboradores externos, sino en la política de nombres propios, en la definición de contenidos?

La hipótesis de trabajo es suponer que todo son mentiras: lo que cuenta Javier Calvo en Quimera y lo que declaran desde Tusquets respecto al futuro de la editorial. No mentiras pérfidas sino mentiras estratégicas, mentiras como paños calientes.

No me creo que JC decidiera presentarse al premio Biblioteca Breve-No Muy Breve en un rapto místico inspirado por Facebook –aunque la mera idea es preciosa–. La entrevista ha de entenderse como la declaración oficial: lo que le interesa que se crea. Como muchos, yo me figuro que el paso a Seix Barral no ha sido improvisado y que los tanteos se remontan a meses atrás. Porque, según se versión, quedan preguntas: ¿Se presentó con seudónimo? ¿A cara descubierta? ¿Algún amigo, conocido, infiltrado, o agente provocador, le dio un codazo a los miembros del jurado y les susurró: “ey, miraos este manuscrito con interés”?

Buscar el dinero, buscar los flases, la publicidad, ¿por qué no? O mejor dicho ¿por qué no él?

No sé si el malhumor es porque no me pueden importar las decisiones que toman Javier Calvo, o perico de los palotes, pero me importa cómo decide contar por qué las tomó.

Me molesta que se trate a los lectores como los padres recién separados a sus hijos pequeños: no va a cambiar nada, os vamos a seguir queriendo igual.

Me molesta que me vendan como underground lo que no lo es ni por asomo.
Pero lo verdaderamente molesto es que se hable tanto de posiciones, formatos, soportes, jerarquías y tan nada de contenidos.
Porque el fondo del asunto es, probablemente, que en un sector en transformación, como lo está todo, lo importante de los cambios que se producen hoy es el perfil de escritor y de editorial que va a sobrevivir. O que va a consolidarse. Si nos encontramos en el periodo del “sálvese quien pueda”, lo emocional está reducido al propio estómago. (Y la literatura continúa, pero en otra parte. Va a haber que seguir la pista solo a las pequeñas editoriales.)

Quizá lo relevante sea explicar cómo hemos llegado al sálvese quien pueda, aunque a los que desde el principio nos movemos fuera de todos los circuitos del mainstream ya solo nos interesa verificar que el mecanismo de la “fatalidad fatal” es inexorable y que van a pringar quienes desde el principio está previsto que lo hagan.

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