El “saqueo” de Rafael Chirbes en Crematorio a “autores escondidos”

Playas de La Malvarrosa, Valencia

El hecho de no leer siguiendo rigurosamente las novedades, así como la costumbre de leer en función de unos intereses propios que no vienen dictados por los suplementos, explica que novelas que han tenido repercusión y hayan sido incluso premiadas, o hasta se hayan adaptado a la televisión, me pasen por alto durante mucho tiempo. Eso es lo que sucedió con Crematorio, que  Anagrama publicó en 2007 y de la que tenía un ejemplar en casa desde entonces. En el último mes, con idea de hacerme un panorama más amplio de autores españoles, empecé a leer la hasta ahora última novela del valenciano Rafael Chirbes. No me interesó mucho el primer capítulo, pero al llegar al tercero, ya en la página 77, empecé a tener la sensación de que lo que leía me “sonaba”.

Dado que la mujer, Silvia, rememora su relación con Matías, que acaba de fallecer, con su amante, con sus hijos y, especialmente, con el paisaje de su infancia, me planteé si no había un cierto estilo estereotipado en el que cualquier autor incurre para evocar la mentalidad femenina. Sin embargo, según avanzaba la lectura, todo me sonaba demasiado a un texto que conozco muy bien. Y fui anotando y subrayando las similitudes con el texto que a mi oído y a mi memoria le recordaban este Crematorio.

En cierto momento, cuando ya no daba crédito al hecho de que Chirbes, que habla de corrupción urbanística  y moral en la Valencia de las últimas décadas, se refiriera a Camus en los términos en que lo hace, no me creía que interpolase escenas cinematográficas e introdujera comentarios sobre actores del cine clásico, ni que intercalara esa otra escena donde uno de los personajes rememora cómo sorprendió a tal otro de espaldas, en una habitación, y que, no habiendo compartido con nadie esa imagen secreta, se declarara “propietario de su recuerdo”, o a que tal otro alardeara de su riqueza y de su buena situación oponiéndola a la de otros que sin duda se la envidian; cuando un personaje resulta que está preparando una biografía, aquí sobre un escritor borracho; cuando la madre impedida resulta que también tiene la mano muy larga y arrea a quien tiene cerca –aquí, a una chica que la cuida–; cuando esa mujer resulta que antes estuvo “tan pendiente” de su apariencia; cuando vi que toda la novela va llena de alusiones de alta cultura y de digresiones abstractas sobre literatura y la vida, en un registro del todo nuevo en Chirbes, y después de tantas otras coincidencias que hacían que el texto me “sonara”, me dije: “no sacará además a Pasolini”.
Pero también aparece Pasolini. Áquí, “el ángel pasoliniano”, en referencia a Teorema.

De modo que leí con la conciencia de estar leyendo al menos dos novelas, la titulada Crematorio, y la otra (u otras) que lleva dentro y cuyo/s título/s no cita. En el capítulo de “Agradecimientos” el propio Chirbes corrobora mi intuición al escribir lo siguiente, no sin algún cinismo al mencionar a autores sobradamente conocidos y dejar en la oscuridad a los que no lo son aunque, está claro, le hayan proporcionado gran parte de la sustancia, si no inspiración parcial, de su novela.

Más que en ninguna otra de mis novelas, los personajes de Crematorio repiten palabras o reproducen ideas extraídas de textos literarios, artículos periodísticos y películas que he ido leyendo y viendo durante estos últimos cuatro o cinco años. A la mayoría de los autores saqueados (digámoslo así), incluida la Biblia, se los homenajea en el libro, citándolos con cualquier excusa. A la vista está. Pero hay otros muchos que no han encontrado su lugar, bien porque la narración, que impone su disciplina, no me ha permitido hacerlos salir a escena, bien porque, siendo como soy despistado y trabajando sin archivos, con notas guardadas en papelitos, cuadernos y recortes de periódico, a estas alturas ni siquiera recuerdo muchos de los textos de los que me he servido al escribir. A esos involuntariamente marginados les pido disculpas y les brindo mi más sincera gratitud. Entre los que sí recuerdo, me vienen a la cabeza nombres como  los de Joseph Roth, Elias Canetti, Hermann Broch, Mario Vargas Llosa, Carlos Marzal, Luis G. Martín, Luis Garcia Montero, Rafael Solaz o el director de cine Martin Scorsese. De todos ellos he cogido frases o ideas. Pero ya digo que hay otros muchos autores escondidos entre las páginas de este crematorio. Que el libro sea también un homenaje a ellos“.

Y con esta última frase, Chirbes se lava las manos sobre su responsabilidad en el uso de textos ajenos, un uso que constituye una forma muy personal de intertextualidad y de olvido selectivo.

Esperamos con ansia su próxima novela, deseando que el ya veterano novelista no pierda memoria a pasos agigantados, o que al menos –al margen de si, como supongo, cambia de editorial– le quede suficiente para citar con su nombre y apellidos a esos autores que en Crematorio se han perdido entre sus 415 páginas. 

Me gustaría saber en cuántas novelas española de la última década hay una “Menchu” o una “Menchus”: yo diría que en ninguna. A veces, los autores que practican la intertextualidad dejan indicios como si desearan ser descubiertos.

3 comments

  1. plared · abril 20, 2012

    La novela no la he leído, pero la serie que paso el plus hace un tiempo. Magnifica, con una producción nunca antes vista por aqui. Digamos que un rara avis en el panorama de las series en este pais. SAludos

    • Liu · abril 20, 2012

      Hola, una cosa no quita la otra. No he visto la serie, aunque oí hablar de ella. Y un escritor “en panne” puede encontrar inspiración en textos que no son suyos y lograr un buen producto. A mí Crematorio no me ha gustado porque no he podido dejar de ver la/s novela/s que hay debajo, pero no he dejado de ver que tiene páginas magníficas.

  2. Pingback: Marta Sanz, esa escritora tan profesional, esa chica tan lista o de la Apropiación de recursos (estilísticos) ajenos | DE LA HABANA HA VENIDO UN BARCO CARGADO DE…

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