Y en ese momento dejé de leer la entrevista a Vargas Llosa… sobre los “impostores” Lacan y Derrida


UUUF, otra vez me vilipendian para dárselas de leídos, dice Lacan

Alan Sokal con cara de “soy de ciencias”

Ayer leía la entrevista que en El Cultural Nuria  Azancot le hacía a Vargas Llosa para que se explayara sobre su nuevo libro, que lleva el impactante y originalísimo título de “La civilización del espectáculo”, donde el veterano escritor critica el estado actual de la cultura (y de la cocina, y de la gastronomía, y de las pasarelas, y de la civilización en general, temas que ya abordó, y con tanta gracia Roland Barthes en sus famosas Mythologies, sin necesidad de invocar el Apocalipsis) . Me pareció que decía lo que llevan diciendo desde hace años escritores y críticos de todo pelaje, de modo que transitaba yo por los párrafos con la placidez del que se mueve por terreno conocido. Hasta que llegué  a las líneas en que se despacha contra los “impostores”.

Afirma Vargas Llosa:
«…lo verdadero se confunde con los fraudes, y hay, hemos sufrido, a demasiados impostores. [obsérvese que ese “hay” o es un “ay” o es un “ahí”… ergo, van faltando correctores de estilo].
–¿Como quiénes? [pregunta ladinamente N. Azancot.]
–Como Jacques Lacan o Derrida, por ejemplo, figuras que en parte son míticas en la crítica literaria y que en parte son también verdaderos fraudes intelectuales, porque acabaron cayendo en un oscurantismo detrás del cual no había complejidad alguna ni profundidad del pensamiento, sino sólo vacío, y un vacío destructor.»

En ese momento ya no pude continuar leyendo.
Siempre me ha hecho gracia encontrar esta expresión en blogs, que suele parecerme exagerada (suelen faltar cuatro líneas para el final), graciosamente infantil, pero es lo que ocurrió, que ya no pude continuar leyendo  lo que opinaba Vargas Llosa sobre la cultura actual ni sobre nada.

Y fue porque, ya lo he comentado en otro post, no hace mucho caí sobre dos interesantes artículos que exploraban la figura de Severo Sarduy -que parece ser el ancestro literario de Reynaldo Arenas, en la misma medida que Arenas lo es de Pedro Lemebel, detalle que puede interesar a algún estudiante de cultura “queer”-. Los dos artículos abundan en el vínculo con la teoría lacaniana de Sarduy. El más logrado e interesante para todo profano –profano de Sarduy y profano de la teoría de Lacan– es el de Rubén GalloThe Portrayal of French Psychoanalysis in Cobra and La simulación“. El sr. Gallo es docente de la univ. de Princeton, donde parece que impartía clases Vargas Llosa. Lo interesante del artículo no es el lado, pintoresco solo para cantamañanas, erudito en una literatura de travesti sino cómo Gallo desmonta sin aspavientos la famosa crítica que hiciera el científico Alan Sokal al estructuralismo francés y a sus popes en Imposturas intelectuales, críticas que tuvieron gran difusión. Probablemente sea éste también el origen de las críticas que el nobel hace a Derrida y a Lacan. No me voy a presentar como experta en el tema, pero siempre me llamó la atención con qué facilidad los norteamericanos conseguían traducir a su nivel más rudimentario las teorías francesas, incluido el psicoanálisis, y cómo se tiende a malentender fórmulas que encierran una cierta guasa, algo en lo que ya hizo hincapié E. Roudinesco.

Reproduzco el párrafo en que Rubén Gallo desmonta a Sokal como quien no quiere la cosa y le atiza una bofetada a distancia al superheredero de Lacan, Miller, por papista:

«Inspired by Lacan’s play with square roots, Sarduy invented the characters of √Cobra and √de Señora: there characters are shrunk versions of Cobra and La Señora, and he thus describes them as square roots of the original women. Later in the novel, in the chapter ‘‘A Dios dedico este mambo,’’ we find an even more outrageous equation: ‘‘Sra. + Cobra (+ / -) Pup = 3/2’’ (85). If Lacan computed the square root of psychoanalytic concepts, Sarduy applied the same operation to his characters. Both writers play with the defamiliarizing effects produced by inserting a highly technical mathematical notation into a literary or psychoanalytic text. Sarduy’s play with Lacanian schemas is not entirely at odds with Lacan’s sensibility.

Lacan had a sense of humor about his own obsession with mathematical figures, as we saw in his gloss to the outrageous schema of psychotic subjectivity presented in Schema I. Some of his schemas, functions, and even terms were visual puns designed to make his audience laugh. To represent castration, for instance, the master chose the expression ‘‘φ’’ a notation which despite its highly technical appearance, is simply a minus sign followed by a visual depiction of a male organ—a graphic illustration of the subtraction of a penis (Four Fundamental Concepts 89). Unfortunately most of Lacan’s disciples—including his intellectual and legal heir, Jacques-Alain Miller—did not inherit his mischievous sense of humor, and many of them have advanced a rather humorless reading of Lacanian schemas and texts— a procedure that flattens them out and strips them of all the subversive humor with which the analyst invested them.4 Roudinesco has argued that this tendency, combined with an ever-increasing reverence towards the figure of the master, has culminated in ‘‘the transformation of Lacanian discourse into a miracle box for messianic sects’’ (439).
In contrast to the solemnity with which Miller and others read the seminars, Sarduy’s Cobra stages a reading of Lacan’s schemas that is most Lacanian in spirit. If the analyst took mathematical figures out of their original scientific context and mischievously inserted them into his own texts—to the horror of some scientists who accused him of violating the rules of mathematical operations (Sokal 25–39)5—, Sarduy prolongs the game by taking Lacan’s schemas out of context and incorporating them into his novels. His is a perfect recreation of Lacan’s working process, and the analyst probably would have enjoyed Sarduy’s literary games.»

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4 comments

  1. p. · abril 14, 2012

    Hola, Liu,

    No me parece que Gallo “desmonte” a Sokal, como afirmas; entiendo que Gallo se limita a colocar a Lacan en el burladero del sentido del humor para blindarlo frente a cualquier objeción de su uso pretendidamente juguetón (aunque, en mi opinión, y he leído a Lacan, preñado de pretensiones teórico-epatantes) del lenguaje de la topología. No es que yo sea un fan de Sokal y Bricmont (y menos aún de Vargas Llosa), pero bueno, considero que en esta escueta cita de ‘Imposturas intelectuales’ queda clara la saludable intención de la operación ‘Social text’ (1996) que dio origen al libro antecitado: “Lejos de intentar inhibir la interacción entre las ciencias físico-matemáticas y las ciencias humanas, nuestro objetivo es hacer hincapié en algunas condiciones previas indispensables para instaurar un auténtico diálogo” (Imposturas intelectuales, p. 203). Por otra parte, Sokal y Bricmont no pretendieron discutir el postestructuralismo in toto ni “demostrar” que Derrida, Kristeva o Lacan, entre otros, eran fraudes intelectuales, siendo así que admitían desde el principio lo siguiente: “Somos perfectamente conscientes de que sus “intervenciones” [de los autores criticados] en las ciencias naturales no constituyen el núcleo esencial de sus trabajos” (Ibíd., p. 25)

    Estoy muy de acuerdo con lo que comentas sobre la facilidad con que los norteamericanos tradujeron “a su nivel más rudimentario” las teorías francesas. Me parece, no obstante, que esta es una historia muy compleja en la que también hay que tener muy en cuenta la “perversión” norteamericana del materialismo cultural inaugurado por la Escuela de Birmingham (Raymond Williams et. al.).

    Por último, una pregunta (o una curiosidad): hace poco leí una entrevista a William Gibson (autor, por cierto, en las antípodas del Vargas Llosa) en la que se expedía en estos términos al ser preguntado por la crisis financiera actual: “Podría decirse que es la primera crisis posmoderna, ya que los instrumentos financieros parecen brutalmente posmodernos en sus raíces evidentes. ¡El pensamiento de quienes los crearon se asemeja más que ninguna otra cosa a la teoría literaria postestructuralista!” ¿Qué opinas?

    Gracias, saludos y disculpa la extensión de mi comentario.

    • Liu · abril 14, 2012

      Opino que, por supuesto, la culpa de todos los problemas la tienen Lacan, Kristeva y Philippe Sollers.

  2. p. · abril 14, 2012

    Vaya, boutade contra boutade (más irónica la tuya que la de Gibson, eso es cierto). La culpa la tiene el pensamiento que con tanto ardor ha defendido Vargas Llosa (imagino que en eso estamos de acuerdo)
    Saludos.

    • Liu · abril 14, 2012

      Bueno, en mi periodo más profundamente depresivo creía tener la culpa de todo, incluido el asesinato de Miguel Ángel Blanco, aun cuando todo el mundo sabía que había sido la ETA, pero ahora que estoy trabajando mi autoestima creo que todo el mundo tiene la culpa menos yo. Y por supuesto, también Vargas Llosa tiene la culpa de la crisis, cultural y económica, se ajusta bien al esquema de Gibson de confundirlo todo con todo.

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