Ramón Masats, Ferdinando Scianna, Leonardo Sciascia, John Dos Passos, retratos de la vieja España

foto de Ramón Masats, Tomelloso (España)

Como una fotografía lleva a otra, estuve  hojeando el libro que Lunwerg –cuando Lunwerg era Lunwerg y no una marca más del Grupo Planeta– le publicó a RAMÓN MASATS en 1999.  Una antología preciosa, de las que dejan a un fotógrafo de largo recorrido con la impresión de haber hecho “algo”.  Uno de los lamentos recurrentes de los fotógrafos “artísticos” –los que no publican en prensa, según la esquemática división habitual– es que sin catálogo de exposición no queda legado.

El volumen reúne varias series de reportajes realizados a lo largo de décadas, desde la España de la posguerra, tierra de toros y hambre, de labores campesinas y fiestas populares, a las series en color, formalmente atrevidas,  jugando a la abstracción (por más que en el prólogo un colega suyo afirme que Masats es el fotorreportero puro). Me gustan sobre todo los retratos  –Franco versus Buñuel–, y la serie del boxeo que sirvió para ilustrar los cuentos de I. Aldecoa.  Del positivado se ocupó Juan Manuel Castro Prieto, un lujo.

La introducción la firma Caballero Bonald, con perspicaces observaciones sobre el deambular del cazador de imágenes,  con las que me he sentido identificada

Leonardo Sciascia con su esposa, Maria Andronico

Luego, en la onda italiana,  porque Ferdinando Scianna es inimitable, la combinación de sus sensuales retratos de moda –quizá uno de los primeros que no imita a Klein, aunque también era  fotógrafo de reportaje antes de cambiar el concepto de las maniquíes — con las  estampas irónicas de la España de los años sesenta y setenta. Toda una antropología: tiene todo de lo que carece el serial de tv Cuéntame. El largo texto de acompañamiento es del siciliano Leonardo Sciascia, y de pronto el autor recuerda el Papa del Palmar de Troya ,  el papa ciego Clemente, que es la quintaesencia esperpéntica del sur de España en la época. La superstición loca de remate como rebeldía social. Nada menos. Que más tarde, el papa apócrifo que canonizó a Franco, a Cristóbal Colón y a  Primo de Rivera pudiera inscribirse  en el registro de asociaciones religiosas completa el perfil. El perfil de España, diría Sciascia probablemente.

 Foto de Ferdinando Scianna

 Los libros de fotografía, sobre todo si se trata de fotógrafos favoritos, son de picoteo.  El de Dos Passos, Años memorables, en  Seix Barral, se devora. Si antes se  ha leído a Edmund WilsonObra Selecta, en Lumen–, me refiero a la correspondencia que mantuvo con el autor de Paralelo 42, donde Wilson lo reprende casi de continuo, la mejor sorpresa es descubrir el carácter del joven Dos Passos, que parece en esos años memorables de su enrolamiento en la primera  guerra mundial la encarnación del tópico norteamericano de clase alta y excelente educación, jovial, saludable, extrovertido y con don de gentes. Todavía resulta más llamativo el contenido de sus memorias –se diría que, para ser realmente feliz, todo lo que debía hacer un muchacho de 20 años,  estudiante de Harvard y aficionado al arte, era alistarse en el ejército, ya fuera como soldado raso, y gozar de la fascinante sensación de poder palmarla en cualquier momento  por poco que a los boches  se les cayese un obús en el radio de (in)acción norteamericano– si se lo compara con el arrogante, exquisito, inquietante Ernst Jünger de Tempestades de acero.

Un Dos Passos maduro en compañía de, entre otros,  Hemingway

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