Estoy investigando a Mario Conde

Un cuento chino

¿Qué puede investigar un detective en La Habana si, como aseguran las voces oficiales y los taxistas, uno puede pasear por sus calles, incluso a altas horas de la madrugada, sin peligro? ¿Qué puede investigar si, como aseguran los medios disidentes, nadie puede dar un paso sin que los chivatos de cada barrio informen a la policía? En ‘La cola de la serpiente’, la última novela publicada de la serie del detective Mario Conde, se trata del asesinato de un chino, “un crimen casi diría que exótico, aderezado con ingredientes de difícil conjunción. Dos flechas rayadas con el filo de una navaja sobre la piel del pecho y un dedo cortado”.

Se trata de un relato largo, más que de una novela, pero es una entrada interesante al mundo de Conde, policía sin vocación, noblote y en permanente sequía amorosa, de unos treinta y tantos años cuando arranca la serie y cuarenta y largos en las últimas, melancólico y recordador, que quería ser escritor cuando estudiaba el Pre y que termina dedicado a la compraventa de libros raros. En ‘La cola de la serpiente’ hace una incursión en el Barrio Chino habanero, en plena decadencia, cuando su colega Patricia Wong, una mulata oriental, por supuesto que despampanante, lo convoca de parte de su padre para resolver el asesinato “demasiado oriental y rebuscado”. Como siempre en las novelas de la serie, la historia cubana aflora con personajes del pasado, bien de la emigración china a la isla, bien de la época de Batista o  los primeros años del castrismo. Lo amargo de un presente en descomposición y un futuro que se vislumbra incierto, más una buena carga de crítica política, se compensan con los banquetes que urde Josefina, madre de su amigo el Flaco, inválido tras la guerra de Angola, y con algún que otro festín sexual, que Padura describe con detalle y sin metáforas.

La serie de Mario Conde maneja ingredientes para una novela de consumo rápido, pero en sus mejores títulos –‘Máscaras’, ‘Futuro Perfecto’, ‘Vientos de cuaresma’, ‘La neblina del ayer’- recrea la historia reciente de Cuba y convoca a sus grandes escritores –de Lezama a Virgilio Piñera, Reynaldo Arenas, Eliseo Diego o el mismo Hemingway-, lo que explica el éxito y los premios que ha merecido Padura.

Después de los detectives de mandíbula cuadrada norteamericanos, despierta mi curiosidad este Mario Conde, detective treintañero que ejerce en La Habana, al que imagino con las facciones de su autor, Leonardo Padura.

La cola de la serpiente, de  Leonardo Padura
Tusquets, 192 páginas Tusquets 192 páginas
 © por María José Furió
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